Hacía frío. A pesar de ser pleno verano hacía frío. Aún no había amanecido, pero el horizonte comenzaba a colorearse de rosa pálido y el sol no tardaría en hacer acto de presencia. Me pregunté si no sería mejor que el mundo quedase en la penumbra, para no ver en lo que se había convertido. Sacudí la cabeza para librarme de aquellos pensamientos pesimistas y me acerqué al capó del coche, donde el motor aún caliente me ofreció un poco de consuelo. Gema se movió nerviosa junto a mi observando la gasolinera abandonada con los prismáticos. El paisaje era desolador. Había muchos vehículos abandonados y desde donde estábamos podía ver las manchas de sangre y los restos de cadáveres sin necesidad de las lentes. Agradecí que la brisa soplara en dirección contraria para no tener que oler aquello.
-Ni un alma.
-Que no los veamos no significa que no estén ahí.-respondí. Yo ya había pagado mi ingenuidad con un mordisco en el hombro, así que sabía bien de qué hablaba.
-Tenemos dos opciones, jugárnosla aquí en la gasolinera, o tratar de continuar hasta otra... que no sabemos si estará igual o peor. Sea como sea tenemos que repostar. No llegaremos a Azuqueca con la gasolina que nos queda. -Su expresión era sombría. El cansancio, mas el mental que el físico, comenzaba a mostrarse en su rostro. La miré por un instante, apenas una cría, delgada y espigada. El uniforme comenzaba a quedarle grande y holgado. Puse una mano en su hombro.
-Vamos a conseguirlo. Llegaremos hasta Azuqueca, recogeremos a Helena y...
-¿Y luego qué? ¿Y si ya no está allí? ¿Y si no está viva? - me interrumpió enfadada. Bajé la cabeza y suspiré. - ¿No has pensado en el plan mas allá de encontrar a Helena?
-¡No, maldita sea! -grité- He pensado únicamente en permanecer vivo, en recoger a todos los supervivientes que pueda y mantenerlos vivos y a salvo. Ese es mi plan maestro... ¿Te sirve? - escupí la última pregunta con lágrimas en los ojos. La expresión de Gema se dulcificó un instante.
-Me vale, José, me vale... perdona... - nos abrazamos en silencio un momento y Gema se derrumbó y lloró amargamente durante un rato. Yo la abracé y la susurré para calmarla. Allí en aquella carretera perdida rodeados de coches abandonados éramos dos náufragos en una tempestad de muerte tratando de aferrarnos a lo único que nos daba un poco de esperanza, la presencia de otro ser humano. Cuando se tranquilizó se separó de mí con un pequeño empujón, destinado sin duda a recomponer su pose de chica dura, y se enjugó las lágrimas. - ¿Vamos a por esa gasolina o qué?
-Vamos... pero hay un problema.
-¿Cual?- preguntó mientras ajustaba las correas del fusil y comprobaba la munición.
-Las bombas de los surtidores son eléctricas, así que no funcionarán. Los tanques suelen estar cerrados con llave y tener bastante profundidad. No creo que podamos forzar la cerradura y sin una bomba, sacar gasolina de ellos sería demasiado complicado...
-¿Entonces? ¿Es imposible repostar aquí?... -preguntó con desesperación en la voz.
-No he dicho eso. -Señalé un gran camión cisterna atravesado en la salida de la gasolinera. - Los depósitos de esos bichos son muy grandes. Si el conductor no murió con el motor en marcha debería quedarle algo de combustible.
-Tal vez podríamos probar con varios coches...
-Si, pero cuanto mas tiempo estemos allí mas probabilidad hay de que aparezca una de esas cosas y de que resultemos heridos. Tiene que ser una operación rápida...
-Veo que empiezas a pensar con la cabeza...-se rió. -Vale, yo miraré en el camión y...
-No... iré yo. -Gema pareció sorprenderse de que yo tomara la iniciativa. De alguna manera yo también. Carraspeé para aclararme la garganta.- Hay varias razones...
-Te escucho, Rambo.
-Gema... yo puedo cargar mejor con la garrafa de combustible...
-Eso lo dudo...
-No es momento de discutirlo... que carajo... yo soy inmune y tú no. Punto.-Su expresión cambió de repente.
-Pero pueden herirte igual... -protestó.
-Por eso tú me cubrirás desde el coche. Confío en ti.
Me miró con ojos de perrito. Sabía que ella buscaba un argumento con el que rebatirme y yo ya tenía varios en la cabeza. No la dí tiempo a encontrarlos y abrí con rapidez la caja de herramientas del coche. Cogí una cizalla, un par de destornilladores grandes, una garrafa de agua vacía que había tras el asiento y una navaja. También encontré un trozo de tubo de goma elástico. Soplé a través para comprobar que no estuviera obstruido y pensé que serviría para sacar la gasolina.Cuando me giré Gema me dio una pistola.
-Llévate esto.
-No tengo buena puntería...-suspiré resignado.
