miércoles 10 de febrero de 2010

Capítulo 15

-No, no me dispares... -gimió alzando una mano en gesto de súplica. El hombre tenía la boca llena de sangre y le faltaban algunos dientes, que tras el último golpe, habían saltado hechos pedazos por el desordenado suelo de la habitación. Varios cadáveres yacían inertes con la mirada perdida sobre los restos del mobiliario, mudos testigos de la batalla que había terminado hacía escasos segundos. El cañón de la pistola apuntaba directamente a su cabeza. Gritó, y sus gritos se mezclaron con los de la criatura que estaba encerrada en la habitación de al lado y que trataba de derribar la puerta para llegar hasta su presa viva. La mano que sujetaba el arma tembló ligeramente pero continuó apuntando hacia la cabeza del hombre. Presa del pánico, el desdichado se orinó encima mientras suplicaba de manera ininteligible. El arma no se movió. El hombre que la empuñaba tenía una mirada inhumana y fría, llena de odio. Apretaba con fuerza la mandíbula, librando una terrible lucha interior. Si daba aquel último paso, si mataba a aquel hombre a sangre fría, no sería mejor que ellos. Se vió reflejado en los restos de un espejo de pared. No se reconoció. El hombre tras la pistola, el que estaba a punto de apretar el gatillo y acabar fríamente con la vida de otro hombre... era yo.

24 horas antes...

La sed me estaba matando, literalmente. Había empezado a deshidratarme y si no encontraba agua pronto perdería el sentido y moriría sin remedio. Llevaba caminando unos cuarenta minutos largos tras abandonar el coche en una cuneta, hacía demasiado ruido. A unos doscientos metros de la carretera me pareció ver una acequia de riego y tratando de no ofrecer demasiada silueta me acerqué hacia allí. Junto a la acequia crecía algo de vegetación que parecía fresca y verde. Aceleré pensando en la recompensa y cuando me encontraba tan solo a unos pasos escuché el ruido del agua corriente.


Me arrodillé junto al cauce y metí las manos en el agua fresca. Dudé por un momento acerca de beber. Si el agua no era potable o estaba contaminada posiblemente enfermaría, tendría diarrea y me deshidrataría aún mas rápido, lo que me llevaría a una muerte casi segura sin medicamentos a mi alcance. Por el contrario, si no bebía, moriría de sed en unas horas. Recordé el equipo militar que traía encima y revisé bien el petate que había hecho con todo lo que pude cargar del coche. Encontré unas pastillas potabilizadoras del ejército. Yo sabía que no eran 100% eficaces, pero era mejor que nada y no tenía tiempo de hervir el agua. Además, eso delataría mi posición. Cogí el cacillo metálico que acompaña a las cantimploras militares y tras enjuagarlo bien lo llené de agua, dejé dentro una pastilla y esperé.


Según el envoltorio debía esperar casi un cuarto de hora hasta que el agua fuese potable. Aquel cuarto de hora se me hizo eterno. Bajo un sol abrasador, sosteniendo en mis manos aquel cáliz de salvación sin poder beber pensé en lo absurdo de acabar así. Tenía que continuar. Me arranqué una manga de la camiseta y la empapé en agua para después ponérmela en la cabeza. Eso evitaría un golpe de calor y me mantendría un poco mas fresco. Cuando transcurrió el tiempo de seguridad bebí el cacillo a tragos pequeños, tratando de no atragantarme con el ansia. No sabía bien, pero era agua. Llené la cantimplora y metí otra pastilla. La cerré bien y volví a hacer el petate.


El sol estaba en su cenit cuando partí de nuevo caminando por la acequia, con el agua hasta los tobillos. La vegetación que crecía en los laterales me ofrecía algo de cobertura y si caminaba despacio apenas hacía ruido. Por lo que yo recordaba, la acequia corría paralela a la carretera durante muchos kilómetros, dando riego a muchas fincas, ahora abandonadas, a lo largo de la misma. La mayoría eran pequeños terrenos, con casetas, algunas veces pequeñas chabolas hechas de chapa y uralita, para guardar las herramientas y aperos.Se trataba de una zona agreste, en medio de tierra de nadie. Lo que explicaba la ausencia de zombies, que posiblemente se concentrasen cerca de las ciudades, donde había gente... al menos donde antes la hubo.


