<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353</id><updated>2011-12-15T08:50:02.136+01:00</updated><category term='relato'/><category term='capitulos'/><category term='solidario'/><category term='noticias'/><title type='text'>Z Survivor</title><subtitle type='html'>Z-Survivor es un relato ficticio acerca del fin del mundo como lo conocemos. A través de los ojos de su protagonista, podremos ver en primera persona el alzamiento de los muertos vivientes y la lucha por supervivencia de la humanidad.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>27</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-245250727658430617</id><published>2011-12-14T15:25:00.003+01:00</published><updated>2011-12-14T15:25:42.176+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>Capítulo 23</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El aire en la caja del camión era sofocante y el hedor a fruta podría persistía en el ambiente a pesar de que habíamos arrojado fuera toda la mercancía. Natalia dormitaba en brazos de Sara. Su madre, Laura, lloraba abrazada a sus propias rodillas en una esquina. Julian se mesaba la barba nervioso y negaba con la cabeza, deshecho anímicamente. La mortecina luz de una linterna alargaba las sombras dando un aspecto fantasmal a la escena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hagámoslo fuera. -Dijo con voz entrecortada Juan de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julian me miró y yo asentí. Se acercó a la puerta y trasteó con el destornillador para abrir el pestillo. Con un chasquido la puerta se abrió y la brisa nocturna inundó el compartimento. Salté a tierra y mis ojos tardaron unos instantes en adaptarse a la oscuridad. No percibí movimiento alguno entre los coches ni en la distancia. Busque la silla de ruedas ensangrentada y la puse de pie. Julián me ayudó a bajar a Juan de Dios, que ya respiraba de forma acelarada, y a sentarlo en la silla. Hizo amago de bajar del camión y negué con la cabeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No... coge el fusil y monta guardia aquí. No hay que dejarlas solas. -Asintió con un "Si" mudo y entrecerró la puerta del camión. Yo empujé la silla hasta el borde la carretera y después, saliendo del arcén, por una pequeña cuesta de tierra no demasiado empinada, hasta un campo seco y lleno de maleza. Empujar la silla por aquel suelo era difícil y constantemente nos quedábamos atorados. Por mi mente cruzó la idea de que mi regreso no sería así. Volvería solo. Y me sentí enormemente desgraciado. Un poco más adelante había una colina con algunos árboles. Juan de Dios pareció leer mi pensamiento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Allí, junto a los árboles... -Cada vez le costaba más hablar. Tenía mucha fiebre y los ojos enrojecidos por los derrames. El vendaje improvisado que cubría su brazo derecho, donde le habían mordido, estaba sucio y supuraba una sustancia negruzca y maloliente. Ya era uno de ellos. Los dos sabíamos lo que había que hacer. Tras un esfuerzo que me pareció titánico llegamos a la pequeña colina y allí me senté en el suelo, en la fría tierra, junto a él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto es una putada... - dije tratando de contener las lágrimas. Él simplemente me sonrió y me puso la mano sobre el hombro. Pasaron los minutos en silencio. Dos amigos contemplando la luna en un páramo perdido, sin otra que hacer más que esperar la muerte. Aquello me resultó patético. De pronto Juan de Dios comenzó a convulsionar. Me arrojé sobre la silla y lo sujeté como pude. El ataque, de apenas unos segundos, duró horas en mi mente mientras esperaba el fin en cualquier momento. Con la misma rapidez que había empezado el brote cesó, Juan de Dios se relajó y supe entonces que era la hora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuida de esa gente... eres... buena persona... Si ves a mi mujer... dile... que la perdono... -Fueron sus últimas palabras. Su respiración se apagó, sus ojos se cerraron y la cabeza cayó inerte a un lado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogí la pistola de la parte de atrás de mi cinturón y la puse sobre su frente. La mano tembló sólo unos instantes, mientras encontraba en mi interior la fuerza y convicción necesarias para hacer lo que debía hacerse. ¿Por qué yo? ¿Por qué debía enterrar a otro amigo en una oscura cuneta? No tenía tiempo para hacerme muchas preguntas. Juan de Dios regresaría como no muerto en unos instantes y yo le había prometido que no permitiría que eso sucediese. Me quité las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Adios, amigo. -Murmuré. Y entonces apreté el gatillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas horas antes las cosas no parecían ir tan mal... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me interné por la puerta de servicio del club tras David, maldiciendo y maldiciéndole por estúpido, no sabíamos si había alguna de esas cosas dentro. Atravesé un pasillo angosto y sucio, dejé atrás una puerta cerrada con candado y entré en una cocina sucia y poco iluminada. Los cacharros estaban por el suelo y la sangre seca por todas partes indicaban que en el lugar había tenido lugar una pelea encarnizada. Mala señal, muy mala. Apenas podía ver en la penumbra del lugar y el olor a putrefacción era insoportable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mano me palpó el hombro y estuve a punto de descerrajar un disparo de fusil cuando me percaté que era Rubén, me tendió una pequeña linterna, antigua, de pila de petaca. Tardé un par de segundos en encenderla e iluminar la escena, estaba peor de lo que creía. Había mucha sangre y restos que no sabía decir si eran humanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Empiezo a arrepentirme de haber entrado aquí... -Murmuré. Y Rubén asintió. No había rastro de David en la cocina, así que avancé con cuidado por el resbaladizo suelo hasta una puerta doble al fondo de la cocina. De pronto un estruendo de cacharros tras de mí me hizo girar tenso como una cuerda de guitarra, el grupo estalló en gritos, en medio del caos iluminé con la linterna mientras trataba de hacerme escuchar sobre los gritos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Tranquilos! - Grité, consiguiendo que se callaran por un instante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-He sido... yo- dijo Daniel. - Perdonad, he tropezado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un murmullo de alivio se escuchó en el grupo. Yo maldije una vez más. Si había alguien en casa, ya sabía que estábamos allí. Les hice una seña para que se mantuviesen en silencio y me dirigí de nuevo a la puerta de la cocina. Escuché ruido al otro lado. Y crucé con velocidad con el fusil por delante, como había visto en las películas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Tranquilo, Rambo! - Me dijo David cuando entré en la zona del bar, una gran sala llena con una barra sucia rodeada de taburetes, unas mesas con sillas de madera y unos sillones negros al fondo llenos de quemaduras de cigarrillo. El olor a humedad y alcohol me saturó por un momento. Al menos no era olor a muerte. David hizo un movimiento raro y me dio la impresión de que ocultaba algo en la parte de atrás de la camiseta, pero sin estar seguro preferí dejar la cosa estar. - Estaba comprobando las máquinas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Querrás decir la caja... -señaló acertadamente Julián. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;David se separó de la registradora y se encogió de hombros. Agarró una botella de Johnny Walker y se sirvió una copa en un vaso de tubo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué? Los dueños están muertos y el dinero está ahí, cada uno hemos cogido lo que hemos necesitado ¿O es que tú no has buscado en los coches? Ahora no nos hagamos los santos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todos hemos tenido que hacer cosas desagradables para seguir vivos, aquí no se ha librado nadie... -Zanjé la cuestión.- No me importa si has cogido el dinero, para mi no vale una mierda. Pero espero que si encontráis comida, agua o medicinas, las compartáis con el grupo y se administren de manera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No esperarás que te demos lo que encontremos ¿No? ¿Te crees que por llevar un arma ya estás al mando?- me interrumpió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me quieres dejar hablar? - le grité.- Yo no he dicho que lo vaya administrar yo, he dicho que se deberían administrar y racionar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Acaso crees que alguien va a decidir algo en tu contra mientras lleves ese fusil? - Levantó más la voz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-David, no digas tonterías... -contestó la novia de Daniel, Mayte, hablando por primera vez.- Nos ha salvado la vida, nos ha dado su agua, nos ha protegido hasta aquí. ¿Qué pasa contigo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, si hubiese querido hacernos daño o robarnos podría haberlo hecho en la carretera... Al contrario...nos han dado cosas y nos han traído hasta aquí a salvo...- Añadió Sara cogiendo en brazos a Natalia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Nos ha traído aquí en contra de nuestra voluntad y poniéndonos en peligro a cada paso por traer a ese tullido! -Gritó una vez más David. -¡Ni siquiera tiene un plan! ¡No sabe donde vamos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eres un gilipollas- Dijo Julian. David intentó cogerlo de la pechera y Rubén le sujetó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si no se lo dices tú, se lo diré yo, creo que tienen que saberlo. -Dijo Rubén mirándome fíjamente. Al principio no sabía a qué se refería, hasta que, soltando a David, que parecía haberse calmado, se señaló el hombro. El resto de la gente pareció intuir algo y se apartó de mí. Suspiré con resignación y hubo un pequeño brote de pánico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Te han mordido? - Prguntó Laura apartándose por reflejo y pegándose a su marido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, la primera noche de todo esto. - Asentí. Julian dió un brinco hacia atrás y cayó de culo en el suelo derribando un taburete. El resto dieron pasos atrás hasta que Juan de Dios los tranquilizó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Tranquilos! Es inmune. No puede transformarse en esas cosas. - Dijo él trantando de calmar los ánimos. No lo consiguió. - ¿No os dáis cuenta? Su cuerpo produce anticuerpos, repele la infección o lo que sea... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es cierto.- Añadió Rubén tranquilizando a su esposa.- La gente mordida muere en horas de la infección. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Puede... haber una vacuna? - Preguntó Julián mientras Daniel le ayudaba a levantarse del suelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estaba en un programa de investigación en un hospital militar en la sierra para encontrar una vacuna o una cura... El laboratorio tuvo un problema de seguridad... Algunas de esas cosas se escaparon, cundió el pánico... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso es una bola, no hay vacuna... si te muerden estás jodido.- Exclamó David que se negaba a no tener razón. Me quité la mochila y la camiseta y me iluminé la cicatriz con la linterna. La herida estaba perfectamente sanada, aunque aún se apreciaban las marcas que habían dejado los dientes al desgarrar mi carne. -Eso... eso te lo ha podido hacer cualquiera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No seas capullo... -Contestó Julián. - ¿Hay más como tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La niña, dije señalando a Natalia. Su padre también lo era. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde está su padre? -preguntó inocentemente Sara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo maté. -Concluí la conversación. David tragó de golpe el fondo de su copa y se alejó lo que pudo de mí. Se hizo un incómodo silencio que duró demasiado, hasta que Rubén lo rompió con un carraspeo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno... tenemos que terminar de asegurar este sitio ¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, sería mejor que el grupo principal se quedase aquí con una de las armas y que una o dos patrullas registren el sitio... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo quiero hacer algo útil. -Dijo Daniel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan de Dios le entregó la pistola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no puedo subir escaleras... me quedaré aquí con el resto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo me quedaré en la planta de abajo y veré como está esto...- Comentó Rubén mientras se colgaba el fusil a la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De acuerdo, Daniel y yo subiremos a la parte de arriba y nos aseguraremos de que el sitio es seguro... Deberíamos ver si hay bebidas isotónicas o refrescos con azucar por aquí. Olvidad el alcohol, deshidrata más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que he visto un botiquín en la cocina...- dijo Mayte mordiéndose el labio. - Si alguien viene conmigo podemos mirar si tiene algo útil... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julián asintió y le hizo una seña para acompañarla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno... Natalia... quédate con Sara y haz todo lo que te diga. Volveré en un rato. - la niña hizo un mohín. - ¿Te he mentido alguna vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña negó con la cabeza y yo la guiñé el ojo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eres el padre del año ¿No? Creía que habías matado a su padre de verdad. - comentó David. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin darme cuenta quité el seguro del fusil. El chasquido hizo que todos quedasen en silencio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuando acabes tu copa... ¿Qué tal si ayudas un poco en vez de tocar los cojones? - Sin darle tiempo a contestar me giré y encaré la escalera que llevaba al piso superior. Respiré hondo y me alejé contando hasta diez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel me siguió cogiendo torpemente la pistola. De pronto me imaginé muriendo de forma estúpida tiroteado por un chaval inexperto al que yo mismo había dado un arma. De puro ridículo la situación me arrancó una sonrisa. Después me percaté que yo había aprendido a disparar hacía unos días. Mi mundo se había convertido en una carrera por la supervivencia y las armas, algo que antes sólo veía en las películas, eran ahora algo cotidiano. Me había familiarizado con el tacto del gatillo y el olor de la pólvora. Negué con la cabeza, pensando que debería estar en casa jugando con una videoconsola en vez de en un oscuro motel de carretera jugándome la vida frente a una horda de no muertos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las escaleras, cubiertas de moqueta oscura que no había sido correctamente limpiada en la vida crujieron mientras subíamos. La escalera era estrecha y me sentí incómodo, si había que luchar cuerpo a cuerpo lo tendría difícil. Me sorprendió que mi mente evaluase así las situaciones, estaba espabilando. La parte superior tenía un pasillo estrecho con tres puertas a cada lado. En el pequeño rellano había una maceta con una planta moribunda que me provocó un repentino golpe de lástima... ¿Las plantas de mi piso? Todo eso quedaba muy lejos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras puertas no estaban cerradas con llave, y daban a pequeños cuartos de aspecto sórdido con una cama, un espejo, una pequeña cómoda y un cuarto de baño diminuto. Abrí el agua en uno de ellos pero no obtuve nada. Daniel registró mientras la cómoda, lo vi sonrojarse mientras sacaba de los cajones un buen número de juguetes sexuales, preservativos y lubricantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Coge lo que necesites... -Bromeé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ah... -se sonrojó tanto que pensé que iba a explotar.- Es que Mayte y yo somos católicos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sentí un poco estúpido en ese momento y luego rompí a reír. Me miró y estalló también en una carcajada. Y así pasamos un buen rato riéndonos de un chiste sin gracia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oye... tengo una pregunta... no quiero sonar ofensivo ni nada, es sólo curiosidad. -Asintió enjugándose las lágrimas. - ¿Cómo encaja todo esto de los muertos vivientes con el catolicismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo se... llevo días haciéndome esa pregunta. No se si es el Juicio Final... Sólo se que tengo que aferrarme a la idea de que Dios existe, para poder superar toda esta mierda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos miramos en silencio. Sabía perfectamente cómo se sentía... porque yo me aferraba a la imagen de mi mujer, de Helena, para no volverme loco en medio de todo aquello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Terminemos de registrar esto y volvamos abajo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última habitación era un despacho abarrotado de papeles y carpetas. En la pared del fondo, unos monitores (ahora apagados), servirían para controlar al dueño la actividad del local. Me pregunté si espiaban a los clientes por unos instantes. Eché un vistazo a los papeles, por pura curiosidad sin saber muy bien por qué. Daniel carraspeó impaciente, mientras me esperaba en la puerta echando vistazos rápidos al pasillo. Dejé los papeles y registré los cajones. En uno de los ellos encontré un reluciente revolver. Tras manipularlo durante unos segundos conseguí abrir el tambor y comprobar que estaba cargado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto nos puede ser útil. No le digas a nadie que tenemos otro arma. Se la daremos a alguien de confianza. - Un leve movimiento de cabeza me indicó que estaba de acuerdo.- Ahora volvamos abajo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a las angostas escaleras y nos anunciamos antes de aparecer por el salón (no me apetecía que confundiesen con un zombie y me pegaran un tiro). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos abajo comprobé satisfecho que habían hecho un buen trabajo gracias a la supervisión de Juan de Dios y de Laura. En una mesa habían amontonado una gran cantidad de latas de refresco y botellas de agua. En otra cercana habían dejado un botiquín que parecía contener analgésicos, vendajes, pomadas para las quemaduras, yodo y algunos productos que no identifiqué a primera vista. Natalia comía ganchitos de una bolsa pequeña sentada en uno de los sofás. Le hice un gesto con la mano y ella me saludó distraida, concentrada en su golosina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Hay más de eso? - dije señalando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, hay un saco entero, están algo rancios, pero son comestibles. Parece que compraban al por mayor. - Me sonrió Laura indicándome la barra. Allí efectivamente encontré algunos sacos de frutos secos, de los que venden en las grandes superficies para mayoristas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los frutos secos nos pueden venir muy bien... - Comentó Daniel. - Son muy energéticos. Cuando hacíamos senderismo siempre llevábamos... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedó taciturno un momento, y supe como se sentía. Tan sólo habían pasado unos días desde que todo se había ido a la mierda, pero para nosotros, los supervivientes, nuestras vidas pasadas parecían perdidas en un limbo, borrosas y casi como parte de un sueño extraño. ¿Volveríamos a la normalidad? ¿Cómo se puede, tras sufrir lo que hemos sufrido, retomar el hilo de una vida? ¿Podríamos alguna vez volver a la normalidad? Demasiadas ideas en la cabeza. Me senté junto a Natalía, realmente cansado y entrecerré los ojos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy agotado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella dejó los gusanitos y se recostó junto a mi. Juan de Dios me sonrió en la distancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Descansa un poco, te has dado una paliza abriendo paso hasta aquí. Te lo has ganado. Deja que nosotros hagamos guardia por turnos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordé el revolver que había conseguido arriba y se lo tendí a Juan de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te quedes desarmado... No me fío de ese capullo. - Lo cogió y lo guardó bajo la camiseta en silencio sin preguntar de dónde lo había sacado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calor y el cansancio hicieron efecto, poco a poco cerré los ojos y antes de darme cuenta me había quedado dormido. Una vez más me despertaron los gritos...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-245250727658430617?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/245250727658430617/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2011/12/capitulo-23.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/245250727658430617'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/245250727658430617'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2011/12/capitulo-23.html' title='Capítulo 23'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-8307359993306672249</id><published>2011-04-28T15:09:00.000+02:00</published><updated>2011-04-28T15:09:00.698+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>Capítulo 22</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos abrimos paso a golpes los primeros metros. El calor me hacía sudar por cada poro. La camiseta empapada se pegaba a mi cuerpo y las correas de la mochila se me clavaran en las axilas y me irritaban la piel. Cada golpe era un suplicio. Me sentía obligado a abrir la marcha. Por mi inmunidad y corpulencia era el indicado para este tipo de tarea. Así que iba a la cabeza, abriendo paso, buscando bajo los coches para evitar sorpresas desagradables, derribando a los que podía atacando sus piernas para después pisar las cabezas hasta que se rompían. Inmisericorde, impasible. Al menos era la imagen que quería transmitir, aunque mi corazón se encogía con cada pisotón y la nausea me asaltaba con cada cuerpo decapitado. Apreté el paso, forcé la marcha todo lo que pude a través de aquel laberinto de coches detenidos y maletas abandonadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Baja el ritmo... no podemos seguir así. -Me dijo Rubén tras un pequeño esprint para alcanzarme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si nos paramos estamos muertos. Mira a toda esa gente, cometió el error de sentarse a esperar. - Respondí jadeando. El panorama era desolador. Cientos de coches detenidos y abandonados, algunos con cadáveres dentro pudriéndose al sol. Eso los que tuvieron suerte. Los que no eran ahora muertos vivientes que avanzaban con ese falso lento caminar hacia nosotros con las fauces abiertas y las manos extendidas, buscando alimentarse de nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto es una pesadilla... -Murmuró secándose el sudor. - ¿Estás seguro de dónde vamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encogí de hombros por toda contestación y me adelante para golpear con saña a dos de aquellos zombies que se interponían en nuestro camino. De uno en uno, obligados a pasar por un corredor estrecho, no eran un problema. Eran torpes, lentos de reflejos y faltos de equilibrio. Derribarlos era fácil. Lo que me preocupaba era que esos mismos recovecos se podían convertir al momento en una ratonera, no podíamos quedarnos quietos en ninguna parte. El arcen y los lindes de la carretera estaban también plagados de coches abandonados que habían roto el quitamiedos y salido al campo tratando de escapar del atasco. Y posiblemente habían provocado otro mayor. Y más allá, el campo a través reduciría mucho nuestra marcha y sería casi impracticable para la silla de ruedas. Yo lo sabía, y todos lo sabían. Juan de Dios nos estaba restrasando y nos ponía en peligro a todos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eh, Rambo, deberíamos salir de la carretera e ir por el campo...- por supuesto, David fue el primero en hacérmelo notar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Iríamos muy lentos, además de que la silla sería un estorbo.- Respondí sin mirarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya, pero es que así vamos a morir todos. -Lo miré con desprecio.- Si, tú quieres mucho a tu amigo, no se si es que sois maricones o que, pero por ir por la puta carretera nos pueden joder a todos y yo no estoy dispuesto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resoplé tratando de mantener la calma. Toda la furía de aquellos días comenzó a bombear de nuevo en mi cabeza, no me dejaba pensar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira pedazo de gilipollas. Yo hago las cosas a mi manera, nadie te ha pedido que vengas. Si te gusta bien, si no, te jodes. Si te quieres ir, el campo es muy ancho. Pero no me toques los huevos porque no dudaré en desperdiciar una bala para callarte la bocaza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cara de sorpresa casi me provocó una carcajada, levantó las manos y se alejó murmurando. Miré de reojo y vi como hablaba con la pareja joven. Aquel bastardo estaba malmetiendo todo lo que podía. Rubén se puso a mi altura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es un gilipollas. Oye, no te hemos dado las gracias. No tenías por qué haber parado ni por qué haber compartido el agua ni nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Menos las armas, todo es de Juan de Dios. Sin él, estaríamos jodidos.