-No admito una negativa. O la coges, o no vas a ninguna parte. -Su voz volvía a ser firme. De nuevo era el soldado, y no la mujer, quien hablaba. Cogí la pistola y la afiancé en la parte de atrás del pantalón. Me giré para despedirme.- Ten cuidado...
-Lo tendré... -respiré hondo y me dirigí a paso rápido hacia el camión.
Rodeé todos los coches a suficiente distancia, tratando de no pasar cerca de ninguna esquina o hueco oscuro donde pudiera acecharme el peligro. Cuando llegué al camión miré en todas direcciones antes de buscar la tapa del depósito. El olor era nauseabundo y me dieron arcadas. Si hubiera tenido algo en el estómago lo hubiera vomitado. Conseguí reponerme y me abalancé sobre la tapa del depósito del camión. Me costó casi un minuto de intensa lucha forzarla con el destornillador. Cuando lo conseguí metí el tubo de goma tan profundo como pude y aspiré con ganas. El sabor a la gasolina me inundó la boca y las fosas nasales de pronto. Escupí el líquido tosiendo asqueado y rápidamente puse la garrafa en el extremo del tubo. Mientras se llenaba observé algo por el rabillo del ojo y noté como se me erizaba el vello de los brazos. Mis oídos captaron en ya familiar sonido de unos pies arrastrándose. Desde detrás de un coche apareció uno de aquellos cadáveres, vestido con un mono azul ensangrentado. Le faltaba parte del maxilar y tenía abrasiones y heridas por todas partes. Pensé en Gema y esperé escuchar un disparo y ver a la cosa caer.
Pero no sucedió. Aquel instante se me hizo agónico, giré la cabeza tratando de averiguar por qué Gema no había disparado ya al zombie y me dí cuenta de que varios coches bloqueaban la línea de tiro. Desde mi posición no podía ver el todo terreno ni a Gema. Por supuesto, ella tampoco podía ver a aquel ser que se acercaba con los brazos extendidos hacia mí dispuesto a acabar con mi vida. No tuve demasiado tiempo para pensar. Esta vez no iba a echarme atrás, no podíamos permitírnoslo. Sujeté las cizallas con ambas manos y con un rápido impulso golpeé en la cabeza de aquel desgraciado con todas mis fuerzas. Sonó un crujido y se desplomó como una muñeca de trapo en el suelo. Me enjugué el sudor y me giré rápidamente para recoger la garrafa. Al hacerlo me encontré de frente con otra de aquellas cosas. Una mujer mayor cubierta de sangre coagulada y casi completamente desnuda. La impresión me hizo dar un respingo y retroceder. Estuve a punto de caer al suelo enredado en el cuerpo del otro. Mantuve el equilibrio a duras penas mientras manoteaba para librarme de las manos huesudas del muerto viviente. Levanté la cizalla con la izquierda tratando de golpearla con fuerza en la sien cuando sonó un disparo y la cabeza de aquel ser reventó como un melón arrojado al suelo. Cayó de rodillas y después al suelo junto a mi. Un icor negro denso y maloliente brotaba a borbotones de aquella cabeza literalmente reventada.
No me paré a pensarlo dos veces, cogí la garrafa y corrí de vuelta a toda prisa hacia el todo terreno tratando de hacerlo por una zona donde Gema pudiera verme. La localicé subida de pie sobre el techo del coche, desde allí había disparado. Me hizo gestos para que me apresurara y por el terror que pude ver en su rostro supe que varios de aquellos seres iban tras de mi. Llegué junto al coche y lancé la cizalla, la garrafa y las herramientas a la parte de atrás del coche. Gema hizo dos disparos más que restallaron en aquel páramo. Saltó al capó, de ahí hábilmente al suelo y se metió en el asiento del copiloto justo cuando yo arrancaba el motor y metía la primera marcha.
El motor rugió y pisando fuerte el acelerador esquivé la horda de muertos vivientes que se habían congregado junto a nosotros. Habría casi una veintena de ellos, con la ropa hecha jirones y cubiertos de heridas y sangre. Habían aparecido casi de la nada, ocultos tras los coches, o junto al edificio principal de la gasolinera. Si hubiera tardado un poco mas en conseguir la gasolina no habría podido regresar al coche.
-Pararé dentro de un par de kilómetros y repostaremos... -Ella asintió mientras veíamos por el retrovisor hacerse pequeña en la distancia la multitud. -Hemos tenido mucha suerte...
-¿Por qué no has usado la pistola?
-Tenía las cizallas en la mano, no se... no se me ha ocurrido. No estoy acostumbrado a ir armado.
-Lo has hecho muy bien.- Se acercó y me besó la mejilla, o mas bien besó la barba espesa que ya cubría mi rostro. Yo sonreí un poco y seguí conduciendo. Un poco a mas adelante un desvío nos sacaba de aquella carretera y nos indiciaba la autopista.
-No salgas a la autopista, no es buena idea. Las autopistas están colapsadas. - Dijo mientras reponía munición en el cargador del fusil. - Lo escuché en los últimos partes de noticias. Tendremos que dar un rodeo y seguir por carreteras secundarias.
-Y tener un poco mas de suerte para que no estén cortadas...