Avancé durante una media hora larga hasta que desde mi posicion, observé el cruce donde nos habían tendido la emboscada.  Me agazapé y saqué los prismáticos para ver la zona mas de cerca. Faltaba uno de los coches que habían formado la barricada, pero el otro, un familiar grande de color plata, permanecía donde yo lo recordaba. Un charco de sangre seca y lo que parecía una camisa ensangrentada eran los restos del tiroteo de la noche anterior. Me di cuenta de que aquello no me asqueaba. Me entristecí al pensar que una parte de mi, una parte de mi sensibilidad, de mi humanidad, habia quedado enterrada con Gema en aquel túmulo. No había ni rastro de los atacantes. Me acerqué hasta allí con una pequeña carrera. Restos de cristales, marcas de neumático, pisadas de al menos dos personas en un gran charco de sangre y marcas de haber arrastrado algo pesado a través de él. El rastro de sangre desaparecía junto a la cuneta. Donde habrían montado al herido en el vehículo que faltaba y se habrían marchado en dirección contraria.

Decidí seguir la carretera. La caminata se me hizo penosa Me descubrí hablando solo, murmurando acerca de lo que pensaba hacer con aquellos tipos cuando los atrapara. Eso sin duda no era buena señal. Pero la ausencia de Gema me había dejado sin nadie con quien hablar, solo, triste y bastante desanimado.

Sería media tarde cuando me percate de humo que salia de una casa a la derecha de la carretera.  No se trataba de otro cobertizo, ni de una chabola, aquello era una casa de piedra de dos plantas, rodeada de una valla de alambre cubierta de arizónicas. Oteando con los prismático descubrí una furgoneta, que había visto mejores años, aparcada junto a la entrada, una verja verde de dos hojas de la que colgaba una cadena gruesa con un candado roto. Avancé agazapado con el fusil preparado para disparar. Llegué hasta la puerta de la verja, crucé al otro lado y me agaché junto a la furgoneta. Había restos de sangre por todas partes. Me arrastré bajo la ventana del primer piso y con mucho cuidado me asomé tratando de no ser visto.

El interior estaba sucio y desordenado. En una mesa en medio de lo que antes debía ser un salón, había un hombre tendido, muerto. Una mano le colgaba languidamente y bajo ella se formaba un pequeño charco de sangre oscura. Alrededor había varios trapos sucios con los que habían tratado de cortar la hemorragia. Parecía que sin éxito. Latas de comida preparada, periódicos viejos y ropa sucia componían el paisaje de aquella habitación. Regresé a la furgoneta y con la navaja abrí la tapa del depósito. Me arranqué la otra manga de la camiseta e introduje parte de ella en el depósito. Saqué el mechero de un bolsillo y prendí fuego a la otra esquina. Por la velocidad con la que ardía la ropa, tenía un minuto. Rodeé la casa y me aposté en el otro lado, desde donde podía ver la puerta. Y esperé.

La explosión del depósito no fue espectacular como en las películas, pero si lo bastante como para reventar un par de cristales cercanos. De la casa, dos tipos cuarentones salieron a la carrera. Vestían monos azules de trabajo y camisas, su aspecto era bruto y descuidado. Uno de ellos llevaba una escopeta en la mano. No les dí tiempo a reaccionar. Disparé en su dirección a modo de advertencia mientras gritaba.

-¡Alto, cabrones!

El hombre soltó la escopeta y ambos pusieron las manos en alto. Avancé hasta donde estaban con cautela, quedándome a un par de metros de ellos.

-¡De rodillas! ¡Con las manos en la nuca! - Obedecieron sin pestañear. Como si ya conocieran el procedimiento. Me acerqué hasta menos de un metro y patee a uno de ellos para tirarlo al suelo. El otro se giró para protestar pero lo golpeé con la culata del fusil y cayó de cara escupiendo sangre. En aquel momento me quedé bloqueado. Los tenía, y ahora que los tenía no sabía que hacer con ellos. Entonces me pareció escuchar un ruido a mi espalda. No tuve tiempo de girarme. Sentí un gran dolor en la cabeza y todo quedó a oscuras.

4 mordiscos:

  1. esto esta genial,tengo tiempó siguiendo tu blog. saludos desde mexico y felicidades.atte. mike

    ResponderSuprimir
  2. dejarlo así hasta verano mínimo es cruel, mamón

    ResponderSuprimir
  3. UOOOH!Impactante, pero no tardes mucho en seguirlo!! que nos ha dejado asi O_o

    Besos!

    ResponderSuprimir
  4. Joder, k fuerte, como siempre nos dejas en lo mejor, sigue asi,XD.

    ResponderSuprimir

Mándanos un "mordisco" con tu opinión. Por favor se respetuoso con los demás lectores. Cualquier comentario con contenido no apropiado será borrado sin previo aviso.