- respondí malhumorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vale, vale, yo no soy partidario de abandonar a nadie. No somos bestias ¿No? - Me miró con amabilidad y volví a estrechar su mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se que parece una locura, pero tengo que encontrar a mi esposa y llegar hasta los militares. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Crees que estaremos más seguros con ellos?- Preguntó mientras me alejaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, ellos estarán mejor con nosotros. -Rubén me miró con una expresión atónita, como si estuviese loco. Retrocedí sobre mis pasos y le enseñé mi cicatriz. - Esa niña y yo somos inmunes. No podemos convertirnos en esas cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La expresión de Rubén cambió del pánico al ver la marca al asombro total y luego a la esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Inmunes!- gritó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Baja la voz. -indiqué.- No se lo digas a los demás. La última vez me encerraron en un laboratorio durante días, me separaron de mi esposa y me hicieron todo tipo de pruebas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Para encontrar una vacuna o algo?¿No lo consiguieron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hubo tiempo, los muertos con los que experimentaban se escaparon. Aquello... fue una masacre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alejé camino arriba y continué con mi rutina de buscar la mejor ruta y despejarla. Fueron dos horas largas y agotadoras hasta que pudimos abandonar la autopista y coger una carretera secundaria bastante despejada. Era media tarde y el sol nos estaba abrasando. Un poco más adelante vimos las luces de un club de carretera. Siempre me había hecho gracia el eufemismo de club para referirse a un prostíbulo. Este en concreto de llamaba Club Casablanca, como si aquel antro de mala muerte de fachada rosa chicle tuviese la elegancia del café de Rick. Las persianas estaban parcialmente bajadas y no se veía ni un alma. Hice un alto y el resto se reagruparon tras de mí, sudando y resollando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? -Me preguntó Juan de Dios que también mostraba signos de fatiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Están demasiado cansados, hace demasiado calor para continuar. Y yo tampoco estoy bien...-confensé. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quieres que nos escondamos ahí? - dijo señalando el edificio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Se te ocurre un sitio mejor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así a bote pronto, no. -Sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me giré hacia el resto del grupo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No podemos seguir a este paso bajo la solanera. Propongo que nos refugiemos en aquel edificio hasta que caiga un poco la tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Propones? ¿Ahora es esto una democracia? - Me increpó David. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te recuerdo que puedes hacer lo que te salga de... - Miré a Natalia y no acabé la frase. - A ver, hace mucho calor, y estamos cansados. Cuando caiga un poco el sol deberíamos poder avanzar más rápido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿A oscuras? - Preguntó Julián secándose el sudor de la frente con el antebrazo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si es necesario si. - Se escuchó un murmullo de desaprobación y tuve que levantar la voz para hacerme escuchar. - No se si os habéis percatado que el mayor peligro de esas cosas es cuando vienen en grupo. Quedarse quieto en un mismo sitio es lo verdaderamente peligroso, mientras nos mantengamos en movimiento podemos esquivarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso es cierto.- Dijo Juan de Dios reforzando mi teoría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Natalia se soltó de la mano de Sara y me tiró del pantalón hasta que la cogí en brazos. Se abrazó a mi cuello con sus bracitos. Me sentí de nuevo conmovido y casi rompo a llorar sin motivo. El resto de aquella gente me seguía mirando confusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Al menos descansaremos un rato a cubierto, comeremos y beberemos. Tenemos tres armas, podemos defender un sitio tan pequeño. - Esto último no me lo creía ni yo. Con la poca munición que teníamos y siendo todos tiradores inexpertos, si esas cosas se proponían entrar lo harían, y no podríamos hacer nada para evitarlo. Mi plan seguía siendo movernos en cuanto el sol cayera un poco y continuar la marcha por el arcén de la carretera. Mantenernos en movimiento me parecía la mejor solución. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin añadir nada más me dirigí al Club Casablanca. Se trataba como he dicho de un edificio pequeño en medio de ninguna parte. Tenía tres pisos con ventanas cuadradas y en la parte delantera un gran cartel luminoso que ahora permanecía apagado como el resto de luces del local. El aparcamiento era de tierra apisonada, con barriles viejos u oxidados marcando las esquinas. Era grande y cabrían varios camiones. En este momento estaba tarnquilo. El resto del grupo me siguió a regañadientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta principal tenía bajada la persiana metálica. Dejé a Natalia en brazos de Juan de Dios y traté de levantarla sin éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podéis ayudar cuando queráis.- Escupí con sarcasmo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay... hay otra puerta por la parte de atrás es una puerta de incendios, pero creo que puede abrirse desde fuera. -Dijo avergonzado Julián. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo lo...? -Fuí a preguntar. Interrumpí mi pregunta al recordar que Julián era camionero. Si hacía esta ruta es posible que hubiese sido cliente. No iba a juzgarlo. A estas alturas, yo que había asesinado a sangre fría a varios hombres no era ya nadie para juzgar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodeamos el edificio y encontramos la salida de incendios de la que Julián nos había hablado. La examiné de cerca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si tuviésemos una palanca creo que podríamos forzarla. - Concluí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espera - me detuvo Rubén.- ¿Qué pasa con la alarma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Joder, si...-dijo Juan de Dios, ante la mirada malhumorada de Natalia.- Si salta la alarma será como agitar una campanilla para esos cabrones y decir "¡Eh chicos, la comida!".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pero la alarma funciona sin electricidad? - Pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se supone que si se corta la corriente tiene una pequeña batería y además llama a la central de alarmas. - Me dijo el chico de la pareja joven acercándose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Estás seguro, eh... eras? - hice un gesto para incicarle que no recordaba su nombre.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Daniel Castillo. - Le animé a contiuar.- Si, bueno... yo trabajé de vigilante hace tiempo para sacarme un dinero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De acuerdo... hagámoslo. ¿Qué podemos usar? - Registramos las mochilas con cuidado y decidimos intentar forzar la puerta con ayuda de unos gruesos destornilladores que Juan de Dios había cogido del todoterreno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello nos llevó casi media hora larga de forcejeo, hasta que logramos desencajar ligeramente el pestillo y meter un destornillador en la rendija. A una señal abrimos la puerta esperando que saltase la alarma en cualquier momento. Pero no lo hizo. Suspiramos de alivio y David se abalanzó al interior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Espera! - Traté de detenerlo. Pero ya estaba en el interior. Cogí una linterna, y la encendí para iluminar. Lo vi cruzar una puerta y perderse en el interior. - Espero que no haya ninguna de esas cosas dentro... maldito capullo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto del grupo me miró como esperando confirmación. Por un momento me sentí furioso, no deseaba ser responsable de aquella gente. Suspiré. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, vale, iré primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empuñé el fusil y también entré en el edificio. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-8307359993306672249?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/8307359993306672249/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2011/04/capitulo-22.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/8307359993306672249'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/8307359993306672249'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2011/04/capitulo-22.html' title='Capítulo 22'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-4802546276661235185</id><published>2011-02-21T07:59:00.001+01:00</published><updated>2011-02-21T08:01:11.330+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='solidario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias'/><title type='text'>Un libro, un euro</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-DEKrbzDAFPU/TWINYLW9FAI/AAAAAAAABUE/etEd0Ka4RPA/s1600/apocalipsis_z.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/-DEKrbzDAFPU/TWINYLW9FAI/AAAAAAAABUE/etEd0Ka4RPA/s1600/apocalipsis_z.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Maravillosa iniciativa a la que se ha sumado Manuel Loureiro con el genial &lt;b&gt;Apocalipsis Z. &lt;/b&gt;Si no lo habéis leído, esta es vuestra oportunidad de adquirirlo legalmente y de colaborar con una buena causa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;Podéis conseguirlo gratis... ¿Pero no es mejor donar un euro por el libro y echar una mano a los que menos tienen? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.1libro1euro.com/" target="_blank" title="1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children"&gt;&lt;img alt="1 Libro = 1 Euro ~ Save The Children" src="http://www.1libro1euro.com/badge.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
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Tras un rato que se hizo eterno encontré el navegador GPS y lo inicié. Natalia se había tranquilizado y jugaba con cochecito de plástico que movía por carreteras imaginarias. Para mi sorpresa el mapa apareció y nuestra posición quedó marcada en la pantalla con un triángulo parpadeante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Anda... si funciona. -Murmuré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hombre, las cosas aquí abajo están mal, pero supongo que los satélites seguirán funcionando un tiempo con las órdenes automatizadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ayúdame a buscar una ruta. - Le dije apartándome un poco para que pudiese ver bien la pantalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí sus instrucciones y al poco teníamos dos rutas, una de ellas, directa a través de la autopista, de apenas 21 kilómetros hasta nuestro destino, y otra que nos alejaba hacia el pueblo de Loeches para luego bajar la carretera del monte Gurugú hasta el sur de Alcalá de Henares que sumaba 41 kilómetros. En circunstancias normales, no habríamos invertido más de media hora de reloj en ninguna de ellas, pero estas no eran circunstancias normales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La carretera del Gurugú es bastante mala, tiene mucha curva, y es incluso peligrosa. - Comentó Juan de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya... Pero no termino de fiarme de la autopista. ¿Y si está colapsada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siempre podemos dar la vuelta. -dijo encogiéndose de hombros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré el depósito y comprobé que estaba mucho mas bajo que cuando habíamos salido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pero qué coño...? -Exclamé en voz alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Has dicho una palabrota. -Me amonestó Natalia. Juan de Dios se rió entre dientes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, perdona. ¿Me perdonas?- Ella asintió y me dio un beso en la mejilla. Aquello me hizo sonreír un poco. -Creo que perdemos gasolina, voy a mirar el depósito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me jodas... - farfulló Juan de Dios tratando de taparse la boca al darse cuenta de lo que decía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Otra palabrota y os voy a lavar la boca con jabón. - dijo Natalia. Nos echamos todos a reír y por unos instantes volví a sentir algo parecido a la alegría. Alegría de no estar solo, alegría de que en medio de todo lo que nos estaba ocurriendo, aún hubiese algo de inocencia. Y entonces, me permití recuperar algo de mi aprecio por la raza humana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé del coche y comprobé que junto al depósito había un agujero de bala en medio de una abolladura. El impacto era demasiado recto y demasiado ancho para que lo hubiese hecho Eduardo con la pistola... Cerré los ojos maldiciendo mi suerte. El agujero lo había hecho yo mismo al disparar a ciegas en el garaje. Abrí el maletero y busqué trapos. Encontré uno sucio de grasa y lo apelmacé en el agujero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenemos una fuga, un balazo. - Comenté. Juan de Dios me miró consternado.- He tapado como he podido el agujero, pero hemos perdido mucha gasolina. Tendremos que arriesgarnos en la autopista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si está colapsada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues nos tocará volver andando...-me mordí la lengua tras decirlo.- Quiero decir... Sin coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te disculpes, al menos yo voy a ir sentado todo el camino.- Me puso la mano en el hombro con solidaridad e hizo una mueca.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré en una rotonda esquivando coches a bastante velocidad, no quería aminorar bajo ninguna circunstancia, subí la rampa de acceso a la autopista sorteando coches parados. Golpeé a un zombie solitario que cayó con un sonido sordo. Natalia cerraba los ojos mientras yo daba volantazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabes alguna canción? -Pregunté mientras me afanaba en esquivar maletas y otros efectos personales. - Vamos, seguro que sabes alguna. Cántame algo, por favor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña vaciló y después empezó cantar con voz temblorosa, tanto que la letra apenas se entendía. Juan de Dios tarareaba de fondo, tratando de mantener a Natalia ocupada mientras yo esquivaba un grupo de zombies solitarios que avanzaban entre hileras de coches detenidos. El sol era ya un horno que abrasaba la autopista emborronando el horizonte. Los destellos de los cristales y el metal de los vehículos me hacían entrecerrar los ojos. Si hubiese podido los hubiera cerrado del todo para no ver aquello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz de reserva se encendió y supe que no llegaríamos con el todo terreno. Tal vez&amp;nbsp; el depósito tenía otro agujero, o simplemente era el orificio de salida del que había tapado, pero seguíamos perdiendo combustible. Continuamos por el arcén, a veces empujando con el poderoso todo terreno otros coches para hacernos hueco. Alguna criatura solitaria se tambaleaba entre los coches, llenos de cadáveres secos y quemados por el sol. Juan de Dios entretenía a Natalia en la parte de atrás para que no viese el espectáculo. Y entonces lo que había supuesto que era un grupo de esas cosas se giró y comenzaron a saltar agitando los brazos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La madre de... -No terminé la blasfemia. A unos doscientos metros un grupo de personas saltaba y gritaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacemos? - Preguntó Juan de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Están haciendo demasiado ruido y atrayendo a esas cosas... - Detuve el coche.- Cúbreme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé del coche cubriéndome con la puerta y el fusil en la mano. Me acordé entonces de que no estaba cargado. En la bolsa quedaban dos cargadores más, 64 cartuchos que tendría que aprovechar al máximo. Recargué el arma y salí despacio del coche. El grupo de gente comenzó a correr hacia mí gritando y haciendo aspavientos. Pude contar ocho, tres mujeres, cuatro hombres y una chica de unos 16 años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh! ¡Aquí! - gritaban desde la distancia mientras corrían hacia mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Quietos!¡No avancen más!- respondí tras encañonarlos.-Hemos tenido problemas con ladrones y asaltantes... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nosotros no somos ladrones. -Contesto uno de ellos, un hombre de mi edad, rubio, que llevaba una camiseta negra y unos vaqueros. No se di fue el tono de su voz o el modo en que lo dijo, pero supe en ese momento que me iba a dar problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Alguno de ustedes está herido? ¿Lo han mordido o arañado? -Pregunté mientras llegaban a una veintena de metros de donde yo estaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, no... estamos bien. -Me contestó una mujer cincuentona que abrazaba con fuerza a la chica joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía que hacer, ni que pensar. Bajé el arma. Y me acerque con cuidado, estreché la mano de los hombres que parecieron aliviados. A parte del rubio, había un hombre mayor pero en forma, calvo y de aspecto resuelto. El otro era un tipo delgaducho con barba canosa. Las mujeres esperaban un poco rezagadas. La mujer que protegía a la adolescente, una cría bastante guapa de pelo negro y ojos azules, se acercó a mi y me abrazó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias por parar. ¿Eres policía o soldado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, no señora. Estaba con ellos, en una base en la sierra, pero... - No terminé la frase. Todos bajamos la cabeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rubio avanzó hacia el coche a grandes zancadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vamos, al coche!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh!¡Espera!- Traté de advertir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió la puerta lateral ignorando mis palabras. Levantó las manos y retrocedió con una extraña expresión, mezcla de sorpresa y miedo. Juan de Dios lo encañonaba con la pistola desde el interior del coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Baja la pistola, Juan de Dios... -Juan de Dios bajó el arma resignado y&amp;nbsp; el rubio mudó su expresión de miedo por una mueca burlona. Retrocedió riendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pero qué broma es esta? ¿Un tullido y una niña?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Cállate David! - le gritó el hombre calvo. - Me llamo Rubén, y estas son mi mujer, Laura, y mi hija Sara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice una inclinación de cabeza como saludo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El coche ya no irá mucho más lejos...- Expliqué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué le pasa?- Me interrogó el tal David con insolencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nos han disparado...-hice una pausa para que comprendieran bien mis palabras.- Y han dado al depósito, no le queda gasolina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues menuda mierda.- dijo David. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me dirijo a Azuqueca, allí hay una base...- Dije ignorando el comentario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que ya no... -Me interrumpió el hombre delgado. Se acercó y me estrechó la mano. - Me llamo Julián Torres... Y soy camionero... escuché por la radio que los de la base de Azuqueca se retiraban...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cara debió cambiar de color, las rodillas me temblaron y temí caer en cualquier momento. Juan de Dios bajó la plataforma especial y se deslizó fuera del coche. Natalia corrió tras él y me cogió la mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Estás bien?- Me preguntó Juan de Dios. - Su mujer estaba en Azuqueca... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un murmullo de lástima salió de los labios de aquella gente. Los más rezagados, una pareja de treintañeros que parecían bastante asustados y otra mujer joven en la veintena, se acercaron despacio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los estamos atrayendo... -dijo él . Eso me hizo salir de mi enajenación. Tenía que comprobar lo que había ocurrido. No iba a abandonar estando tan cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé al coche y me cargué una mochila. Le dí otra a Juan de Dios que la pudo en su regazo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tienes comida?-Preguntó la mujer más joven observando las mochilas. Yo miré a Juan de Dios y él asintió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, y agua también. Pero no ahora, nos están rodeando. -Efectivamente cada vez había más zombies y cada vez más cerca, quedarse quietos tanto tiempo había sido un error. Me acerqué a la chica que seguía con su madre. -¿Te llamas Sara, verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardó unos segundos en reaccionar. Me miró un poco confusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, si... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sara, ¿Te importa coger de la mano a Natalia y ayudarme a cuidar de ella? - La chica miró a sus padres y luego a la pequeña Natalia que devolvía su mirada con ojos curiosos. Luego asintió y separándose de su madre se acercó a Natalia y sonriendo la cogió de la mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oye, ¿Me das un arma?-preguntó David.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No.-Contesté tajante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero le has dado una pistola al tullido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y el tullido te la va a meter por el culo como no te calles.- Contestó agraviado Juan de Dios. La situación quedó tensa por unos instantes. Yo desempaqueté el fusil de Gema de una de las mochilas, cogí uno de los cargadores y se lo extendí a Rubén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Hizo usted "la mili"?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eh... si, en El Goloso, en el 74. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues vuelve a ser un soldado. Tiene 32 cartuchos, y no hay más. Así que no los desperdicie. -Me alejé carretera arriba, me colgué el fusil al hombro y recogí del suelo lo que parecía una muleta. La descargué encima del primer zombie que apareció y su cabeza se quebró con un sonido sordo. -Si se le acercan, los despacha así. Moveos, llegaremos hasta Azuqueca a pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo comenzó a moverse rápidamente, con Rubén empujando la silla de Juan de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué piensas hacer allí? Ya no hay soldados.- Protestó Julián. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Averiguar a donde han ido. Y seguirlos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-5086247521595077711?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/5086247521595077711/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2011/01/capitulo-21.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5086247521595077711'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5086247521595077711'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2011/01/capitulo-21.html' title='Capítulo 21'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-7059601926114961868</id><published>2010-12-22T11:08:00.003+01:00</published><updated>2010-12-22T11:18:46.538+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 20</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tenía demasiado tiempo para pensar. Los zombies proseguían con su lento caminar al interior del aparcamiento y pronto no tendría margen de maniobra para escapar. Un par de disparos me obligaron a agachar la cabeza. Necesitaba una oportunidad. Entonces Eduardo fue asaltado por algunas de aquellas criaturas y mientras forcejeaba intentando apartarlas a base de golpes, una chispa de iluminación cruzó por mi cerebro. Llamémosle destino, suerte, o simple adaptación traumática, en aquel momento de duda supe exactamente lo que tenía que hacer. Salté hacia el zombie que me había atacado y que se levantaba torpemente después de caer bajo los disparos de Eduardo. Cargué con el hombro bajo su cintura y con mi peso lo derribé nuevamente. A la desesperada, jugándome todo a aquella carta, palpé el suelo en todas direcciones tratando de recobrar el fusil antes de que la criatura se incorporase o de que Eduardo se zafara de sus atacantes. Toqué la correa del fusil y tiré de él hasta recuperarlo. El zombie ya se había levantado casi del todo. En mis oídos restallaba mi propia respiración acelerada. Antes de que el no muerto se girase para encararme me coloqué a su espalda, pasando la correa del fusil por su cuello para inmovilizarlo. Apoyando el fusil en su hombro, encendí la linterna buscando a mi enemigo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La respuesta de Eduardo no se hizo esperar y realizó varios disparos hacia la luz que impactaron en mi escudo humano. El fogonazo de su arma lo delató y yo apreté el gatillo en una ráfaga algo descontrolada. Un grito de dolor me indicó que había hecho blanco. No tendría otra oportunidad. De un tirón hacia arriba saqué la correa del fusil del cuello del cadáver y lo empuje al suelo. Trató de incorporarse pero lo pisé con fuerza en la espalda y disparé una ráfaga corta a quemarropa. Uno de los disparos desparramó sus sesos por el suelo del garaje y dejó mis botas empapadas de sangre negruzca. Me giré para disparar a un zombie silencioso que había conseguido llegar muy cerca de mi espalda. No le di en la cabeza pero la fuerza del impacto lo hizo retroceder, tambalearse y caer pesadamente. Salté por encima de él buscando el BMW con la mirada. No había un momento que perder. Todas las criaturas de la ciudad debían estar en este momento tras de mí. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces se me ocurrió otra idea. Me enfadé conmigo mismo por no haberlo pensado antes. Saqué las llaves del coche, con su mando a distancia y oprimí el botón de abrir. A unos 20 metros se iluminaron las luces del todoterreno y se escuchó el clásico pitido que indicaba que el vehículo estaba abierto. También fue como anunciar con una campanilla la hora de la comida, porque todos los zombies del garaje comenzaron a avanzar hacia el coche. No fueron muchos metros pero mis pulmones ardían por el esfuerzo mientras me precipitaba sobre el capó para saltar al otro lado. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me deshice de una patada de otro muerto que se había acercado demasiado. Abrí la puerta, y lancé el fusil la mochila al asiento del copiloto. El zombie se levantó y lo golpeé con la puerta del coche, un golpe seco que lo hizo caer de culo. Pateé su cabeza con todas mis fuerzas (haciéndome polvo el pie en el proceso) y monté en el coche. El pie me dolía bastante, a pesar de las botas reforzadas el impacto había sido terrible. Arranqué el coche en el botón de arranque, que lo activó por proximidad con las llaves que llevaba en el bolsillo y metí la primera marcha. Las luces se encendieron automáticamente y vi que estaba en apuros. Había decenas de ellos. Quité el freno de mano justo cuando varios zombies se echaban encima del coche. Salí despacio, empujándolos con el paragolpes hasta que cayeron y pude maniobrar para esquivarlos. Enfilé la rampa mientras las ruedas chirriaban sobre el suelo del garaje. Aceleré hacia la luz, hacia la salvación. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una figura se interpuso en mi camino. Reconocí la silueta, la barba desarrapada, los ojos inyectados en odio. Estaba herido pero no muerto, cubierto de sangre y lleno de mordiscos. Su brazo izquierdo colgaba inerte de su costado, goteando sangre desde el muñón donde antes estaba la mano. Con la derecha sostenía con ferocidad la pistola. Apuntó hacia el coche y disparó. La bala atravesó el parabrisas dejando un extraño agujero, por instinto bajé la cabeza, golpeándome con el volante. A pesar de todo conseguí mantener la dirección sin dar un volantazo. Pisé el acelerador sin levantar la cabeza. Eduardo gritó. El impacto de su cuerpo contra el vehículo resonó como una explosión. El todoterreno pasó literalmente por encima mientras me precipitaba hacia la salida. Grité. No se si aquello fue un grito de alivio o de victoria. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esquivé los no muertos como pude hasta la rampa, recé para no calar el coche en la subida. Aceleré lo que pude y el coche ascendió con fuerza. La luz del sol me cegó unos instantes y pisé el freno, clavando el coche. Centenares de muertos vivientes avanzaban como una marea humana hacia el edificio. El plan de ganar tiempo alejándolos se había esfumado. Aceleré el coche y giré a la izquierda, atravesé un callejón lleno de cadáveres a medio devorar, empujando con el paragolpes todo lo que se interponía en mi camino. Comencé a tocar el claxon, esperando que Juan de Dios lo escuchase e intuyese que algo iba mal, muy mal. En la parte de delante de la casa quedarían un par de docenas de aquellas cosas. Pasé por encima de varias de ellas y metí marcha atrás para golpear a todas las que pude. Había tanta sangre oscura y medio coagulada, que el limpiaparabrisas no daba abasto y apenas veía. Frené lo más cerca que pude del portal. Me bajé de un salto y abrí el portón lateral, preparado para la silla de ruedas. No había tiempo para desplegar la rampa. Disparé a los muertos mas cercanos hasta que el fusil hizo clic. Juan de Dios y Natalia aparecieron por la puerta. La niña lloraba, corrió hasta mí y se abrazó a mi pierna. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Entra en el coche Natalia! ¡Ahora! - grité.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me obedeció justo a tiempo. Un zombie se me echó encima, conseguí poner el fusil entre su cuerpo y el mío y su boca, se cerró cerca de mi cara. Podía oler su aliento fétido y ver los trozos de carne humana que colgaban entre sus dientes. Grité de furia. Sonó un disparo y parte de la cabeza de aquella cosa se rompió. Juan de Dios miraba el arma humeante en su mano. Corrí hasta él y subí la silla al coche. Cerré el portón y usando el fusil como una porra me abrí camino hasta el otro lado del coche entre un mar de manos que me arañaban y trataban de apresarme. Llegué hasta la puerta y la cerré, cortando un par de dedos que quedaron junto a mi asiento. Tenía la ropa destrozada de los tirones de las criaturas y estaba cubierto de sangre y arañazos, pero estábamos todos a bordo. Pisé el acelerador y me abrí paso entre las criaturas antes de que hubiese demasiadas para salir. Sus huesos crujían al ser atropellados y el motor del coche sufría en el avance, Natalia gritaba y lloraba mientras Juan de Dios trataba de calmarla. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pronto todo cesó y salimos de la masa de despojos humanos y atravesamos velozmente las calles hacia el sur. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿No vas por la autopista?-Preguntó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No, iremos por carreteras secundarias, menos sorpresas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué ha pasado ahí abajo? Hemos oído muchos disparos y voces. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Miré a Juan de Dios y luego a Natalia y él comprendió que no quería hablar de ello delante de la niña. Asintió con complicidad y suspiró. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Me muero por un cigarrillo... -comentó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos alejamos en silencio de la ciudad. Volvíamos a estar en ruta. Mi mente volvió a Helena. Tenía que estar viva, para que todo tuviese sentido. Si no, me volvería loco, si es que no lo estaba ya. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-7059601926114961868?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/7059601926114961868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/12/capitulo-20.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/7059601926114961868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/7059601926114961868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/12/capitulo-20.html' title='Capítulo 20'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-1254894175321288316</id><published>2010-12-20T16:09:00.002+01:00</published><updated>2010-12-20T23:32:57.168+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias'/><title type='text'>Novedades</title><content type='html'>Bueno, en un par de días podréis disfrutar del capítulo 20 que está casi acabado. Espero que os guste. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otro lado, quería comentaros, a aquellos que os gusten los Juegos de Rol y los Videojuegos que colaboro en otro Blog bastante interesante sobre estos temas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://outcastedproject.blogspot.com/"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://outcastedproject.blogspot.com/" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="93" src="http://4.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TLnHoZGXjyI/AAAAAAAAAe0/hHQ0jyHnvJk/header.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
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Mi camiseta estaba empapada en sudor y el pelo me chorreaba. Busqué a Natalia y la encontré sentada en el suelo coloreando un dibujo bastante extraño con una casa blanca bajo un sol rojo habitada por extraños seres de piel azulada. En una habitación una mujer parecía llorar y en otra un hombre grande llevaba una pistola. No supe si reír o llorar. Ella parecía estar tan tranquila que la dejé con sus colores y siguiendo el sonido que venía de la cocina traté de encontrar a Juan de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo hallé tratando de alcanzar de una alacena un paquete de pasta. Me acerqué y lo ayudé sin decir nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La hija de puta de mi mujer siempre colocaba las cosas de primera necesidad donde no pudiera alcanzarlas. Era su manera de joderme la vida...-protestó amargado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tienes mucha comida - Cambié de tercio hacia algo más práctico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno... siempre encargaba la compra por internet y solía pedir bastante... No me gustaba bajar a la calle y que me viesen así...-Aquella respuesta me hizo sentir muy incómodo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Juan de Dios, no eres una carga. Eres una persona y aún tienes mucho que dar. Yo te necesito a ti tanto como tú a mí. - Me miró perplejo.- Si, necesito que me ayudes a hacer planes, a pensar... y a cuidar de Natalia... joder... si me pasa algo... -Tragué saliva incapaz de terminar la frase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos en silencio unos instantes y después Juan de Dios rodó hasta el salón rebuscó en unos cajones y regresó con bolígrafo y papel. Comenzó a hacer una lista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien, tenemos bastante comida... También tengo botellas de agua, mi mujer era una de esas pijas que bebía el agua siempre embotellada. -Sonrió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tienes alguna mochila o bolsa de deporte grande?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si en el armario del dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Puedo...?- hice el gesto para indicarle si podía entrar en su dormitorio. A mí siempre me había parecido una invasión de la intimidad entrar en el dormitorio de alguien sin permiso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro, perdona...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dejé haciendo un listado, calculando cuanta comida necesitaríamos para un par de semanas y cómo distribuir mejor el peso. Entré en un dormitorio revuelto y abrí el armario. Busqué con cuidado de no desordenar mucho. El armario estaba lleno de trajes y ropa elegante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no coges algo de ropa y te cambias? - su voz me sorprendió y di un respingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me hagas eso que me da un infarto. - Nos echamos a reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busqué algo de ropa y me puse una camiseta y unos vaqueros de una talla que nunca pensé que llegaría a usar. Me di cuenta de que estaba mucho más delgado que cuando empezó todo. "No hay nada como el fin del mundo para perder peso", pensé sonriendo. Busqué algo con lo que cambiar a Natalia, que acabó usando una camiseta a modo de vestido y usamos algo de agua para lavarnos. Pensé en abrir un montón de botellas y darme un baño, pero cambié de idea y decidí guardar las que no podíamos transportar y dejarlas como suministros por si otro superviviente las encontraba, o si me veía muy apurado, volver a por ellas. ¿Cuánto iba a durar aquello? No podía prever si aquella situación sería pasajera o permanente, por lo que decidí que debía asumir siempre la peor opción, para que no me cogiese luego desprevenido. Así que cuando terminé de ayudar a Natalia a lavarse entre protestas y mohines cogí ropa de abrigo y mantas y traté de compactarlas lo más posible para que entrasen en la mochila. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volví a la cocina, Juan de Dios había hecho unos paquetes bastante buenos con pasta, conservas y comida precocinada. También había algo de fruta, chocolate y cereales. En otra bolsa había hecho un botiquín con medicinas comunes y algunos antibióticos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Joder, en la tele siempre dicen que no acumulemos medicamentos, que llevemos a la farmacia los que nos sobran. Pero ahora bien que nos va a servir no haber hecho caso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos echamos a reír y Natalia nos miró sin saber cuál era el chiste. Era medía tarde, pero en pleno verano, así que aún teníamos dos o tres horas de luz. Nos miramos con decisión, una de esas miradas que significa "Vamos a hacerlo, ahora o nunca". Así que llamé a Natalia y la hice recoger sus pinturas y juguetes y ponerlas en la mochila que llevaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vale, estamos listos. Voy a bajar al portal y revisar las otras puertas. Si es seguro bajar, volveré y daré otro viaje con las mochilas. Después te ayudaré a bajar. Natalia y tú me esperáis en el portal mientras saco el coche y doy la vuelta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo quiero ir contigo... -Protestó la niña. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No cielo, tienes que ayudar a Juande... y hacer todo lo que él te diga. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si luego no vuelves?- Gritó llorando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Voy a volver cariño. Te lo prometo. - Juan de Dios la aupó a su regazo y la niña lloró abrazada a él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estará bien, tío... Yo la cuidaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de la seguridad del piso con el corazón encogido. Empuñé el rifle de asalto que había sido de Gema y subí las escaleras hasta el último piso comprobando todas las puertas de cada uno de los rellanos. Después deshice el camino para comprobar los pisos inferiores. Todas las puertas estaban cerradas a cal y canto, excepto en el primer piso. Supongo que en la oscuridad de mi llegada, en la noche anterior, no la había visto. La puerta del primero A estaba entreabierta y eso provocaba en mí una seria duda... Dentro podía haber cosas útiles, tal vez más medicamentos o comida enlatada. Así que tenía que decidir entre entrar y arriesgarme o cerrar la puerta y esperar que los zombies no supiesen abrirlas. Además... ¿Qué derecho tenía yo a allanar la casa de unos completos desconocidos? Dudé unos instantes y al final hice algo estúpido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entreabrí la puerta, asomé la cabeza y grité.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Hola? ¿Hay alguien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmediatamente me pareció escuchar un gemido lastimero y un arrastrar de pasos que veían del interior, algo golpeaba una puerta en el pasillo que estaba cerrada y bloqueaba el paso. Decidí que mejor cerraba aquella puerta y me olvidaba por completo de aquel piso. Con la cabeza fría me di cuenta de lo idiota que había sido. Si aquella cosa hubiese estado en el pasillo me podría haber arrancado la cabeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me apoyé en el pasamanos sudando y reflexionando acerca de mi último movimiento. Debía tener cuidado, mucho más cuidado. No podía permitirme un fallo así otra vez. Regañándome terminé de inspeccionar el portal y llegué hasta el sótano con la puerta del garaje cerrada con llave. Todo despejado. Volví a subir las escaleras y llamé a la puerta. Natalia me abrió y se abrazó a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Has vuelto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro que he vuelto... Te lo había prometido. Ahora voy a bajar las maletas al portal, puedes ayudarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es seguro? - Preguntó Juan de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, he comprobado todos los descansillos y todas las puertas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vale, dejad ésta abierta por si tenéis que volver a la carrera. Si veo a alguno... -no terminó la frase, haciendo un gesto con la mirada hacia la pistola que tenía en el regazo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Natalia trató de ayudarme a bajar las bolsas. Aunque realmente fue de poca ayuda parecía ilusionada de ser útil, así que la dejé. Me embargó un extraño sentimiento de orgullo al verla tan decidida y dispuesta a colaborar. Tras varios viajes que me habían dejado casi agotado regresé al piso a por Juan de Dios. Lo encontré dejando una nota pegada con celofán en la puerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"3 supervivientes, nos dirigimos a Azuqueca de Henares. Tenemos comida, medicinas y armas."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después dejó las llaves puestas. Y me miró fijamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy listo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asentí y poco a poco bajamos la estrecha escalera hasta el portal. Mi corazón latía desbocado. Si alguna de esas cosas aparecía estábamos totalmente vendidos. Pero ninguna apareció. Me pareció escuchar un arañazo lejano al cruzar el rellano del primer piso, pero tragué saliva y continué hasta abajo. Una vez allí bebí algo de agua y descansé. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora llega la peor parte. No me gustan los sitios estrechos con esas cosas... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te cuento: Nuestra plaza es la 34, según sales por la puerta a la izquierda. Está cerca del ascensor. Antes tenía otra más lejos, pero la cambié con el dueño depués del accidente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo es el coche?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un BMW todoterreno de color negro metalizado, la matrícula acaba en DBG. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿La puerta de salida hacia dónde está?- pregunté levantándome y poniéndome una mochila ligera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Al fondo a la derecha. Saldrías a la parte de atrás del bloque. Para volver sigue recto y en la segunda gira a la izquierda, la primera es prohibida...-Se quedó un momento pensativo.- Supongo que eso no importa mucho ahora... Gira en cuanto puedas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pasó las llaves del garaje y las del coche. Tras explicarme cual servía para cada uno de mis cometidos me estrechó la mano. Natalia comenzó a llorar otra vez y la cogí en brazos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oye, ya te he dicho que vuelvo ahora. ¿Vas a portarte bien?- La niña asintió y se calmó un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para no ser tu hija de verdad se te da muy bien...- Comentó Juan de Dios- Dejé a Natalia en el suelo y ella se despidió de mí agitando su manita mientras me alejaba hacia la escalera de bajada al garaje. Sin saber muy bien por qué estuve a punto de echarme a llorar. Pero apreté los dientes y bajé el último tramo de escaleras. Esta vez venía preparado. Saqué un rollo de esparadrapo de la mochila y pegué la linterna bajo el cañón del fusil, de manera que no estorbase a su funcionamiento y me dejase las manos libres. Comprobé la munición, quité el seguro, coloqué la llave en la cerradura con muchísimo cuidado y pegué la oreja a la puerta. No escuché nada al otro lado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí la puerta con mucho cuidado y eché un vistazo. La oscuridad era total. De pronto escuché aquel gemido característico y el lento y torpe caminar de esas cosas. Otro oscuro garaje lleno de zombies, otro todoterreno. Esta vez no estaba Gema. "No puedo creer que estés haciendo esto... otra vez" Pensé mientras me adentraba en la oscuridad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminé un par de pasos y encendí la linterna un segundo, tapando luego el foco de luz con la mano. Traté de enfocar la luz de manera indirecta, para no estropear mi visión nocturna. Aún había varios coches en el garaje, la mayor parte vehículos familiares y pequeños utilitarios. Percibí movimiento a mi derecha y sonreí, giré a la izquierda caminé unos pasos lo más silencioso que pude y me apoyé en una columna. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucedió todo a una velocidad increíble. El fogonazo, el estampido del disparo y los trozos de columna cerca de mi rostro estallando y salpicando en todas direcciones. Caí aturdido. Reaccioné como pude y me arrastré tras la columna mientras otros dos disparos golpeaban cerca de donde estaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Te acuerdas de mí, soldadito?- Aquella voz hizo que un sudor frío recorriese mi espalda. Era la voz ronca de Eduardo, el padre de Natalia. Posiblemente nos había seguido, había visto las luces del piso, igual que nosotros. Como habíamos dejado el portal cerrado habría buscado otra entrada a través del garaje...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro disparo arrancó trozos de cemento muy cerca de mi cabeza. Apagué la linterna y me agazapé. Entonces un zombie se me echó encima, trató de apresarme y caímos al suelo rodamos luchando, forcejeando. Conseguí zafarme y lo pateé. En la oscuridad de la pelea había perdido el fusil. A lo lejos me parecía ver una fuente de luz y supuse que era el portón abierto por que el accedían y salían los vehículos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde está mi hija?- Gritó Eduardo. Pensé en contestar pero decidí no hacerlo para no delatar mi posición. - ¡Me obligaste a matar a mi mujer! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un nuevo disparo hizo blanco sobre el zombie con el que yo había estado luchando. El fogonazo me permitió ver a Eduardo, sucio, cubierto de sangre y con un muñón en vez de mano izquierda. Tenía que pensar algo, nuestra salvación dependía de que yo consiguiese el coche. Había perdido el fusil, estaba en un garaje oscuro lleno de zombies y con un maníaco psicópata con un arma dispuesto a matarme. "Estás bien jodido, esta vez estás bien jodido" pensé. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-2443172121617101419?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/2443172121617101419/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/11/capitulo-19.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/2443172121617101419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/2443172121617101419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/11/capitulo-19.html' title='Capítulo 19'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-5434070399904764388</id><published>2010-10-25T13:49:00.001+02:00</published><updated>2010-10-25T13:50:18.546+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias'/><title type='text'>Ganador del Evento Castle del Festival de Series</title><content type='html'>Vuestro servidor y autor de este blog participó el pasado viernes en el Evento Castle del Festival de Series de Madrid. El evento, que se celebró en la tienda Sony Style de Serrano, consistió en un desayuno, el visualizado del primer capítulo de la tercera temporada, sobre el que los partipantes debían inventarse un final alternativo. A pesar del alto nivel de los participantes en general, un momento de inspiración me hizo alzarme con el primer premio, un netbook vaio que espero aprovechar para escribir muchos capítulos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.axn.es/evento-castle"&gt;http://www.axn.es/evento-castle&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-5434070399904764388?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/5434070399904764388/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/10/ganador-del-evento-castle-del-festival.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5434070399904764388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5434070399904764388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/10/ganador-del-evento-castle-del-festival.html' title='Ganador del Evento Castle del Festival de Series'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-267024407740267058</id><published>2010-10-21T21:33:00.002+02:00</published><updated>2010-10-21T21:33:43.692+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 18</title><content type='html'>Sentado en la oscuridad de una cocina sucia y llena de cacharros por fregar, apuré aquel horrible café que sin embargo me supo a gloria. Observé en silencio como la pequeña jugaba al parchís con Juan de Dios como si se conociesen de toda la vida. Una isla de alegría e ingenuidad en un mar de cadáveres. Ahora que la sed de venganza que me había consumido se apagaba, mi conciencia comenzaba a aguijonear mi cabeza y cada vez que cerraba los ojos los rostros de aquellos hombres a los que había matado a sangre fría aparecían con ojos enrojecidos y jirones de carne desprendiéndose de las mejillas, tratando de devorarme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ya habrá tiempo para pagar por ello"- Pensé. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan de Dios estaba terriblemente delgado, el cabello sucio y despeinado y una rala barba de varios días que justificaba con un "Cuando se acabó el agua dejé de afeitarme" le daban un aspecto harto lamentable. Las gafas cuadradas de pasta que en otro tiempo debieron enmarcar un rostro atractivo, quedaban ahora suspendidas sobre la afilada nariz pareciendo estar siempre a punto de caer al vacío para hacerse añicos. Pero sin duda, lo que mas llamaba la atención de él era la silla de ruedas. Aquella silla que le ataba no sólo a él, sino ahora a nosotros, y que había trastocado todos mis planes. Y me ataba, porque pensaba cumplir la meta que me había auto impuesto. No abandonar a nadie más, no perder a nadie más. Resoplé tratando de espantar los fantasmas que rondaban mi cabeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Más café? Se que sabe a rayos, pero es que no pude bajar a la tienda a comprar nuevos filtros. -Bromeó con voz entrecortada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Natalia jugaba tranquila en el salón alumbrada por una pequeña vela que bailaba al son de la brisa que entraba por las ventanas abiertas. A pesar de todo, el calor de la noche seguía siendo sofocante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es tu hija? - Preguntó Juan de Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, bueno... supongo que ahora si. -Traté de evitar contar la penosa historia. Me observó durante un tenso e incómodo silencio.- ¿Tú tenías familia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si... mujer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde está?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi mujer huyó cuando todo esto empezó. -Proclamó con una serenidad que no dejaba lugar a dudas sobre la veracidad de sus palabras. Aquello me conmovió terriblemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Fue a por ayuda, o algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, me dejó aquí. No nos llevábamos bien... ella se marchó con su amante. -Masticó las últimas palabras tratando de digerirlas según las decía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se si fue lástima, camaradería masculina o simplemente empatía hacia otro ser humano que sufría. Puse la mano en su hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no voy a dejarte aquí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan de Dios estalló en lágrimas y se agarró a mi brazo sollozando, de ira, alivio y dolor. Natalia dejó de jugar y nos observó en silencio, caminó en pequeños pasos hasta Juan de Dios y preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué lloras? ¿Te duele algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lloro de alegría, Natalia. - Consiguió decir recomponiéndose, y estrechando mi mano se alejó para encender el infernillo con el que cocinaba para preparar mas café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, con Natalia acostada, le referí punto por punto mi aventura, mientras que él asombrado asentía metódicamente. Me costó trabajo narrar la parte en que mataba a aquellos hombres, pero si quería confiar en él y quería que él confiase en mi, debía de ser sincero, a fe de que supiese muy bien con quién estaba tratando. Cuando terminé mi historia, Juan de Dios tenía aspecto afectado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Has pasado por un infierno para reunirte con ella. -Yo asentí con la cabeza incapaz de describirlo mejor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya sabes adonde voy. Te lo preguntaré porque no quiero dar nada por sentado. ¿Quieres venir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, si crees que puedes sacarme de aquí sin poner en peligro a la niña...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tendremos que pensar como hacerlo... no creo que mi coche sirva ya de mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo un todo terreno en el garaje. El coche de mi mujer... Ella se fue en el de su... amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde está? -Pregunté de sopetón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está en el segundo sótano. - Lo miré invitándolo a continuar.- Los ascensores no funcionan y las escaleras son antiguas y estrechas... Además puede que haya algunas de esas cosas en el garaje. Los últimos en marchar dejaron el portón abierto de par en par...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un plan comenzó a perfilarse en mi mente. Si no había demasiadas de esas cosas en el sótano podríamos intentar hacernos con el todo-terreno. Me levanté y examiné la silla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué tienes en mente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te ayudo a llegar al portal. Te quedas con Natalia mientras yo entro allí y saco el coche. Doy un par de vueltas tocando el claxon para alejarlos del portal. Luego regreso, dejo el coche lo mas cerca que pueda del portal, montáis a toda prisa y nos vamos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dicho así parece hasta sencillo... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Eres rápido con esa silla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si me ayudas a bajar las escaleras creo que podré apañármelas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revisé mis armas y le tendí la pistola. Quedándome yo con uno de los rifles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabes usar esto?- Pregunté con tono serio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nunca había visto una tan de cerca... -Murmuró cogiendo el arma con cierta repugnancia mezclada con fascinación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé un rato enseñándole a cargar y descargar el arma, colocar y quitar el seguro y a apuntar con algo de cuidado. Después el cansancio comenzó a vencerme y me instalé en el sofá junto a un sillón donde Natalia dormía hecha un ovillo. Apagamos las velas y quedamos a oscuras. A lo lejos, entrando por las ventanas, se escuchaban los tristes gemidos de los muertos vivientes vagando por las desoladas calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Juan... ¿Cómo...? - No fuí capaz de terminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo me quedé paralítico? - Terminó él. Yo asentí sin darme cuenta de que él no veía. Tras una pausa continuó.- Tuve un accidente de coche. Una noche tras una fiesta. Me había tomado un par de copas... y me salí de la carretera. Caí por un terraplén dando vueltas de campana y fui a dar contra el pilar de un puente. Los bomberos tardaron horas en sacarnos de entre los hierros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ibas con tu mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, ella se rompió una pierna y se hizo un esguince en el cuello. Pero yo me llevé la peor parte. Desde entonces ya nada fue lo mismo... -Se quedó pensativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacías antes de los zombies? - Cambié de tema con una naturalidad que me dejó pasmado. Nos echamos a reír ante la pregunta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Peritaba coches para una compañía de seguros... tiene gracia... Después pasé años tratando que la Comunidad de Madrid me ayudara a financiar un coche adaptado... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y tu mujer...? -Se hizo un silencio incómodo.- Perdona, debe ser duro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, tranquilo, tú me has contado todo... -tragó saliva.- Cuando me quedé lisiado ella lo pasó mal también. Durante una temporada estuve hecho polvo, los dos en realidad, necesitamos terapia para superarlo y esas cosas. Nuestra vida cambió mucho... Yo me volví huraño y retraído... Y ella... bueno, se buscó un monitor de tenis nueve años más joven que ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que putada.- Se me escapó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Decía yo no era un hombre completo... que no...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te mortifiques. No merece la pena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pensé que vivía en el infierno. Hasta que aparecieron los muertos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos en silencio... y poco a poco el sueño me acabó venciendo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-267024407740267058?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/267024407740267058/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/10/capitulo-18.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/267024407740267058'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/267024407740267058'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/10/capitulo-18.html' title='Capítulo 18'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-2680846550710301297</id><published>2010-10-21T09:48:00.000+02:00</published><updated>2010-10-21T09:48:36.603+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='noticias'/><title type='text'>Noticias</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hola a todos. Se que hace mucho tiempo que no actualizo este relato y antes de nada os pido discupas. Muchos estáis esperando el capítulo 18 y os prometo que estará lo antes posible disponible. Veréis que le hemos añadido algunas secciones al blog. En principio el cambio más importante es la creación de esta sección de noticias y la advertencia de contenido para adultos antes del acceso. Cambios que me parecían lógicos. El primero de ellos motivado en que voy muy retrasado con esta historia y me gustaría contaros por qué. Además de actualizar con noticias de interes y recursos. El segundo de estos cambios es tan sólo una precaución debido al lenguaje y el contenido de violencia y gore. De momento no creo que haya sexo explícito en el relato (pero quien sabe...).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;Akacia Zombie Chronicles&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Voy a estrenar la sección de noticias con publicación de &lt;b&gt;Akacia Zombie Chronicles&lt;/b&gt; &lt;i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;número&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;  1 que será presentado                por primera vez en el Salón del manga de Barcelona los  días del 29 de Octubre                al 1 de Noviembre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más info en &lt;a href="http://www.akaciazombi.com/"&gt;Akacia&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Autores: &lt;/b&gt;F4raday, Kike y José (Soul Ink                Studios)&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Páginas&lt;/b&gt;: 60 B/N&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tamaño&lt;/b&gt;: 17x24&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Encuadernación&lt;/b&gt;:                 Rustica (lomo)&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Portadas a color y                glasofonadas.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Precio:&lt;/b&gt; 4 €&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Sinopsis:&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;               &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“&lt;b&gt;Akacia Zombie Chronicles&lt;/b&gt; es  un comic de                terror, donde exploraremos la parte más oscura y  escalofriante si                cabe, de un mundo plagado de infectados y sus  supervivientes al                apocalipsis. Donde poco a poco podremos ir descubriendo  los                secretos guardados en cada una de las historias como si de                 pequeñas piezas de un puzzle se tratase, el cual iremos                completando, encajando hasta formar una visión general del  mundo                que hemos creado para vosotros.&lt;br /&gt;Esperamos que nos  acompañéis en                este viaje que acaba de empezar.”&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TL_ttEHBrqI/AAAAAAAAAgw/EcdGCWq1XQM/s1600/portada.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="224" src="http://3.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TL_ttEHBrqI/AAAAAAAAAgw/EcdGCWq1XQM/s320/portada.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Os deseo mucha suerte en vuestra andadura.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;MangaMagazine: Original Manga From Authors Around The World&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TL_v6hZtHII/AAAAAAAAAg4/tLs5AUxo2eQ/s1600/50f438312b20ed6a2adb646f0b1a66d3.jpeg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TL_v6hZtHII/AAAAAAAAAg4/tLs5AUxo2eQ/s1600/50f438312b20ed6a2adb646f0b1a66d3.jpeg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TL_v6hZtHII/AAAAAAAAAg4/tLs5AUxo2eQ/s320/50f438312b20ed6a2adb646f0b1a66d3.jpeg" width="240" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;La segunda de las noticias de hoy, y en parte culpable del retraso que llevo en el relato es esta editorial estadounidense que publica mangas originales de diversos autores, entre ellos varios españoles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://mangamagazine.net/"&gt;MangaMagazine&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.facebook.com/home.php?#%21/pages/MangaMagazinenet/135295323168650"&gt;MangaMagazine en Facebook&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y digo que es en parte culpable porque uno de los autores es &lt;b&gt;Pandapon Studio&lt;/b&gt;, del cual formo parte como escritor/guionista, siendo la dibujante mi esposa, la genial &lt;a href="http://kamapon.com/"&gt;Kamapon&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra historia se llama &lt;a href="http://www.mangamagazine.net/manga/12"&gt;Midnight Hunters&lt;/a&gt;, y podéis leerla DE FORMA GRATUÍTA (eso si, en inglés), en la propia web de MangaMagazine. Para leer más allá del capítulo 3 hace falta registrarse en la web, es un proceso de nuevo gratuíto y no te mandan publicidad, ni spam, ni nada. Además, puedes participar en los foros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TL_urEey_-I/AAAAAAAAAg0/i1pynEPoCZs/s1600/logotrans_bigger.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-2680846550710301297?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/2680846550710301297/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/10/noticias.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/2680846550710301297'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/2680846550710301297'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/10/noticias.html' title='Noticias'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_OJ9otkfBs1U/TL_ttEHBrqI/AAAAAAAAAgw/EcdGCWq1XQM/s72-c/portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-6895856464663369379</id><published>2010-04-08T19:54:00.000+02:00</published><updated>2010-10-21T09:17:06.999+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 17</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Caminé por la carretera con la niña en absoluto silencio hasta que fue evidente que estaba demasiado débil para dar un paso mas. Con un suspiro de resignación la subí sobre mis hombros. Cuando recordé que la habían mordido y que podía convertirse en una de aquellas cosas en cualquier momento me dieron escalofríos y se me erizó el pelo de la nuca. Pero aún así no la bajé y continuamos el camino hacia no sabía muy bien dónde. Cada paso se me hizo eterno bajo el sol abrasador. Seguía la carretera casi por inercia, hastiado, cansado y con el cuerpo molido tras lo ocurrido en la casa. Perdí la noción del tiempo, pensé que llevábamos horas caminando, me sentí agotado y decidí hacer un alto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé a la acequia para reponer agua en la cantimplora. Mientras esperábamos a que las pastillas hiciesen efecto potabilizando el agua, Natalia se sentó junto a la acequia abrazando sus pequeñas rodillas. No había dicho una palabra desde que salimos de la casa. De alguna forma parecía muerta en vida. Me costó contener las lágrimas, me sentí mas vacío que nunca. En todo aquel viaje de pesadilla no había sido capaz de salvar a nadie. Ni a Helena, ni a Gema y ahora iba a perder a Natalia. Apenas la concía, pero intuía que su vida había sido dura, con un padre criminal en la cárcel al que conoció apenas unos instantes. El poco apego que parecía mostrar por su madre me indicaba que possiblemente se hubiese criado con otra persona, tal vez los abuelos. Una vida dramática que iba a quedar truncada de una forma abrupta. Nadie se mería eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quieres refrescarte un poco? -Pregunté. La niña asintió se quitó el peto vaquero y la camiseta que llevaba y se metió en el agua fresca que a ella casi le llegaba a la cintura. Mientras chapoteaba me di cuenta de la marca de dientes en su brazo que antes tapaba la raída camiseta.-Natalia... ¿Te duele el brazo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella negó con la cabeza. Me senté en el márgen y examiné con cuidado el bracito de la pequeña. La herida estaba curándose y la fiebre había remitido. Volví a examinar el brazo. No podía creerlo. Yo no soy médico pero sabía reconocer una herida que empieza a cicatrizar. Los bordes no estaban enrojecidos, no había infección, ni pus, la zona no tenía una temperatura anormal. Era cierto, aquella herida estaba sanando. Un torrente de sensaciones me embargó que no sabía clasificar. La niña no iba a morir, no iba a convertirse en una de aquellas cosas y yo no iba a tener que presenciarlo y acabar con ella de una manera definitiva para que pudiera descansar en paz. Era inmune, igual que yo. Aquello traía una nueva esperanza. Con dos sujetos inmunes las probabilidades de encontrar una característica común que nos hiciera resistentes a la infección eran mucho mas altas. Reí aliviado y mi risa se contagió a la pequeña que por primera vez, me sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabes? Yo tengo una igual...-le dije señalando la marca. Giró la cabeza con curiosidad y descubrí mi hombro para enseñarle la cicatriz del mordisco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi padre dijo que a los que les muerden se vuelven como ellos. - Murmuró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No siempre. Mira, yo soy bastante normal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Natalia se rio y me acarició la barba con su mano diminuta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, pareces normal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel gesto fue como un revulsivo. Mi ánimo regresó y empecé a tener algo que creía haber perdido en el túmulo donde enterré a Gema... esperanza.&amp;nbsp; Me levanté e indiqué a Natalia que se vistiera. Compartimos una barrita energética y continuamos hacia el noreste. La niña parecía encontrarse bastante mejor y parecía mas activa y animada. Aún así no se soltaba de mi mano. El sol estaba ya bastante bajo cuando encontré el todoterreno donde lo había dejado. Presentaba un aspecto lamentable. Por suerte había limpiado los cristales y parte de la sangre del asiento del copiloto. Aún así, una oscura mancha era el triste recordatorio de Gema. Montamos en el coche e hice que su pusiera el cinturón de seguridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es tu coche?-preguntó con curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, es de una amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde está tú amiga?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Murió.-Lo dije sin pensar, y cuando estaba empezando a arrepentirme, la pequeña me cogió la mano y me sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos así unos instantes. Yo no sabía bien que hacer o que decir. Aquella niña no paraba de sorprenderme. Conduje despacio hacia la carretera y pronto estuvimos de nuevo en camino. Iba deliberadamente lento, tratando de no volver a caer en una emboscada o de pasar por alto algún detalle. Una señal me indicó que estábamos a un par de kilómetros de Torrejón de Ardoz. Yo conocía la población, que había visitado muchas veces de niño cuando mis tíos vivían allí. Sabía que la parte norte de Torrejón daban a la carretera nacional que llevaba al noreste, hacia Barcelona, y que pasaba por Guadalajara. Esa era la ruta que debía tomar.Continué mi camino mientras el sol se ponía y se hacía de noche. Agradecí la brisa fresca en el rostro y hasta la niña reía sin motivo aparente. De pronto la carretera se bifurcó y frené casi en seco. El camino de la derecha llevaba hacia Alcalá de Henares mientras que siguiendo adelante me dirigiría hacia Torrejon. Desde donde estaba ya podía ver algunos de los edificios a pesar de la total oscuridad. El camino de la derecha parecía mucho mas rápido y libre de encuentros que cruzar la ciudad, giré el volante y cuando me disponía a arrancar Natalia señaló hacia la ciudad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay luz allí. -su manita señalaba un punto de luz entre los edificios. Saqué apresuradamente los prismáticos y distiguí una ventana iluminada por una luz tililante, posiblemente una vela. Se trataba de un cuarto piso en un bloque enorme de ladrillo descubierto. La posibilidad de que allí hubiera otro superviviente me hizo dar un respingo. Tenía que elegir. Miré a Natalia que seguía señalando el punto luminoso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos a ver quien es. -Dije. Y enderezando el volante conduje hacia Torrejón. Me aproximé despacio a la ciudad, evitando los coches parados y abandonados en las cunetas. De pronto percibí movimiento y me di cuenta que la ciudad estaba plagada de muertos vivientes atraíados por el ronroneo del motor. Aceleré el paso y embestí a uno de ellos que se puso delante de los faros. El faro quedó oscurecido por la negruzca sangre del hombre. Natalia comenzó a gritar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No grites cielo, tápate los ojos y no mires hasta que yo te lo diga. -La niña obedeció llorando y yo pisé el acelerador mientras me internaba de lleno en la ciudad. Maniobré violentamente tratando de esquivar maletas abandonadas, cuerpos en descomposición, y todo tipo de enseres. La huida desesperada y los saqueos habían convertido aquellas calles en una zona de guerra. Golpee a dos zombies que cayeron pesadamente como los bolos. No había farolas y las únicas luces eran las del coche. Di varias vueltas en una zona en la que créia que había visto la luz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡La luz, está ahí!- gritó la niña. Había pasado por delante del portal sin darme cuenta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creía que tenías los ojos tapados...-la regañé cariñosamente. Di marcha atrás despacio atropellando a dos mas de aquellas criaturas. En la penumbra se percibían a decenas de ellos caminando por la calle. Toqué el claxon del coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh!¡Los de arriba!-Guardé silencio. Los sonidos de arrastrar pies y los gemidos comenzaron a acercarse. Paré el motor, liberé a Natalia del cinturón y bajé del coche. Golpeé a uno que se había llegado demasiado cerca, cogí a la niña en brazos, me cargué el hatillo con mis cosas y disparé hacia los zombies mas cercanos con el fusil. Las detonaciones restallaron contra el bloque de ladrillos y los fogonazos me iluminaron una escena desoladora. Había decenas de ellos avanzando hacia el coche. No podía apuntar con cuidado así que disparé un par de ráfagas bajas. Algunos cayeron al suelo y comenzaron a arrastrarse hacia mi con los restos cercenados de sus piernas. Al menos había ganado tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Aquí, en el cuarto!- Una voz masculina se alzó en medio del tiroteo. Miré hacia la ventana y distinguí a un hombre que hacía señas. -¡El portal 19!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrí todo lo aprisa que pude hasta el portal y me estrellé con una puerta cerrada con llave, no había electricidad, por lo que no podían abrirme con el portero automático. Tenía que pensar con rapidez. Se trataba de una puerta vieja de forja con cristales reforzados. Retrocedí y poniendo a Natalia tras de mí disparé a uno de los cristales de la esquina inferior. Quité los restos con la culata del fusil y me giré hacia la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Natalia, necesito que hagas una cosa por mi.- Ella me miró llorando. - Tienes que entrar por ese barrote y abrirme la puerta desde dentro.¿Podrás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero esta muy oscuro... -protestó entre lágrimas. Los muertos avanzaban, Hinqué rodilla en tierra para afianzar mi puntería y conseguí tumbar a dos de ellos en 5 disparos. Pero seguían avanzando inexorablemente. Miré a Natalia una vez mas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Natalia, por favor. Tienes que ser valiente ahora. Yo se que eres una niña valiente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún lloriqueando Natalia se introdujo entre los barrotes de forja y se perdió en la oscuridad del portal. Pasaron unos segundos agónicos, me coloqué con la espalda contra la puerta. Disparé hacia los zombies una y otra vez... Algunos caían, otros seguían avanzando como si nada y entonces el fusil hizo clic. Tardé un par de segundos en darme cuenta que me había quedado sin balas. Una mujer a la que faltaba medio rostro se me echó encima, la golpée con la culata y cayó junto a mi. Me agarró la bota y la pateé con fuerza la cabeza. Otro trató de cogerme el brazo. Se me echaron encima, veía sus ojos sin vida, sus fauces abiertas. Era el fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta se abrió de golpe y caí de espaldas dentro del portal. Grité de alivio y cerré la puerta de una patada. Natalia estaba allí aún llorando. Corrí hasta ella y la abracé. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo has hecho muy bien, nena. Estoy orgulloso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se colgó de mi cuello con sus pequeños bracitos y lloró desconsoladamente. Subí las escaleras con la pistola en la mano y pegado a la pared, revisando con cuidado cada descansillo con la linterna. El bloque estaba vacío. Algunas puertas estaban abiertas de par en par y había ropa y cosas que la gente había tenido que dejar atrás esparcidas por el suelo. Tuve un momento de triste nostalgia de mi casa. Llegamos al cuarto y golpeé todas las puertas con la culata de la pistola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh! ¡Abra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las puertas se abrió con un chirrido. En el interior había un hombre de unos treinta años sujetando una vela, llevaba el pelo sucio y ensortijado y la barba muy desarreglada, se ajustó las gafas y sonrió ante mi expresión de sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me llamo Juan de Dios... y si... estoy en silla de ruedas...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-6895856464663369379?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/6895856464663369379/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/04/capitulo-17.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/6895856464663369379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/6895856464663369379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/04/capitulo-17.html' title='Capítulo 17'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-5527604618147864916</id><published>2010-03-16T15:03:00.001+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:04.218+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 16</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como en un extraño sueño escuchaba voces desconocidas en la lejanía, sin poder ubicar exactamente su procedencia. No reconocí a las personas que hablaban, pero estaba claro que hablaban sobre mí. &lt;br /&gt;Mi mente, aún aturdida por el golpe, pareció recuperar de pronto parte de sus facultades, supongo que el instinto de auto conservación es así de fuerte, cuando comprendí que estaban discutiendo acerca de qué hacer conmigo. &lt;br /&gt;Mi cabeza ardía de dolor y notaba el pelo pegajoso, probablemente de mi propia sangre. Estaba atado con las manos a la espalda y tendido en el suelo. Fingí que seguía inconsciente y tan sólo entreabrí los ojos lo suficiente para constatar que estaba en el salón de la casa que había visto a través de la ventana. Mis cosas estaban desparramadas por el suelo, menos las armas, que no localicé en ese vistazo. La estancia olía fatal y si hubiera tenido algo en el estómago seguro que hubiera vomitado. Mis captores hablaban desde el otro lado de la habitación, donde debía estar la mesa con el cuerpo. Desde mi posición no podía verlos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me da igual lo que digas Eduardo, voy a matar a ese 'hijoputa'.- escuché la voz ronca de un primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A ver si te enteras, que no vamos a matarlo aún. Es un soldado... - contestó quien supuse sería Eduardo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué? -Le interrumpió una tercera voz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenemos que saber si hay más soldados por aquí y si nos están buscando. ¿Qué hacía solo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si es un desertor? Yo creo que es uno de los que iban en el todo terreno de anoche, ese es el desgraciado que mató a mi hermano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vale, si es él te aseguro que le sacamos las tripas, pero antes tenemos que saber qué hacía por aquí. -Sentenció Eduardo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto escuché abrirse una puerta y las voces cesaron. Una voz rompió el silencio. Me quedé helado al escucharla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Papá... ¿puedo ver a mamá?- la voz procedía de una niña, tendría 6 ó 7 años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, Natalia. Ya te he dicho que está enferma y no puedes molestarla. Y ahora vuelve a tu cuarto. -contestó el que identifiqué como Eduardo.Volví a escuchar la puerta y los adultos retomaron su conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eduardo tío... ya se que era tu mujer... pero tenerla ahí... así... no se... joder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué quieres que haga, que la pegue un tiro? ¿Se lo darías tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tío, joder, no te encabrones, sólo digo que no es normal. Además... ¿Qué vamos a hacer con la cría? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo se...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Edu, la han mordido... En unas horas va a estar igual que la madre...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es mi hija...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero si no las has visto en 6 años, en el trullo no la mencionaste ni una sola vez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Déjame! ¡Coño! ¡Ya lo pensaré! Además, aquí mando yo ahora, ¿no? Pues sal de una puta vez a ver si nos van a haber oído los putos muertos o vamos a tener soldados en la puerta, coño... que si no llego a aparecer el pringao ese os empapela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se escucharon ruidos de pasos y la puerta cerrarse. Me atreví a abrir un poco más los ojos y a mover ligeramente la cabeza. Eduardo estaba sentado en el sofá fumando. Se trataba de un tipo desgreñado, con barba tupida, muy delgado. Su expresión era arisca. Llevaba una camisa de franela arremangada y unos vaqueros. En los brazos, delgados y con las venas muy marcadas, se apreciaban tatuajes descoloridos hechos probablemente con tinta de bolígrafo en una celda. Se trataba sin duda de presidiarios fugados. Hasta aquel momento no lo había pensado. ¿Qué habría ocurrido con todas aquellas personas? ¿Habrían dejado morir a toda esa gente dentro de sus celdas? Sólo pensarlo me hacía sentir vértigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ya estás despierto, soldadito? - Me miró fijamente a los ojos. Una mirada fría, carente de emoción, una mirada de depredador. Se levantó, cogió una pistola de una mesita cercana y se acercó a mí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que tenía que pensar rápido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi pelotón me estará buscando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que busquen, ya nos arreglaremos con ellos. Ahora tú y yo vamos a jugar a un juego... yo te pregunto... y tú me dices la verdad. Porque quieres decirme la verdad, ¿verdad soldadito? - Me limité a mirarle fijamente. Trataba de no mostrar miedo, aunque por dentro estaba aterrado. - ¿Cuantos sois?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Una compañía entera. -Mentí tratando de no desviar la mirada. Mi voz no sonó tan convincente como esperaba. Me golpeó con la culata del arma en el hombro, el dolor terminó de despertarme. - Unos 50, más o menos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nos estáis buscando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estamos buscando un grupo de presos fugados...- traté de asociar una prisión cercana a la zona en mi mentira - de Alcalá-Meco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hijos de puta... ¿Tú crees que a los muertos de ahí fuera les importa ya lo que hayamos hecho? ¿Es que ni en el puto fin del mundo nos vais a dejar en paz? - Había dado en el clavo. Me pateó con saña y yo me retorcí tratando de amortiguar un poco el golpe. Una patada en la boca del estómago me dejó sin respiración. Se abrió la puerta y entraron los otros dos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Te estás divirtiendo, Edu? -dijo uno con sorna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Deja algo para mí - pidió el otro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo una idea mejor. Ayudadme a levantarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin mucho miramiento me levantaron entre los tres y me arrastraron junto a una puerta que tenían cerrada y bloqueada con una silla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No irás a...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quita la silla y abre cuando yo te diga. -Dijo Eduardo con calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro lado de la puerta se escuchaban quejidos lastimeros. Yo ya sabía lo que había dentro. Su esposa, o al menos la que una vez lo fue, convertida en un muerto viviente. Tenía que mantenerme firme. Aún tenía alguna posibilidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta se abrió apenas una fracción de segundo y fui arrojado hacia el interior de aquella habitación. En mi camino tropecé con un cuerpo que olía ya a descomposición y ambos caímos al suelo estrepitosamente. La puerta se cerró tras de mí. Las persianas estaban completamente bajadas y la oscuridad de la habitación era total. Mi corazón se aceleró, estaba encerrado en una habitación oscura con un zombie, con las manos atadas a la espalda y sin posibilidad aparente de escapar. Me enfrentaba a la peor situación imaginable. Sin embargo esta vez no perdí los nervios. Llamémoslo evolución traumática, pero estaba dispuesto a luchar hasta el final, estaba dispuesto a sobrevivir. No sabía si aquella cosa podía verme en aquella negrura así que tenía que moverme con rapidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodé por el suelo y me incorporé como pude retrocediendo hasta tener la espalda contra algo sólido. Por la textura de madera supuse que sería un armario. Escuché un gemido y un crujido y supuse que la cosa se estaba levantando. Me agazapé y traté de avanzar pegado a la pared hacia mi derecha, palpando con las manos a mi espalda buscando algo con lo que cortar las cuerdas. La cosa se me echó encima, noté sus manos buscando mi cuello y el olor fétido que provenía de su boca. Salté hacia delante dando un cabezazo y noté como aplastaba hueso con el impacto. El golpe me aturdió, y caí de lado. Noté los pies del zombie arrastrándose cerca de los míos y patee un tobillo con todas mis fuerzas. Surtió efecto y el cadáver cayó estrepitosamente de espaldas. Me incorporé de nuevo y retrocedí hasta tropezar con lo que parecía un escritorio. Palpé como pude la mesa buscando algo útil. Y la fortuna, que parecía haberme esquivado tanto tiempo, me sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toqué algo de cristal, un vaso. Lo cogí con las puntas de los dedos y traté de romperlo. Mi vista se había habituado un poco a la penumbra y aunque no veía nada, distinguía contornos. Y pude distinguir el de aquella mujer avanzando una vez más hacia mí. Cargué con el hombro, bajando el centro de gravedad y esta vez la derribé sin perder yo el equilibrio. El vaso se me escapó y cayó al suelo en un estallido de cristales rotos. Maldije mientras me arrodillaba con cuidado, me dejé caer de culo y noté como un fragmento de cristal se clavaba en mi pierna. Grité, mas movido por la desesperación que por el dolor, y palpé con las manos. Encontré un trozo de cristal y comencé a arañar las cuerdas con él. El zombie volvió a la carga de pronto y se arrojó sobre mí. Me eché a un lado por los pelos y apenas alcanzó a arañarme la cara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noté como se deslizaba un goterón caliente por mi mejilla y el ardor del corte. Estaba cansado y aturdido, pero debía continuar. El cristal había debilitado la cuerda y con un fuerte tirón conseguí aflojarla. Con un grito de triunfo liberé mis manos justo a tiempo para sujetar la cabeza de aquella cosa e impedir que me mordiese en la cara. Yo era considerablemente más grande, así que hice fuerza con mi peso y conseguí rodar hasta colocarme encima, forcejeamos durante unos momentos que se hicieron agónicos y eternos hasta que conseguí zafarme de su abrazo lo suficiente para levantarme. Me moví hacia la izquierda y topé con una cama. Me golpeé en la espinilla y aullé de dolor. Percibí al cadáver, que se levantaba una vez más, implacable. Aquella era una pelea que no podía ganar, no de este modo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me lo pensé, levanté de un tirón el colchón de la cama y me lancé con él por delante a modo de escudo contra aquella cosa. El impacto fue brutal y caí encima, aplastándola. Seguía moviéndose. Me levanté con rapidez y volqué el armario sobre ella. Quedó atrapada debajo, aún se movía, pero parecía incapaz de liberarse de aquello. Grité de triunfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh, cara culo! Me he cargado a tu señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reacción no se hizo esperar y la puerta se abrió de golpe. Entraron los tres en tropel, yo tenía ventaja, ya que con la poca luz que entraba por la puerta yo les veía perfectamente mientras que ellos estarían cegados durante unos segundos. Esa ventaja me iba a durar poco así que tenía que actuar. Cargué contra el primero de ellos y hundí mi cabeza en su estómago, lo que le hizo doblarse. Me levante entonces de golpe y mi cabeza impacto con su barbilla. El eco del golpe me dejó atontado. El tipo cayó al suelo con la boca borboteando sangre, se había mordido la lengua. Un golpe desde la derecha me derribó. Y caí junto al armario. Esquivé por los pelos la garra del zombie que aún bajo el armario luchaba por atraparme. Gatee hacia atrás y cogí otro trozo de cristal. El segundo de aquellos tipos cargó hacia mí y tropezó con la mano, que lo agarró por el tobillo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se paró un segundo, con cara de sorpresa, dándome una ventaja que tenía que aprovechar, salté hacia adelante y le clavé el trozo de cristal en el cuello. Noté sangre caliente en la mano, era mía. El cristal me había hecho un corte profundo. El tipo me miró con cara de estúpido, con aquel cristal clavado en el cuello. Después cayó de rodillas y se desplomó sobre su estómago en el suelo. Un disparo tronó en la habitación. Y astillas de madera saltaron cerca de mi cuerpo. Eduardo había disparado desde el otro lado de la habitación. Había fallado por unos centímetros. Patee con fuerza el armario, y se desplazó lo suficiente para golpearle en las piernas, trastabilló y erró el segundo disparo, que se estrelló cerca de mi cabeza. Recuperó el equilibrio apoyándose en la cama. Apuntó hacia mí y se quedó helado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mover el armario había liberado a su esposa de su cautiverio. El zombie se empezó a levantar despacio. Eduardo dudó. Yo no. Corrí hacia la puerta y salté al otro lado. Un tercer disparo impactó en el marco. Corrió tras de mí, pero yo le estaba esperando, agarré la silla que usaban para bloquear la puerta y mientras cruzaba a toda prisa el umbral se la estampé en la cara. El golpe lo dejó sentado de culo y el arma salió despedida hasta caer en el otro lado de la habitación. Traté de llegar a ella pero me hizo la zancadilla. Se arrojó sobre mí y luchamos en el suelo. Rodamos por el suelo golpeándonos con saña, mordiéndonos, arañándonos. Y quedó sobre mí. Sus manos rodeaban mi cuello. Traté de liberarme y no pude. Manotee en el aire buscando una salida y topé con la fría mano del cadáver sobre la mesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agarré aquella mano y con las fuerzas que me quedaban tiré. El cadáver de la mesa volcó y cayó sobre nosotros, el golpe desplazó a Eduardo lo suficiente para que pudiera quitármelo de encima. Lo pateé para alejarlo y cogí la pistola. Corrí hacia la puerta abierta, donde el zombie comenzaba a salir y de un empellón lo empujé nuevamente dentro. Cerré la puerta y me giré hacia Eduardo, que trataba de alcanzar una escopeta que había cerca del sofá. Disparé al aire y se quedó quieto como una estatua. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mírame a la cara, cabronazo.-Le dije. Se giró y retrocedió hasta la pared. Avancé hacia él apuntando a su cabeza. -Mírame a la cara para que sepas quién va a mandarte al Infierno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí estaba, mirándome a un espejo sin reconocerme decidiendo si apretar el gatillo, o no. Se escuchó una puerta abrirse y vi a una niña pequeña, de unos 6 años, el pelo castaño y los ojos azules, llena de pecas. Me miró asustada. Aquella mirada me hizo recordar quién era. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Natalia, coge tus cosas, nos vamos. -La niña no hizo preguntas ni se extrañó de que supiese su nombre, volvió a su cuarto y comenzó a meter sus escasas pertenencias en una mochila con la imagen del pato Donald. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué crees que haces? - me dijo Eduardo desde el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se viene conmigo. - Sin dejar de apuntarle con una mano recogí mi equipo y todas las armas, lo envolví todo en una manta sucia e hice un petate. La niña salió de su cuarto y me cogió la mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y mamá?-Me preguntó la pequeña. La cogí en brazos y me dirigí a la puerta de salida. La dejé allí un segundo. Entré, abrí la puerta donde el zombie seguía arañando y gimiendo y salí de la casa cerrando tras de mí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mamá se queda... tiene algo que discutir con tu padre. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-5527604618147864916?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/5527604618147864916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/03/capitulo-16.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5527604618147864916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5527604618147864916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/03/capitulo-16.html' title='Capítulo 16'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-2807455731981871335</id><published>2010-02-10T23:18:00.002+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:01.230+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 15</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No, no me dispares... -&lt;span class="misspell" suggestions="gimió,gimo,gemí,gima,gime"&gt;gimi&lt;/span&gt;ó alzando una mano en gesto de súplica. El hombre tenía la boca llena de sangre y le faltaban algunos dientes, que tras el ú&lt;span class="misspell" suggestions="limo,limó,timo,timó,ultimo"&gt;ltimo&lt;/span&gt; golpe, &lt;span class="misspell" suggestions="haba,han,ha,hao,has"&gt;hab&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions="Ana,ano,aun,año,aún"&gt;an&lt;/span&gt; saltado hechos pedazos por el desordenado suelo de la &lt;span class="misspell" suggestions="habitación,habita,habitado,habitad,habitan"&gt;habitaci&lt;/span&gt;ón. Varios &lt;span class="misspell" suggestions="CAD,cada,cadí,caed,ciad"&gt;cad&lt;/span&gt;á&lt;span class="misspell" suggestions="verse,versé,ve res,ve-res,ver es"&gt;veres&lt;/span&gt; yací&lt;span class="misspell" suggestions="Ana,ano,aun,año,aún"&gt;an&lt;/span&gt; inertes con la mirada perdida sobre los restos del mobiliario, mudos testigos de la batalla que &lt;span class="misspell" suggestions="haba,han,ha,hao,has"&gt;hab&lt;/span&gt;ía terminado &lt;span class="misspell" suggestions="haca,hace,ha,hao,han"&gt;hac&lt;/span&gt;ía escasos segundos. El cañón de la pistola apuntaba &lt;span class="misspell" suggestions="di rectamente,di-rectamente,directa mente,directa-mente,correctamente"&gt;directamente&lt;/span&gt; a su cabeza. &lt;span class="misspell" suggestions="Grita,Grite,Grito,Grité,Gritó"&gt;Grit&lt;/span&gt;ó, y sus gritos se mezclaron con los de la criatura que estaba encerrada en la &lt;span class="misspell" suggestions="habitación,habita,habitado,habitad,habitan"&gt;habitaci&lt;/span&gt;ón de al lado y que trataba de derribar la puerta para llegar hasta su presa viva. La mano que sujetaba el arma &lt;span class="misspell" suggestions="temblé,tembló,temible,tiembla,tiemble"&gt;tembl&lt;/span&gt;ó ligeramente pero &lt;span class="misspell" suggestions="continua,continuo,continué,continuó,continúa"&gt;continu&lt;/span&gt;ó apuntando hacia la cabeza del hombre. Presa del pá&lt;span class="misspell" suggestions="nuco,nicho,mico,naco,añico"&gt;nico&lt;/span&gt;, el desdichado se &lt;span class="misspell" suggestions="orín,Orión,orina,orine,orino"&gt;orin&lt;/span&gt;ó encima mientras suplicaba de manera &lt;span class="misspell" suggestions="inteligible"&gt;ininteligible&lt;/span&gt;. El arma no se &lt;span class="misspell" suggestions="moví,movió,movía,móvil,moci"&gt;movi&lt;/span&gt;ó. El hombre que la &lt;span class="misspell" suggestions="epi,empuja,empuje,empujo,empujé"&gt;empu&lt;/span&gt;ñaba tenía una mirada inhumana y &lt;span class="misspell" suggestions="fe,fa,fu,ir"&gt;fr&lt;/span&gt;ía, llena de odio. Apretaba con fuerza la &lt;span class="misspell" suggestions="manad,manda,mande,mando,mandé"&gt;mand&lt;/span&gt;íbula, librando una terrible lucha interior. Si daba aquel ú&lt;span class="misspell" suggestions="limo,limó,timo,timó,ultimo"&gt;ltimo&lt;/span&gt; paso, si mataba a aquel hombre a sangre &lt;span class="misspell" suggestions="fe,fa,fu,ir"&gt;fr&lt;/span&gt;ía, no sería mejor que ellos. Se vió reflejado en los restos de un espejo de pared. No se &lt;span class="misspell" suggestions="reconocí,reconoció,reconocía,reconoce,preconocí"&gt;reconoci&lt;/span&gt;ó. El hombre tras la pistola, el que estaba a punto de apretar el gatillo y acabar &lt;span class="misspell" suggestions="fe,fa,fu,ir"&gt;fr&lt;/span&gt;íamente con la vida de otro hombre... era yo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24 horas antes...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sed me estaba matando, &lt;span class="misspell" suggestions="literal mente,literal-mente,liberalmente,literariamente,materialmente"&gt;literalmente&lt;/span&gt;. &lt;span class="misspell" suggestions="Haba,Han,Ha,Hao,Has"&gt;Hab&lt;/span&gt;ía empezado a &lt;span class="misspell" suggestions="deshidratar me,deshidratar-me"&gt;deshidratarme&lt;/span&gt; y si no encontraba agua pronto perdería el sentido y moriría sin remedio. Llevaba caminando unos cuarenta minutos largos tras abandonar el coche en una cuneta, &lt;span class="misspell" suggestions="haca,hace,ha,hao,han"&gt;hac&lt;/span&gt;ía demasiado ruido. A unos doscientos metros de la carretera me &lt;span class="misspell" suggestions="parecí,pareció,parecía,parece,perecí"&gt;pareci&lt;/span&gt;ó ver una acequia de riego y tratando de no ofrecer demasiada silueta me &lt;span class="misspell" suggestions="acerque,acerqué,cerque,cerqué,acerquen"&gt;acerqu&lt;/span&gt;é hacia &lt;span class="misspell" suggestions="allá,allí,al,ALU,ala"&gt;all&lt;/span&gt;í. Junto a la acequia &lt;span class="misspell" suggestions="crece,crecí,crea,cree,creo"&gt;crec&lt;/span&gt;ía algo de &lt;span class="misspell" suggestions="vegeta,vegetaría,vegetan,vegetar,vegetaba"&gt;vegetaci&lt;/span&gt;ón que &lt;span class="misspell" suggestions="parece,parecí,parca,parco,pareció"&gt;parec&lt;/span&gt;ía fresca y verde. &lt;span class="misspell" suggestions="Acelera,Acelere,Acelero,Aceleré,Aceleró"&gt;Aceler&lt;/span&gt;é pensando en la recompensa y cuando me encontraba tan solo a unos pasos &lt;span class="misspell" suggestions="escucha,escuche,escucho,escuché,escuchó"&gt;escuch&lt;/span&gt;é el ruido del agua corriente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me &lt;span class="misspell" suggestions="arrodilla,arrodille,arrodillo,arrodillé,arrodilló"&gt;arrodill&lt;/span&gt;é junto al cauce y &lt;span class="misspell" suggestions="meta,mete,meto,metí,me"&gt;met&lt;/span&gt;í las manos en el agua fresca. &lt;span class="misspell" suggestions="Duda,Dude,Dudo,Dudé,Dudó"&gt;Dud&lt;/span&gt;é por un momento acerca de beber. Si el agua no era potable o estaba contaminada &lt;span class="misspell" suggestions="posible mente,posible-mente,deseablemente,subelemento"&gt;posiblemente&lt;/span&gt; enfermaría, &lt;span class="misspell" suggestions="tender,tendrá,tendré,tendera,tendero"&gt;tendr&lt;/span&gt;ía diarrea y me deshidrataría aún mas rápido, lo que me llevaría a una muerte casi segura sin &lt;span class="misspell" suggestions="documentos,reducimientos,decaimientos,mancamientos,merecimientos"&gt;medicamentos&lt;/span&gt; a mi alcance. Por el contrario, si no &lt;span class="misspell" suggestions="beba,bebe,bebo,bebé,bebí"&gt;beb&lt;/span&gt;ía, moriría de sed en unas horas. &lt;span class="misspell" suggestions="Recordé,Recordó,Recorred,Recurad,Recorrida"&gt;Record&lt;/span&gt;é el equipo militar que &lt;span class="misspell" suggestions="tara,tira,tora,trae,tria"&gt;tra&lt;/span&gt;ía encima y &lt;span class="misspell" suggestions="revisa,revise,reviso,revisé,revisó"&gt;revis&lt;/span&gt;é bien el petate que &lt;span class="misspell" suggestions="haba,han,ha,hao,has"&gt;hab&lt;/span&gt;ía hecho con todo lo que pude cargar del coche. &lt;span class="misspell" suggestions="Encontré,Encontró,Encintar,Encantar,Encentar"&gt;Encontr&lt;/span&gt;é unas pastillas &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;potabilizadoras&lt;/span&gt; del &lt;span class="misspell" suggestions="eje,eh,e,ea,el"&gt;ej&lt;/span&gt;é&lt;span class="misspell" suggestions="recito,recitó,recto,rectó,cito"&gt;rcito&lt;/span&gt;. Yo &lt;span class="misspell" suggestions="sabe,san,sao,sal,saz"&gt;sab&lt;/span&gt;ía que no eran 100% eficaces, pero era mejor que nada y no tenía tiempo de hervir el agua. &lt;span class="misspell" suggestions="Ídem,Adame,Adamé,Ame,Amé"&gt;Adem&lt;/span&gt;ás, eso delataría mi &lt;span class="misspell" suggestions="posca,pisco,posición,pesco,pescó"&gt;posici&lt;/span&gt;ón. &lt;span class="misspell" suggestions="Coge,Cogí,Col,Con,Coz"&gt;Cog&lt;/span&gt;í el cacillo &lt;span class="misspell" suggestions="meta,mete,meto,metí,me"&gt;met&lt;/span&gt;á&lt;span class="misspell" suggestions="laico,liceo,licio,licuo,licuó"&gt;lico&lt;/span&gt; que &lt;span class="misspell" suggestions="acampa,acampe,acampo,acampé,acampó"&gt;acompa&lt;/span&gt;ña a las cantimploras militares y tras enjuagarlo bien lo &lt;span class="misspell" suggestions="llena,llene,lleno,llené,llenó"&gt;llen&lt;/span&gt;é de agua, &lt;span class="misspell" suggestions="deja,deje,dejo,dejé,dejó"&gt;dej&lt;/span&gt;é dentro una pastilla y &lt;span class="misspell" suggestions="espera,espere,espero,esperé,esperó"&gt;esper&lt;/span&gt;é. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="misspell" suggestions="Sega,Segó,Se,Sé,Sea"&gt;Seg&lt;/span&gt;ún el envoltorio &lt;span class="misspell" suggestions="deba,debe,debo,debí,den"&gt;deb&lt;/span&gt;ía esperar casi un cuarto de hora hasta que el agua fuese potable. Aquel cuarto de hora se me hizo eterno. Bajo un sol abrasador, sosteniendo en mis manos aquel cá&lt;span class="misspell" suggestions="liza,lizo,luz,lié,lió"&gt;liz&lt;/span&gt; de &lt;span class="misspell" suggestions="salvachia,salvación,salváis,salva,salvado"&gt;salvaci&lt;/span&gt;ón sin poder beber &lt;span class="misspell" suggestions="penas,penes,penos,pensé,pensó"&gt;pens&lt;/span&gt;é en lo absurdo de acabar así. Tenía que continuar. Me &lt;span class="misspell" suggestions="arranque,arranqué,arenque,atranque,atranqué"&gt;arranqu&lt;/span&gt;é una manga de la camiseta y la &lt;span class="misspell" suggestions="empapa,empape,empapo,empapé,empapó"&gt;empap&lt;/span&gt;é en agua para &lt;span class="misspell" suggestions="despea,despee,despeo,despeé,despeó"&gt;despu&lt;/span&gt;és &lt;span class="misspell" suggestions="peón,pión,pone,pan,con"&gt;pon&lt;/span&gt;é&lt;span class="misspell" suggestions="remella,remola,mela,rámila,ramalea"&gt;rmela&lt;/span&gt; en la cabeza. Eso evitaría un golpe de calor y me &lt;span class="misspell" suggestions="mantendrá,mantendré,mantenedor,mantendría,mantenedora"&gt;mantendr&lt;/span&gt;ía un poco mas fresco. Cuando &lt;span class="misspell" suggestions="transcurrí,transcurrió,transcurro,transcurría,transcurra"&gt;transcurri&lt;/span&gt;ó el tiempo de seguridad &lt;span class="misspell" suggestions="beba,bebe,bebo,bebé,bebí"&gt;beb&lt;/span&gt;í el cacillo a tragos pequeños, tratando de no &lt;span class="misspell" suggestions="atragantar me,atragantar-me,atragantare,atragantaré,atragantaren"&gt;atragantarme&lt;/span&gt; con el ansia. No &lt;span class="misspell" suggestions="sabe,san,sao,sal,saz"&gt;sab&lt;/span&gt;ía bien, pero era agua. &lt;span class="misspell" suggestions="Llena,Llene,Lleno,Llené,Llenó"&gt;Llen&lt;/span&gt;é la cantimplora y &lt;span class="misspell" suggestions="meta,mete,meto,metí,me"&gt;met&lt;/span&gt;í otra pastilla. La &lt;span class="misspell" suggestions="cerro,cerré,cerró,cera,cero"&gt;cerr&lt;/span&gt;é bien y &lt;span class="misspell" suggestions="volví,volé,voló"&gt;volv&lt;/span&gt;í a hacer el petate. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol estaba en su cenit cuando &lt;span class="misspell" suggestions="parta,parte,parto,partí,par"&gt;part&lt;/span&gt;í de nuevo caminando por la acequia, con el agua hasta los tobillos. La &lt;span class="misspell" suggestions="vegeta,vegetaría,vegetan,vegetar,vegetaba"&gt;vegetaci&lt;/span&gt;ón que &lt;span class="misspell" suggestions="crece,crecí,crea,cree,creo"&gt;crec&lt;/span&gt;ía en los laterales me &lt;span class="misspell" suggestions="ofrece,ofrecí,ofreció,ofrecía,forcé"&gt;ofrec&lt;/span&gt;ía algo de cobertura y si caminaba despacio apenas &lt;span class="misspell" suggestions="haca,hace,ha,hao,han"&gt;hac&lt;/span&gt;ía ruido. Por lo que yo recordaba, la acequia &lt;span class="misspell" suggestions="corra,corre,corro,corrí,coro"&gt;corr&lt;/span&gt;ía paralela a la carretera durante muchos &lt;span class="misspell" suggestions="kili,kilo,gil,mil,vil"&gt;kil&lt;/span&gt;ómetros, dando riego a muchas fincas, ahora abandonadas, a lo largo de la misma. La mayoría eran pequeños terrenos, con casetas, algunas veces pequeñas chabolas hechas de chapa y &lt;span class="misspell" suggestions="carlita,aralia,israelita,trilita,alota"&gt;uralita&lt;/span&gt;, para guardar las herramientas y aperos.Se trataba de una zona agreste, en medio de tierra de nadie. Lo que explicaba la ausencia de &lt;span class="misspell" suggestions="zumbéis,zombie,zumbes,zambos,zumbáis"&gt;zombies&lt;/span&gt;, que &lt;span class="misspell" suggestions="posible mente,posible-mente,deseablemente,subelemento"&gt;posiblemente&lt;/span&gt; se concentrasen cerca de las ciudades, donde &lt;span class="misspell" suggestions="haba,han,ha,hao,has"&gt;hab&lt;/span&gt;ía gente... al menos donde antes la hubo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="misspell" suggestions="Avance,Avancé,Aovan,Avían,Avances"&gt;Avanc&lt;/span&gt;é durante una media hora larga hasta que desde mi &lt;span class="misspell" suggestions="posición,posiciona,posicione,posiciono,posicioné"&gt;posicion&lt;/span&gt;, &lt;span class="misspell" suggestions="observa,observe,observo,observé,observó"&gt;observ&lt;/span&gt;é el cruce donde nos &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;an&lt;/span&gt; tendido la emboscada.&amp;nbsp; Me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;agazap&lt;/span&gt;é y &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;saqu&lt;/span&gt;é los &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;prism&lt;/span&gt;á&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;ticos&lt;/span&gt; para ver la zona mas de cerca. Faltaba uno de los coches que &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;an&lt;/span&gt; formado la barricada, pero el otro, un familiar grande de color plata, &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;permanec&lt;/span&gt;ía donde yo lo recordaba. Un charco de sangre seca y lo que &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;parec&lt;/span&gt;ía una camisa &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;ensangrentada&lt;/span&gt; eran los restos del tiroteo de la noche anterior. Me di cuenta de que aquello no me asqueaba. Me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;entristec&lt;/span&gt;í al pensar que una parte de mi, una parte de mi &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;sensibilidad&lt;/span&gt;, de mi humanidad, &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;habia&lt;/span&gt; quedado enterrada con Gema en aquel túmulo. No &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;ía ni rastro de los atacantes. Me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;acerqu&lt;/span&gt;é hasta &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;all&lt;/span&gt;í con una pequeña carrera. Restos de cristales, marcas de &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;neum&lt;/span&gt;á&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;tico&lt;/span&gt;, pisadas de al menos dos personas en un gran charco de sangre y marcas de haber arrastrado algo pesado a &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;trav&lt;/span&gt;és de él. El rastro de sangre &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;desaparec&lt;/span&gt;ía junto a la cuneta. Donde &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;habr&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;an&lt;/span&gt; montado al herido en el &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;veh&lt;/span&gt;ículo que faltaba y se &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;habr&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;an&lt;/span&gt; marchado en &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;direcci&lt;/span&gt;ón contraria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí seguir la carretera. La caminata se me hizo penosa Me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;descubr&lt;/span&gt;í hablando solo, murmurando acerca de lo que pensaba hacer con aquellos tipos cuando los atrapara. Eso sin duda no era buena señal. Pero la ausencia de Gema me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;ía dejado sin nadie con quien hablar, solo, triste y bastante desanimado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería media tarde cuando me percate de humo que salia de una casa a la derecha de la carretera.&amp;nbsp; No se trataba de otro cobertizo, ni de una chabola, aquello era una casa de piedra de dos plantas, rodeada de una valla de alambre cubierta de &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;ariz&lt;/span&gt;ó&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;nicas&lt;/span&gt;. Oteando con los &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;prism&lt;/span&gt;á&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;tico&lt;/span&gt; &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;descubr&lt;/span&gt;í una furgoneta, que &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;ía visto mejores años, aparcada junto a la entrada, una verja verde de dos hojas de la que colgaba una cadena gruesa con un candado roto. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Avanc&lt;/span&gt;é agazapado con el fusil preparado para disparar. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Llegu&lt;/span&gt;é hasta la puerta de la verja, &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;cruc&lt;/span&gt;é al otro lado y me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;agach&lt;/span&gt;é junto a la furgoneta. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Hab&lt;/span&gt;ía restos de sangre por todas partes. Me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;arrastr&lt;/span&gt;é bajo la ventana del primer piso y con mucho cuidado me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;asom&lt;/span&gt;é tratando de no ser visto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior estaba sucio y desordenado. En una mesa en medio de lo que antes &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;deb&lt;/span&gt;ía ser un salón, &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;ía un hombre tendido, muerto. Una mano le colgaba &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;languidamente&lt;/span&gt; y bajo ella se formaba un pequeño charco de sangre oscura. Alrededor &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;ía varios trapos sucios con los que &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;hab&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;an&lt;/span&gt; tratado de cortar la hemorragia. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Parec&lt;/span&gt;ía que sin é&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;xito&lt;/span&gt;. Latas de comida preparada, &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;peri&lt;/span&gt;ó&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;dicos&lt;/span&gt; viejos y ropa sucia &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;compon&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;an&lt;/span&gt; el paisaje de aquella &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;habitaci&lt;/span&gt;ón. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Regres&lt;/span&gt;é a la furgoneta y con la navaja &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;abr&lt;/span&gt;í la tapa del &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;dep&lt;/span&gt;ósito. Me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;arranqu&lt;/span&gt;é la otra manga de la camiseta e introduje parte de ella en el &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;dep&lt;/span&gt;ósito. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Saqu&lt;/span&gt;é el mechero de un bolsillo y &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;prend&lt;/span&gt;í fuego a la otra esquina. Por la velocidad con la que &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;ard&lt;/span&gt;ía la ropa, tenía un minuto. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Rode&lt;/span&gt;é la casa y me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;apost&lt;/span&gt;é en el otro lado, desde donde &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;pod&lt;/span&gt;ía ver la puerta. Y &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;esper&lt;/span&gt;é. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;explosi&lt;/span&gt;ón del &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;dep&lt;/span&gt;ósito no fue &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;espectacular&lt;/span&gt; como en las &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;pel&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;culas&lt;/span&gt;, pero si lo bastante como para reventar un par de cristales cercanos. De la casa, dos tipos cuarentones salieron a la carrera. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Vest&lt;/span&gt;í&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;an&lt;/span&gt; monos azules de trabajo y camisas, su aspecto era bruto y descuidado. Uno de ellos llevaba una escopeta en la mano. No les dí tiempo a reaccionar. Disparé en su &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;direcci&lt;/span&gt;ón a modo de advertencia mientras gritaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Alto, cabrones!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;solt&lt;/span&gt;ó la escopeta y ambos pusieron las manos en alto. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Avanc&lt;/span&gt;é hasta donde estaban con cautela, &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;qued&lt;/span&gt;á&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;ndome&lt;/span&gt; a un par de metros de ellos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡De rodillas! ¡Con las manos en la nuca! - Obedecieron sin &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;pesta&lt;/span&gt;ñ&lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;ear&lt;/span&gt;. Como si ya conocieran el &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;procedimiento&lt;/span&gt;. Me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;acerqu&lt;/span&gt;é hasta menos de un metro y patee a uno de ellos para tirarlo al suelo. El otro se &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;gir&lt;/span&gt;ó para protestar pero lo golpeé con la culata del fusil y &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;cay&lt;/span&gt;ó de cara escupiendo sangre. En aquel momento me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;qued&lt;/span&gt;é bloqueado. Los tenía, y ahora que los tenía no &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;sab&lt;/span&gt;ía que hacer con ellos. Entonces me &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;pareci&lt;/span&gt;ó escuchar un ruido a mi espalda. No tuve tiempo de girarme. &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;Sent&lt;/span&gt;í un gran dolor en la cabeza y todo &lt;span class="misspell" suggestions=""&gt;qued&lt;/span&gt;ó a oscuras.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-2807455731981871335?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/2807455731981871335/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/02/capitulo-15.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/2807455731981871335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/2807455731981871335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2010/02/capitulo-15.html' title='Capítulo 15'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-8634208116785580045</id><published>2009-12-28T16:12:00.000+01:00</published><updated>2010-10-21T09:16:58.137+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 14.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un sol abrasador se imponía en un cielo limpio y despejado de toda nube. El coche, que debía haber visto años mejores, se había convertido en un horno. El aire acondicionado no funcionaba y el termómetro interno llegaba a los 40º. El calor comenzó a preocuparme cuando me di cuenta de que no habíamos cogido nada de agua potable en nuestra apresurada huida. La suerte que nos había acompañado hasta el momento parecía haber huido de pronto. Habíamos recorrido unos 20 kilómetros cuando llegamos a una auténtica barricada formada por coches estrellados, cadáveres y muertos andantes que nos había hecho dar media vuelta y buscar un desvío. Esto nos sucedió casi media docena de veces al entrar en pequeñas poblaciones. Parecía que cuanto mas intentábamos avanzar, mas retrocedíamos. Nos sentíamos frustrados y viajábamos en silencio con las ventanillas abiertas y los pensamientos puestos en un futuro incierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medio día paramos en una zona llana y despejada para descansar. Estábamos agotados y llevábamos casi 8 horas de huida. Gema se tumbó en la parte de atrás, algo mas fresca, mientras que yo vigilaba sentado en el techo del coche. Cada minuto se me hizo eterno allí sentado, abrasado por el sol. Del horizonte se levantaban columnas de humo de incendios sin sofocar. Ningún avión surcaba el cielo, la radio permanecía muerta y silenciosa. Gema se levantó al cabo de un par de horas con un aspecto terrible. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me muero por una ducha fría y una cerveza.- balbució. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Has dormido algo? - pregunté. Ella negó con la cabeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, entre el calor, la sed... no, pero he descansado. Es tu turno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le di el fusil y me tumbé en la parte de atrás. Traté de mantener la mente en blanco, pero me era imposible. Me sentía impotente, tratando de llegar hasta Helena sin poder avanzar mas deprisa. Cada vez que cerraba los ojos me asaltaban visiones de ella siendo atacada por una de esas cosas. Debía llegar cuanto antes, debía salvarla. Al final el cansancio me venció y me quedé adormilado por unos minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me levanté el Sol había bajado un poco, pero el calor aún era sofocante. Miré a mi alrededor y descubrí que estaba solo. Gema no estaba en su puesto de vigía. De pronto, una sensación de pánico me envolvió. Estaba solo. Traté de llamar a Gema, traté de gritar, pero ningún sonido brotó de mi garganta. Me precipité sobre el asiento de delante y cogí el otro fusil, salí del coche a trompicones, tropezando con todo. La cabeza me daba vueltas... grité.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Gema!¡Gema!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿José?- su voz sonó detrás de mi. Me giré como un rayo y la encontré regresando al coche. Corrí y la abracé con fuerza. -¿Qué te pasa? - preguntó tan asombrada como preocupada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No estabas... me he despertado y no estabas... estaba solo... - Mis piernas aún temblaban. Ella me abrazó con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento... de verdad, necesitaba hacer pis... no creí que fuera a tardar. - Nos sentamos en el capó caliente el coche y ella comenzó a reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué te hace tanta gracia? Lo he pasado mal...-dije mientras trataba de no contagiarme de su risa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenías que haber visto tu cara. Estabas pálido como...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Como un cadáver?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si... no... perdona... se que lo has pasado mal. A mi me hubiera pasado lo mismo... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por un momento he creído que era la única persona en esta mierda de mundo de zombies y cadáveres... me ha entrado el pánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó a mí y me pasó un brazo sobre los hombros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No voy a dejarte solo. Lo prometo. -Nos quedamos allí durante algún tiempo, en silencio, disfrutando de la compañía de otro ser humano en medio de todo aquello. ¿Estaría Helena sola? No podía dejar de pensar en ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Deberíamos tratar de avanzar un poco mas mientras aún tenemos luz. -comenté. Ella asintió y regresamos al coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuamos nuestro viaje hacia el este, hacia el campamento de Azuqueca. Seguíamos evitando las carreteras principales, circulando despacio por vías secundarias. Nunca te puedes imaginar que todo puede cambiar tras la siguiente curva, no puedes saber lo que el cruel destino tiene preparado para ti al otro lado. Para mi era solo otro giro mas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Circulábamos por una zona de campos, con algún pequeño repecho. Creo que nos encontrábamos en algún punto entre Alcalá y Velilla de San Antonio. El Sol era una gran bola de fuego que convertía en rojo sangriento unos jirones de nube en el horizonte. Una curva cerrada a la derecha...y al otro lado había varios vehículos en la carretera, no llegaban a cortarla pero formaban un corredor estrecho que había que pasar muy despacio. Algunos de ellos estaban en el arcén, un terraplén pronunciado que acababa en una acequia de riego. No había rastros de zombies alrededor. Nada del otro mundo. Habíamos rebasado vehículos así antes, estrellados, atrapados, algunos con los restos de sus ocupantes aún atados con los cinturones de seguridad. Me detuve un momento antes de seguir, ajeno a lo iba a ocurrir a continuación. Miré a Gema y ella asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Adelante...-murmuró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coche arrancó con un ronroneo. Maniobré en primera, muy despacio, tratando de no golpear los otros vehículos. Estaba concentrado en esa tarea. No los vi venir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto se escuchó un grito humano, un grito, no un gemido de una de esas cosas, sino un grito. De la nada varios hombres se lanzaron sobre nuestro coche. No eran muertos vivientes, eran personas, personas vivas. Me quedé helado sin saber que hacer. Uno de ellos golpeó el parabrisas con una azada y este saltó en pedazos. Gema intentó apuntar con el fusil y disparar, pero otro de ellos golpeó el coche por su lado con lo que parecía un martillo pilón. La puerta junto a mi se abrió y vi a un hombre sucio, de unos cuarenta años, sin afeitar. Su mirada estaba perdida y gritaba como un poseso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Bajad del coche hijos de puta!¡Bajad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me agarró con una enorme manaza, sucia y llena de sangre reseca. Se escucharon varios disparos, atronadores en la cabina del coche, y mis oídos parecieron estallar. El hombre me golpeaba y me arañaba, yo trataba de zafarme mientras gritaba incoherencias. Pisé el acelerador y solté el embrague del coche. El todo-terreno saltó con un fuerte tirón arrollando al tipo que había delante. El otro hombre seguía agarrado a mí, tratando de hacerme girar el volante hacia la cuneta. Le dí un cabezazo y lo empujé fuera, rodó tras el coche. Por el retrovisor pude ver como varios hombres corrían tras nosotros, uno disparó una escopeta que reventó la lona trasera el espejo retrovisor de dentro, cerca de nuestras cabezas. Aceleré hasta perderlos de vista, con el corazón latiendo como un caballo desbocado en mi pecho. Varias curvas mas adelante vi un camino de tierra que se alejaba de la carretera principal, apagué las luces y a oscuras, a tientas, conduje concentrado en no salirme del camino, hasta una pequeña caseta, apenas un chiscón donde guardar herramientas. Aparqué detrás y me asomé para ver si nos seguían. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-José...-dijo Gema con voz queda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espera, creo que no nos siguen... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-José... -su tono sonó apagado. Me giré hacia ella. Se tapaba el estómago con las manos. Trataba de contener un manantial rojo que brotaba de su camisa quemada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No!¡No!¡Joder, no! - Me lancé sobre ella gritando, tratando de examinar la herida.- Dios, no, no... ¡No, joder! Déjame ver... Déjame&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando retiró las manos por un segundo me sentí mareado. Un impacto de postas de escopeta había destrozado su vientre. A través de la inmensa herida, hecha a bocajarro, podía ver lo que debían ser los intestinos, destrozados.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No! Por favor, no... -sollocé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella pasó una mano ensangrentada por mi pelo. Apenas sin voz, mientras un hilo de sangre se escapaba por la comisura de sus labios, murmuró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdóname...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué? No te tengo que perdonar, Gema ¿Por qué?- Las lagrimas corrían por mis mejillas. Se me iba... no podía hacer nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No voy a poder cumplir mi promesa...-Con las fuerzas que le quedaban me atrajo a ella y me besó con ternura. Su ultimo suspiro quedó en mis labios. Lo comprendí todo en aquel momento. Comprendí porqué había incumplido órdenes y en vez de evacuar con el resto del ejército había vuelto al laboratorio a buscarme, arriesgándolo todo. Por la misma fuerza motora que me impulsaba a mi a cruzar aquel infierno y buscar a Helena. Lo había hecho por amor. Había muerto por mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se cuanto tiempo pasé llorando junto a su cuerpo, pidiéndole perdón en silencio. Después la deposité en el suelo con cuidado. Destrocé el candado del chiscón con la cizalla y encontré algunas herramientas. Cogí una azada y una pala y en las siguientes horas cavé una tumba. No me preocupaban ya los muertos vivientes. Por momentos deseaba acabar de una vez, deseaba que me cogieran, que todo el dolor y el sufrimiento acabara. El suelo estaba reseco duro como la piedra. Mis manos sangraban y estaban llenas de ampollas cuando acabé. La deposité allí, parecía dormida, en paz. Se iba con una expresión tranquila en el rostro. No se levantaría para convertirse en una de aquellas cosas porque ellos no la habían matado. Habían sido hombres. Hombres vivos. Salteadores posiblemente en busca de un coche y tal vez comida. Tal vez los seres humanos nos merecíamos todo aquello. Tal vez, no fuéramos mejores que aquellos zombies. Tal vez...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cubrí el cuerpo con algunas piedras, para que los animales salvajes no pudieran desenterrarlo y luego lo tapé con arena. No recé, no se hacerlo, nunca he sabido. Me hubiera gustado poder decir algo bonito. Pero solo pude volver a pedirle perdón. El sol comenzaba a salir por el este en un rosado amanecer. No me traía ya esperanza. Sólo ira y desesperación. Debía afrontar la realidad yo solo. Con su navaja gravé su nombre en un tablón y lo clavé sobre la tumba. &lt;br /&gt;“Adiós, amiga mía”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revisé las armas de que disponía y limpié los cristales rotos del vehículo. Algo en mi mente había cambiado. Iba de caza. Iba a cazar hombres. Se lo debía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-8634208116785580045?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/8634208116785580045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/12/capitulo-14.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/8634208116785580045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/8634208116785580045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/12/capitulo-14.html' title='Capítulo 14.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-6231529659130897687</id><published>2009-10-15T11:22:00.004+02:00</published><updated>2010-10-21T09:16:54.282+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 13</title><content type='html'>Hacía frío. A pesar de ser pleno verano hacía frío. Aún no había amanecido, pero el horizonte comenzaba a colorearse de rosa pálido y el sol no tardaría en hacer acto de presencia. Me pregunté si no sería mejor que el mundo quedase en la penumbra, para no ver en lo que se había convertido. Sacudí la cabeza para librarme de aquellos pensamientos pesimistas y me acerqué al capó del coche, donde el motor aún caliente me ofreció un poco de consuelo. Gema se movió nerviosa junto a mi observando la gasolinera abandonada con los prismáticos. El paisaje era desolador. Había muchos vehículos abandonados y desde donde estábamos podía ver las manchas de sangre y los restos de cadáveres sin necesidad de las lentes. Agradecí que la brisa soplara en dirección contraria para no tener que oler aquello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ni un alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que no los veamos no significa que no estén ahí.-respondí. Yo ya había pagado mi ingenuidad con un mordisco en el hombro, así que sabía bien de qué hablaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenemos dos opciones, jugárnosla aquí en la gasolinera, o tratar de continuar hasta otra... que no sabemos si estará igual o peor. Sea como sea tenemos que repostar. No llegaremos a Azuqueca con la gasolina que nos queda. -Su expresión era sombría. El cansancio, mas el mental que el físico, comenzaba a mostrarse en su rostro. La miré por un instante, apenas una cría, delgada y espigada. El uniforme comenzaba a quedarle grande y holgado. Puse una mano en su hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos a conseguirlo. Llegaremos hasta Azuqueca, recogeremos a Helena y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y luego qué? ¿Y si ya no está allí? ¿Y si no está viva? - me interrumpió enfadada. Bajé la cabeza y suspiré. - ¿No&amp;nbsp; has pensado en el plan mas allá de encontrar a Helena?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No, maldita sea! -grité- He pensado únicamente en permanecer vivo, en recoger a todos los supervivientes que pueda y mantenerlos vivos y a salvo. Ese es mi plan maestro... ¿Te sirve? - escupí la última pregunta con lágrimas en los ojos. La expresión de Gema se dulcificó un instante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me vale, José, me vale... perdona... - nos abrazamos en silencio un momento y Gema se derrumbó y lloró amargamente durante un rato. Yo la abracé y la susurré para calmarla. Allí en aquella carretera perdida rodeados de coches abandonados éramos dos náufragos en una tempestad de muerte tratando de aferrarnos a lo único que nos daba un poco de esperanza, la presencia de otro ser humano. Cuando se tranquilizó se separó de mí con un pequeño empujón, destinado sin duda a recomponer su pose de chica dura, y se enjugó las lágrimas. - ¿Vamos a por esa gasolina o qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos... pero hay un problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cual?- preguntó mientras ajustaba las correas del fusil y comprobaba la munición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las bombas de los surtidores son eléctricas, así que no funcionarán. Los tanques suelen estar cerrados con llave y tener bastante profundidad. No creo que podamos forzar la cerradura y sin una bomba, sacar gasolina de ellos sería demasiado complicado... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Entonces? ¿Es imposible repostar aquí?... -preguntó con desesperación en la voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No he dicho eso. -Señalé un gran camión cisterna atravesado en la salida de la gasolinera. - Los depósitos de esos bichos son muy grandes. Si el conductor no murió con el motor en marcha debería quedarle algo de combustible. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tal vez podríamos probar con varios coches...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, pero cuanto mas tiempo estemos allí mas probabilidad hay de que aparezca una de esas cosas y de que resultemos heridos. Tiene que ser una operación rápida...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Veo que empiezas a pensar con la cabeza...-se rió. -Vale, yo miraré en el camión y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No... iré yo. -Gema pareció sorprenderse de que yo tomara la iniciativa. De alguna manera yo también. Carraspeé para aclararme la garganta.- Hay varias razones...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te escucho, Rambo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gema... yo puedo cargar mejor con la garrafa de combustible...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso lo dudo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es momento de discutirlo... que carajo... yo soy inmune y tú no. Punto.-Su expresión cambió de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero pueden herirte igual... -protestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por eso tú me cubrirás desde el coche. Confío en ti. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me miró con ojos de perrito. Sabía que ella buscaba un argumento con el que rebatirme y yo ya tenía varios en la cabeza. No la dí tiempo a encontrarlos y abrí con rapidez la caja de herramientas del coche. Cogí una cizalla, un par de destornilladores grandes, una garrafa de agua vacía que había tras el asiento y una navaja. También encontré un trozo de tubo de goma elástico. Soplé a través para comprobar que no estuviera obstruido y pensé que serviría para sacar la gasolina.Cuando me giré Gema me dio una pistola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Llévate esto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tengo buena puntería...-suspiré resignado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No admito una negativa. O la coges, o no vas a ninguna parte. -Su voz volvía a ser firme. De nuevo era el soldado, y no la mujer, quien hablaba. Cogí la pistola y la afiancé en la parte de atrás del pantalón. Me giré para despedirme.- Ten cuidado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo tendré... -respiré hondo y me dirigí a paso rápido hacia el camión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodeé todos los coches a suficiente distancia, tratando de no pasar cerca de ninguna esquina o hueco oscuro donde pudiera acecharme el peligro. Cuando llegué al camión miré en todas direcciones antes de buscar la tapa del depósito. El olor era nauseabundo y me dieron arcadas. Si hubiera tenido algo en el estómago lo hubiera vomitado. Conseguí reponerme y me abalancé sobre la tapa del depósito del camión. Me costó casi un minuto de intensa lucha forzarla con el destornillador. Cuando lo conseguí metí el tubo de goma tan profundo como pude y aspiré con ganas. El sabor a la gasolina me inundó la boca y las fosas nasales de pronto. Escupí el líquido tosiendo asqueado y rápidamente puse la garrafa en el extremo del tubo. Mientras se llenaba observé algo por el rabillo del ojo y noté como se me erizaba el vello de los brazos. Mis oídos captaron en ya familiar sonido de unos pies arrastrándose. Desde detrás de un coche apareció uno de aquellos cadáveres, vestido con un mono azul ensangrentado. Le faltaba parte del maxilar y tenía abrasiones y heridas por todas partes. Pensé en Gema y esperé escuchar un disparo y ver a la cosa caer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no sucedió. Aquel instante se me hizo agónico, giré la cabeza tratando de averiguar por qué Gema no había disparado ya al zombie y me dí cuenta de que varios coches bloqueaban la línea de tiro. Desde mi posición no podía ver el todo terreno ni a Gema. Por supuesto, ella tampoco podía ver a aquel ser que se acercaba con los brazos extendidos hacia mí dispuesto a acabar con mi vida. No tuve demasiado tiempo para pensar. Esta vez no iba a echarme atrás, no podíamos permitírnoslo. Sujeté las cizallas con ambas manos y con un rápido impulso golpeé en la cabeza de aquel desgraciado con todas mis fuerzas. Sonó un crujido y se desplomó como una muñeca de trapo en el suelo. Me enjugué el sudor y me giré rápidamente para recoger la garrafa. Al hacerlo me encontré de frente con otra de aquellas cosas. Una mujer mayor cubierta de sangre coagulada y casi completamente desnuda. La impresión me hizo dar un respingo y retroceder. Estuve a punto de caer al suelo enredado en el cuerpo del otro. Mantuve el equilibrio a duras penas mientras manoteaba para librarme de las manos huesudas del muerto viviente. Levanté la cizalla con la izquierda tratando de golpearla con fuerza en la sien cuando sonó un disparo y la cabeza de aquel ser reventó como un melón arrojado al suelo. Cayó de rodillas y después al suelo junto a mi. Un icor negro denso y maloliente brotaba a borbotones de aquella cabeza literalmente reventada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me paré a pensarlo dos veces, cogí la garrafa y corrí de vuelta a toda prisa hacia el todo terreno tratando de hacerlo por una zona donde Gema pudiera verme. La localicé subida de pie sobre el techo del coche, desde allí había disparado. Me hizo gestos para que me apresurara y por el terror que pude ver en su rostro supe que varios de aquellos seres iban tras de mi. Llegué junto al coche y lancé la cizalla, la garrafa y las herramientas a la parte de atrás del coche. Gema hizo dos disparos más que restallaron en aquel páramo. Saltó al capó, de ahí hábilmente al suelo y se metió en el asiento del copiloto justo cuando yo arrancaba el motor y metía la primera marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El motor rugió y pisando fuerte el acelerador esquivé la horda de muertos vivientes que se habían congregado junto a nosotros. Habría casi una veintena de ellos, con la ropa hecha jirones y cubiertos de heridas y sangre. Habían aparecido casi de la nada, ocultos tras los coches, o junto al edificio principal de la gasolinera. Si hubiera tardado un poco mas en conseguir la gasolina no habría podido regresar al coche.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pararé dentro de un par de kilómetros y repostaremos... -Ella asintió mientras veíamos por el retrovisor hacerse pequeña en la distancia la multitud. -Hemos tenido mucha suerte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no has usado la pistola? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenía las cizallas en la mano, no se... no se me ha ocurrido. No estoy acostumbrado a ir armado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo has hecho muy bien.- Se acercó y me besó la mejilla, o mas bien besó la barba espesa que ya cubría mi rostro. Yo sonreí un poco y seguí conduciendo. Un poco a mas adelante un desvío nos sacaba de aquella carretera y nos indiciaba la autopista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No salgas a la autopista, no es buena idea. Las autopistas están colapsadas. - Dijo mientras reponía munición en el cargador del fusil. - Lo escuché en los últimos partes de noticias. Tendremos que dar un rodeo y seguir por carreteras secundarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y tener un poco mas de suerte para que no estén cortadas...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-6231529659130897687?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/6231529659130897687/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/10/capitulo-13.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/6231529659130897687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/6231529659130897687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/10/capitulo-13.html' title='Capítulo 13'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-8964436540720302179</id><published>2009-03-04T21:35:00.002+01:00</published><updated>2010-10-21T09:16:50.734+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 12</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Jaque…- la voz de Gema pareció despertarme un poco. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El calor era sofocante y me había quedado un poco amodorrado. El ajedrez estaba sobre la cama pero hacía rato que yo no le prestaba atención a la partida. Mi mente divagaba sobre el tiempo. 6 días. Llevaba allí 6 días, encerrado en aquella habitación de la que sólo salía para mi hora de ejercicio diario en un patio interior y las pruebas médicas, analíticas y entrevistas de la mañana. Gema pasaba allí varias horas conmigo, compartiendo de algún modo mi cautiverio. El ajedrez, las cartas y un viejo Monopoly (que Gema había cogido “prestados” de la sala de oficiales) eran nuestro principal pasatiempo. Aislados en nuestro pequeño mundo habíamos formado un extraño vínculo, podríamos llamarlo amistad, en el que los silencios hacía tiempo que habían dejado de ser incómodos. Había un pacto tácito entre nosotros, yo no hacía preguntas sobre temas comprometidos y ella me daba la información que podía. Aquello era mejor que nada. Gracias a ella conocía el estado del campamento Azuqueca, donde se encontraba Helena. Aunque desde luego la información no era mucha…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Observé a Gema mientras colocaba un mechón del negro cabello tras la oreja en un gesto que me resultó curiosamente familiar. Aquel recuerdo inesperado de Helena me hizo sonreír. No se parecían físicamente, pero algunos gestos me traían recuerdos que trataba de mantener bajo la superficie, para poder mantener mi cordura. Ella pareció darse cuenta y se sonrojó un poco. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Vamos, mueve de una vez y deja de mirarme.-murmuró mientras me daba un puñetazo cariñoso en el hombro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Odio el ajedrez. Mi padre me obligaba a jugar cuando era pequeño. A él le encantaba, pero yo lo odiaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Dices eso porque vas perdiendo...-se levantó y se estiró. - De todas formas tengo que irme. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Vale, yo creo que me quedaré un rato mas.- contesté con ironía. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recogió el cinto con el equipo y se lo puso. Se giró y me guiñó un ojo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Trata de descansar, lo de mañana va a ser duro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Odiaba los ciclos de pruebas. Analítica, examen corporal, electrocardiograma, escáner… Me habían pinchado, cortado, auscultado, radiografiado, escaneado y realizado tandas de pruebas cuyos nombres desconocía y que me dejaban agotado, mareado y dolorido. Ella estaba siempre allí, para ofrecerme la mano cuando me encontraba peor. Era la única que se comportaba de manera humana conmigo. La única que me trataba como una persona y no como un conejillo de indias. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La puerta se cerró tras ella y escuché como daba novedades a los guardias de fuera. Acerca de mi estado de ánimo y de salud externa. El ritual habitual de cada tarde. Sus pasos se alejaron en la distancia y me quedé solo en aquella habitación de hospital, aquella celda en medio de la nada, sumido en mis propios pensamientos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Gracias a los informes de Gema sabía que nos encontrábamos en un antiguo hospital militar en alguna parte de la Sierra de Guadarrama. Una zona relativamente segura. Aquellas cosas eran lentas y torpes y les costaba alcanzar las cotas elevadas. Las instalaciones y pueblos de montaña se habían convertido de golpe en los principales refugios de una población diezmada y sin apenas recursos. En tan sólo una semana habíamos retrocedido casi hasta el medievo. Nuestra extrema dependencia de las nuevas tecnologías y los combustibles fósiles nos había dejado prácticamente derrotados al interrumpirse los suministros de petróleo y de corriente eléctrica. Sin embargo, aquellas poblaciones no podían asumir la enorme cantidad de refugiados que escapaban de las ciudades. Sin alimentos ni medicinas, en algunos campamentos habían estallado disturbios y otros habían desaparecido tras aparecer infectados en el interior. El gobierno se había trasladado fuera de la península, a las islas, donde era mucho más fácil contener a esas cosas. El ejército de había retirado a proteger los campamentos y puntos seguros, dejando atrás a cientos de miles de ciudadanos a su suerte. Los afortunados que habían podido escapar de las ciudades se enfrentaban ahora al hambre, la enfermedad y a los salteadores. El hombre seguía siendo a pesar de todo, un lobo para el hombre. Y sobre todo… se enfrentaban a los zombies. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mis pensamientos volaron de nuevo hacia Helena. No sabía nada específico de ella sólo que su campamento seguía a flote en medio de aquella marea de muerte y caos. Disponían de pocos recursos y cada vez estaban más aislados. Era sólo una cuestión de tiempo que aquel campamento corriera la suerte de los otros. Traté de apartar esos oscuros pensamientos de mi cabeza. Me sequé el sudor una vez más y cambié el ajedrez a la mesita junto a la cama. Con un chisporroteo las luces parpadearon y se apagaron. Desde hacía un par de días funcionábamos con los generadores, por lo que el suministro de luz estaba limitado a determinadas horas del día y todos los sistemas auxiliares, como el aire acondicionado, habían sido desconectados. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una vez se apagaban las luces había poco que hacer en aquella habitación salvo dormir y pensar. Y pensar, en aquellas circunstancias, no era bueno. Me sentía enjaulado y furioso por estar encerrado sin poder ayudar a Helena. No sabía nada de mis hermanos, ni de mis padres ni de ningún amigo. ¿Estarían todos muertos? ¿Serían ahora una de esas cosas? En mi mente planeaba cada día una fuga de aquel lugar, pero fallaban demasiadas cosas, había demasiados interrogantes en mi plan. Estaba harto de las pruebas, odiaba los pinchazos, las baterías de las mismas preguntas día tras día. Golpeé la pared, furioso. Tenía que salir de allí... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Un sonido estridente me despertó unas horas mas tarde. Había conseguido dormirme hacía apenas hacía unos minutos, de puro aburrimiento. Tardé unos segundos en orientarme y en confirmar que aquel sonido era una sirena de alerta. Los altavoces chisporrotearon y se escuchó la voz del coronel Bejarano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- A todo el personal, se ha producido una brecha de seguridad en el bloque “D”. Repito, se ha producido una brecha de seguridad en el bloque “D”. Desde este momento estamos en alerta naranja, todo el personal debe presentarse en sus puestos y prepararse para los protocolos de contención. Esto no es simulacro. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Me acerqué a la puerta y grité con todas mis fuerzas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡¿Eh?! ¿Qué está pasando? – No hubo respuesta. Pegué la oreja a la puerta y escuché ruido de pasos a la carrera. Grité de nuevo pero nadie respondió. Me quedé allí clavado, tenso. Brecha de seguridad... eso sólo podía significar una cosa. Aquellas cosas estaban dentro del edificio. ¿Cómo habían entrado? Me sorprendí por no haber llegado antes a la única conclusión lógica. Si estaban ensayando una vacuna, debían de tener gente infectada para probarla, posiblemente en el bloque “D”. Traté de hacer memoria de mis paseos al patio pero no recordé indicación ninguna en los pasillos de la posible localización de esa zona. Me pareció escuchar disparos y  me agazapé tratando de contener la respiración. Los disparos se escucharon entonces con claridad. El tableteo de los fusiles de asalto y los gritos sonaron amortiguados en la distancia. Aporreé la puerta con impotencia. El suelo tembló con una explosión y las luces de emergencia se encendieron. El aullido de la sirena de impuso al sonido de la batalla que se libraba en los pasillos. El altavoz volvió a cobrar vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- A todo el personal, les habla el coronel Bejarano...- se hizo una pausa tensa interrumpida por las detonaciones de las armas retumbando en los pasillos. – Diríjanse a la zona de evacuación, todo el personal debe evacuar el campamento inmediatamente... Que Dios nos ayude...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Traté de abrir la puerta varias veces, cargué contra ella con el hombro, pero la puerta no cedió ni un milímetro. Salté varias veces contra ella, la pateé, insulté y maldije de varias formas. Pero no cedió. No se cuanto tiempo pasé allí, gritando hasta que me despellejé la garganta y la boca me supo a sangre. Aporreando la puerta hasta que me desollé los nudillos. Agotado caí al suelo sollozando. ¿Iba a acabar todo así? No podían abandonarme allí a mi suerte, no podían... Pero para ellos yo era solo un sujeto de experimento, no muy diferente de aquellas cosas que habían escapado del bloque “D”.  Me aparté de la puerta y me senté en el suelo con la espalda contra la pared. Enterré el rostro entre las manos y perdí la noción del tiempo. A lo lejos los disparos se apagaron y el edificio quedó en silencio. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;El cerrojo de la puerta chasqueó al abrirse. Me levanté de un salto sin poder asimilar que pasaba exactamente, busqué por instinto algo con lo que de defenderme y agarré por las patas la mesilla que había junto la cama. En la oscuridad, la puerta se abrió poco a poco y una silueta se recortó en el umbral. De pronto la luz de una linterna me deslumbró y alcé una mano para protegerme. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Si me golpeas con eso dejaremos de ser amigos.- Aunque reconocí la voz no podía creerlo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Gema?- Pregunté sorprendido.- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no te has ido?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella dudó un poco antes de contestar. Entró en la habitación y dejó un fusil de asalto sobre la cama. Descolgó otro que llevaba al hombro y lo cargó con un sonido sordo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No podía dejarte aquí... – escupió las palabras como si le costara decirlas. Me acerqué a ella y la abracé. No duro mucho, se separó de mí de un empujón. – En otro momento. No tenemos tiempo. Vístete y coge tus cosas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asentí y me puse manos a la obra. Cogí el petate del armario y eché dentro mis cosas, una botella de agua y los analgésicos que me habían dado para el dolor de cabeza. Mientras yo me calzaba ella vigilaba con preocupación el pasillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Date prisa, no tardarán en llegar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Terminé de calzarme y me coloqué el petate cruzado a la espalda. Ella me miró y me pasó el fusil que había sobre la cama. Me sorprendió lo pesado que era y me pregunté que aspecto tendría vestido de soldado y con aquel fusil. Me ajusté la correa y quité el seguro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Trata de no dispararme a mí. – Bromeó para rebajar la tensión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Estoy listo. – Asentí y respiré profundamente para despejarme. Noté el olor dulzón y almizclado de la podredumbre en el aire. – Ya llegan...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Vamos al parking, trataremos de conseguir un coche... tú conduces…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Eh... no tengo carné... –la interrumpí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué? ¡Pero si tienes 30 años! – exclamó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Me examinaba esta semana... antes no me había hecho falta... –me disculpé mientras salía de la habitación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Si te examinabas esta semana ya sabes conducir, no creo que aparezca la guardia civil a pedirte el carné. –dijo mientras echábamos a andar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Visto así... –Me indicó un pasillo y avanzamos por él con rapidez dejando atrás la zona de laboratorios que conocía. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Escuchamos mas adelante un gemido y pies que se arrastraban en el frío suelo. Nos detuvimos y nos preparamos para disparar. De la oscuridad del corredor surgieron varias siluetas tambaleándose. No los vimos con claridad en aquella penumbra hasta que estuvieron muy cerca. Eran tres hombres y una mujer. Uno de ellos era un soldado al que le faltaba un brazo, el resto iban desnudos y a uno de ellos le colgaba aún un gotero que arrastraba tras él. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-A la cabeza, tiro a tiro.  Apunta despacio y apoya bien el fusil en el hombro. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo asentí y apunté al soldado. Tragué saliva… y apreté el gatillo. El fusil me golpeó el hombro con fuerza pero conseguí estabilizarlo. Levanté un momento la vista, le había dado en el cuello haciendo un terrible agujero por el que manaba un espeso icor negruzco. Gema comenzó a disparar también y la lucha duró sólo unos segundos. Los cuerpos ya totalmente inertes yacían en un suelo ensangrentado. A la luz de la linterna nos acercamos con cuidado. Con un tirón Gema quitó el chaleco al soldado muerto y me lo lanzó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No pongas esa cara de asco, no puedes infectarte. Comprueba si tiene munición en los bolsillos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Abrí un bolsillo en el pecho y encontré una tarjeta de seguridad. La comprobé por inercia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Se llamaba Marcos. –Murmuré. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Lo se, era de mi compañía. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;La observé un momento, mordiéndose el labio superior y tratando de parecer indiferente. Aquello la afectaba tanto como a mi, pero trataba de mantenerse fuerte. Puse una mano en su hombro y asentí. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Vámonos. Creo que vienen mas. –Me hizo un gesto de complicidad y se incorporó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Corrimos hasta otro pasillo y esquivamos a tres de aquellas cosas sin luchar, ahorrando munición, hasta llegar a un ascensor. Gema me explicó que no había otro camino, las escaleras estaban llenas de zombies que habían seguido a los soldados en la evacuación. Aporreamos el botón repetidamente hasta que en la lejanía comenzó a escucharse el motor arrancar y el botón de llamada se iluminó. El ascensor pareció tardar una eternidad. Mientras tanto, algunos de aquellos seres aparecieron en el pasillo. Eran muchos, casi una veintena. Aún no los veíamos con claridad, en la penumbra de las luces de emergencia eran realmente espeluznantes. Sus gemidos helaban la sangre en las venas.  Estábamos a punto de correr cuando desde el otro lado del pasillo se escucharon gemidos. Estábamos rodeados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Joder, maldito ascensor... ¡Vamos! –gritó enfurecida. Pateó la puerta repetidas veces maldiciendo. Yo comprobé el cargador y apoyé el fusil en el hombro, listo para disparar y vender caros nuestros pellejos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Poco a poco se acercaron hacia nosotros, hasta que pudimos verlos claramente. La mitad eran soldados que habrían muerto durante la evacuación, algunos con terribles heridas y mordiscos. Cuando estaban tan solo a un par de metros las puertas del ascensor se abrieron y saltamos dentro. Pero ellos no se detuvieron. Pulsé a toda prisa el botón de cerrado de puertas. Se cerraron como a cámara lenta mientras ellos trataban de introducir sus manos dentro. Con un chasquido las puertas cerraron del todo, dejando a nuestros perseguidores fuera. Escuchamos sus uñas arañar las puertas exteriores y sus gemidos mientras el ascensor comenzaba a bajar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Jodeos, cabrones...-murmuró Gema apoyándose contra la pared. El momento había sido muy intenso y ambos respiramos profundamente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Huele a quemado... –dije. Ella asintió. El humo comenzó a filtrarse por las rendijas del ascensor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;La puerta se abrió y nos quedamos parcialmente cegados por el resplandor de las llamas. Una terrible bofetada de calor nos golpeó. El aparcamiento era un infierno. Varios vehículos ardían y el humo negruzco flotaba por todas partes impidiéndonos respirar. Recortados sobre las llamas, varios zombies arrastraban los pies de un lado a otro... De pronto giraron hacia nosotros y comenzaron a andar en nuestra dirección levantando los brazos y gimoteando. Habíamos salido de la sartén para caer en las brasas, literalmente. Busqué un coche que no estuviera ardiendo y encontré uno al final del aparcamiento, lejos de la salida. Se trataba de un todo terreno viejo, un Nissan antiguo con la capota de atrás de lona. Se lo señalé y ella asintió. Saltamos a la carrera usando los fusiles como garrotes para abrirnos paso. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Las llaves... no tenemos las llaves... –Grite al llegar junto al coche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Están puestas, tienen que estar puestas... –Jadeó mientras llegaba junto el asiento del conductor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Me subí al coche y para mi alivio las llaves estaban puestas donde debían. Arranqué el motor, metí la primera marcha y traté de salir disparado. Los nervios me traicionaron y el vehículo se caló con un tirón. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No, no... ahora no... – Los zombies se acercaban cada vez mas. Me agaché y arranqué el motor por segunda vez. De pronto uno de aquellos seres saltó contra el cristal, golpeándolo con fuerza y dejando una horrible mancha negruza. Se preparó para golpear de nuevo cuando conseguí arrancar y lanzar el coche hacia adelante. Apuré la primera marcha y cambié antes de enfilar la cuesta de subida. Había un vehículo ardiendo a mitad de pista y varios zombies, alguno también en llamas, me cerraban el paso. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Pasa por encima, mete segunda y no pases de 40, si no el golpe puede dañar el coche. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Solté el embrague y pisé con fuerza el acelerador para subir, golpeé al primero de refilón y el golpe lo lanzó girando hacia un lado. Embestí uno tras otro a los zombies a poca velocidad, apartándolos del camino con las defensas del todo terreno. Giré a la derecha y enfilé la puerta hacia la salida, hacia la libertad y la salvación. El coche salió a toda velocidad de la rampa, saltando chispas cuando volvimos a tocar el suelo violentamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Aminora, vas a destrozarlo... –Me dijo Gema poniendo una mano sobre la mía. Esquivé algunos muertos vivientes que estaban en la carretera y dando las luces enfilé la vía de servicio que cruzaba un pequeño bosque. Bajé un poco la ventanilla y aspiré el aire de la noche. Olía a pinos y a resina. Conduje en silencio hasta llegar a la autovía. Detuve el vehículo en la incorporación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Dónde está Azuqueca?- pregunté.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué?-Se extrañó ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Azuqueca, Gema... ¿Derecha o izquierda?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-José... no sabes si ese campamento sigue en pie... ¿Y si ha caído? ¿Y si está...? – Dejó la pregunta en el aire.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No está muerta. Ella está viva... y yo voy a buscarla. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-8964436540720302179?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/8964436540720302179/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/03/capitulo-12.html#comment-form' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/8964436540720302179'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/8964436540720302179'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/03/capitulo-12.html' title='Capítulo 12'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-3138412090255396967</id><published>2009-02-03T23:05:00.002+01:00</published><updated>2010-10-21T09:16:46.865+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 11.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desperté sobresaltado. A pesar de mis esfuerzos el cansancio me había vencido y me había quedado dormido. Lancé una maldición en silencio. Frente a mí, sentado en el banco metálico del camión, una soldado mascaba chicle y me miraba con curiosidad. Me incorporé un poco y lancé un quejido. El cuerpo me dolía y tenía agujetas en las piernas. Ella sonrió con complicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   El uniforme que me habían dado me quedaba algo ajustado y me sentía incómodo con él. Aquél pequeño detalle hizo que me sintiera un poco más desgraciado. Enterré la cabeza entre las manos para que la soldado no me viera sollozar. Hacía un par de horas, quizá mas, no sabía cuanto tiempo había dormido, que habíamos abandonado el campamento de refugiados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis pensamientos volaron de nuevo hacia Helena. ¿Estaría bien (ella)? ¿Estaría viva siquiera? Sacudí la cabeza tratando de espantar ese pensamiento. Ella estaba bien, si el ejército conseguía mantener la disciplina en el campamento es posible que todo fuera bien. El coronel Bejarano había desoído todas mis súplicas para que la llevaran con nosotros, al final, a la fuerza, me habían trasladado en un camión militar con la caja cubierta con la lona verde hacia otro lugar que llamaban "El Laboratorio".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camión dio otro bandazo y caí del banco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Estás bien? - dijo la soldado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, no te preocupes... me duele más el amor propio.  - murmuré.&lt;br /&gt;Ella sonrió y me ayudó a levantarme. Aquél pequeño gesto de amabilidad consiguió que yo sonriera también por un momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo te llamas?- me atreví a preguntar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se supone que no debo decírtelo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por lo de no intimar con los rehenes o cobayas o lo que quiera que yo sea? - sugerí. Ella torció el gesto. Sacó un paquete de chicles de un bolsillo y me ofreció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me llamo Gema. -dijo mirando hacia otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo soy José Manuel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo sé, soy tu "escolta".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya, soy popular... -dije con sarcasmo mientras desenvolvía un chicle y me lo metía en la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para mi eres la esperanza. Si de verdad hay una cura... si de verdad pueden encontrarla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Desvió la mirada hacia el infinito y yo la imité. Se hizo un silencio algo incómodo y yo volví a echarme en el banco. El hombro aún me dolía bastante pero al menos ya no me ardía ni picaba tanto. Desde luego me encontraba algo mejor. Al menos físicamente. En mi mente seguía bastante hundido y de algún modo buscaba la manera de regresar con Helena. Mi mente se debatía entre lo que pensaba que era lo correcto y lo que de verdad quería hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   El coronel me había enseñado fotografías de esas cosas. "Zombies" los llamó. Como en las películas de serie B. Algún tipo de virus que se contagiaba por la sangre y la saliva. Un mordisco y en un par de horas eras uno de ellos. Y no había vuelta atrás. Me contó que las bajas civiles se contaban por centenares de millar, tal vez millones, sólo en territorio nacional. Era el fin del mundo. En apenas unas horas todo lo que conocíamos se derrumbaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en medio de eso, un pobre informático como yo podría tener en su sangre la clave para una vacuna contra el virus mortal. Era sobrecogedor. Me sentí muy pequeño y egoísta por pensar sólo en mi bienestar y en el de Helena. Me agazapé en el asiento y me abracé a mis rodillas. Antes de darme cuenta estaba llorando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   El camión redujo su velocidad y se detuvo. Escuchamos voces fuera aunque no fui capaz de entender lo que decían. Maniobramos y proseguimos la marcha durante un par de minutos. Hasta que el camión se detuvo y Gema bajó de un salto. Abrió la trampilla de atrás y me hizo una seña para que bajara. Salté a tierra. Estábamos en un aparcamiento subterráneo. Había varios vehículos aparcados en diversas plazas, la mayoría blindados medios del ejército (los populares BMR) y un par de camiones. Otros dos soldados se acercaron junto con un médico (al menos llevaba una bata y un fonendoscopio, debía de ser médico). El médico conducía una silla de ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siéntese, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puedo caminar.- contesté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Le han dicho que se siente.- Gruñó un soldado con muy malos modos cogiéndome del brazo con brusquedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh! Basta, suéltale.-Gema se interpuso y el soldado me soltó.- Por favor, siéntate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Me senté despacio en la silla y me condujeron por un pasillo hasta un elevador. El lugar me recordaba a un hospital, la amplitud de los pasillos, la pintura blanca con marcas a media altura (hechas al girar una camilla con poco tacto)... De algún modo mi instinto me decía que esos datos eran importantes. Mantuve los ojos bien abiertos tratando de memorizar todo lo que podía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Bajamos en el elevador hasta el sótano tres y me condujeron por un pasillo largo e interminable. Atravesamos varias puertas de contención que parecían de plástico semitransparente custodiadas por soldados con los trajes bacteriológicos hasta llegar a una gran sala con varios boxes separados con cortinas. No había ninguno ocupado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por favor túmbese en la camilla.- dijo el doctor. Me levanté y me tumbé en la camilla. - Desvístase de cintura para arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Me quité la camisa y la camiseta interior y antes de que me diera cuenta había media docena de médicos a mi alrededor. Me tomaron la tensión, sacaron sangre y tomaron muestras y rastros de la herida. Tras casi una hora de pruebas y de responder preguntas sobre mi salud y sobre las condiciones en las que me mordieron me trasladaron a una habitación cercana. Gema apareció con un petate militar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aquí tienes ropa de repuesto, pijama, un neceser...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gema... Quiero saber algo de mi mujer. - la interrumpí. Miró hacia otro lado y negó con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por favor... -Ella me miró y pude volver a ver en su rostro aquella sonrisa de complicidad y aquél gesto de compasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Haré lo que pueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Salió y cerró la puerta tras de sí. Escuché como cerraba con llave. Guardé el petate sin examinar su contenido dentro de una taquilla y me dejé caer en la cama apesadumbrado. Ahora sólo podía esperar...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-3138412090255396967?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/3138412090255396967/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/02/capitulo-11.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/3138412090255396967'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/3138412090255396967'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/02/capitulo-11.html' title='Capítulo 11.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-3466577355414506168</id><published>2009-01-23T08:45:00.000+01:00</published><updated>2010-10-21T09:16:43.258+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 10</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Escoltados por un gran número de guardias armados, nuestra comitiva se dirigió hacia el edificio principal. Se trataba de un edificio antiguo con tres naves en forma de “T” de tres plantas cada una. La fachada de la principal, a donde nos dirigíamos a buen ritmo, tenía pintado en letras rojas y doradas el lema del ejército sobre la puerta: “Todo por la patria”. Había mucho movimiento y no paraban de entrar y salir soldados que parecían muy ocupados y con mucha prisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se detengan.- Un leve golpe con la culata del arma sobre mi hombro reforzó la orden. Aunque me dolió mas el orgullo que el golpe en sí, no protesté. No estaba en posición de hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nave oeste tenía una gran puerta metálica que daba a un garaje o almacén, se nos hizo entrar por ahí, en dos filas. Yo trataba de seguir la pista de Helena en la fila opuesta, pero no conseguí verla. Me sentía perdido, como un naufrago a la deriva a merced de una tormenta, sin un salvavidas al que aferrarme. Arrastré los pies por un pasillo, detrás de un hombre de unos 40 años que no paraba de rezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel lugar rezumaba decadencia y abandono. Había una gruesa capa de polvo en la que se marcaban las huellas de los que habían pasado por allí antes que nosotros. Las paredes estaban plagadas de desconchones y la pintura, que antaño fuera blanco, había adquirido un tono gris malsano. El lugar provocaba que a uno se le encogiera el corazón y se le hiciese un nudo en la garganta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto separaron las filas. Las mujeres tomaron un pasillo lateral mientras que a nosotros nos llevaron por unas escaleras hacia los sótanos, que eran mucho más grandes de lo que parecía el edificio a simple vista. Nos detuvimos en un pasillo donde se amontonaban cajas de cartón con bandejas y al fondo un carro metálico de los que se usaban en los autoservicios para dejar las bandejas usadas. Un soldado nos entregó una bandeja al pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Depositen sus objetos personales en la bandeja, se les devolverán a la salida. Cuando sea su turno entren por la puerta y dejen la bandeja en el carrito. –algunos quisieron protestar o preguntar pero no sirvió de nada. Con bastante contundencia nos ordenaron permanecer quietos y en silencio. Nadie nos explicó nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hicimos cola frente a una puerta metálica que parecía la entrada a una morgue. Toqué la herida de mi hombro y sonreí ante la ironía. De alguna manera yo ya estaba muerto pero iba a entrar en la morgue por mi propio pie. La puerta se abrió de pronto y todos contuvimos el aliento. Un soldado con el traje de protección salió del interior:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El siguiente. –Su voz sonó distorsionada por la máscara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el siguiente entró en aquella sala. Los demás permanecimos en la cola, vigilados atentamente por varios soldados fuertemente armados. Ellos estaban al menos tan nerviosos como nosotros. Pasaron más de 10 minutos antes de que llamaran al siguiente, y para el tercero lo mismo. Y así, pasé casi una hora esperando en aquella fila hasta que llegué junto a la puerta y dejé mi bandeja en el carro. Me despedí de mis efectos personales. En todo aquel tiempo que había permanecido allí, nadie había vuelto a recoger sus cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El siguiente - dijo una voz fria que resonó implacable en mis oídos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mareado, con dificultad para respirar y conteniendo las lágrimas, arrastré los pies y abrí la pesada puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro había una gran sala dividida en compartimentos con sábanas y cortinas. Parecía un hospital de campaña de los que había visto en las películas. Había guantes de látex por el suelo y otro soldado, que parecía un astronauta con el traje, limpiaba una mancha que parecía sangre con una fregona. Otro de aquellos astronautas me hizo una seña desde una mesa. Me acerqué despacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Desnúdese.-Su voz, sin ningún atisbo de humanidad, me puso los pelos de punta. Miré atrás buscando una salida, pero un soldado se había colocado tras de mi cortándome el paso. Asentí y comencé a descalzarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me llamo José Manuel...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Guarde silencio y dese prisa.- Me interrumpió. Estaba bien entrenado, no podría apelar a su humanidad ni a su compasión. Suspiré y continué. Aquello era sin duda el fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando terminé de desvestirme el soldado tras de mí dió un respingo asustado. El que tenía delante cogió un transmisor y gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Tenemos un positivo! ¡Tenemos un positivo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de darme cuenta me vi zarandeado por tres hombres con los trajes de protección. Me arrastraron fuera de la sala por la salida de atrás y me condujeron casi en volandas por un pasillo. De nada sirvieron mis gritos y mis protestas. Un rodillazo en el pecho me hizo guardar silencio. Entramos en otra gran sala con puerta metálica y me arrojaron allí. Caí en el suelo junto a una chica joven también desnuda. Su expresión era de absoluto terror. Frente a nosotros había un enorme horno encendido y junto a él se apilaban varios cuerpos cubiertos con sábanas. Dos soldados se aproximaron cargando sus armas. Pese al calor del día y del horno, la muchacha tiritaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de aquella escena se ha grabado en mi cerebro a fuego. Aún puedo ver el rostro de aquella joven cuando cierro los ojos. Aún me despierto con sus súplicas. Uno de los soldados puso el cañón del fusil sobre su cabeza... y disparó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estampido del disparo resonó entre las paredes de aquel lugar y la chica cayó muerta en mis brazos. Miré a los ojos de su ejecutor y vi como movía el cañón hasta situarlo frente a mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hazlo de una vez, cabrón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afianzó el fusil en su hombro y apuntó entre mis ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Espera! -Entró otro soldado con el traje de astronauta, y los cinco que había en la sala se cuadraron. Debía tratarse de un alto mando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recién llegado me miró e hizo una señal a los soldados que me habían escoltado hasta allí. Me sujetaron con fuerza y uno de ellos me agarró firmemente la cabeza por debajo del cuello. Me hizo doblar el cuello en un ángulo en el que me costaba respirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que no te muerda.- Le dijo el oficial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó a mi y examinó mi hombro. Pasaron unos segundos tensos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Coronel!¡Coronel!-gritó de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sexto hombre, sin uniforme de contención, entró en la sala. Se trataba de un hombre de unos 60 años con el pelo cano y barba, vestía con el uniforme de camuflaje del ejército de tierra, en el pecho llevaba las insignias del cuerpo médico sobre la etiqueta con su apellido: “Bejarano”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Alguna novedad, capitán?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, a este lo han mordido... pero la herida está curando... no hay infección exterior, ni pus  ni eccemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras yo forcejeaba por respirar el coronel examinó mi herida. Su expresión pasó del excepticismo al asombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Usted - dijo mirándome a los ojos.- ¿Quiere vivir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asentí levemente con la cabeza, lo poco que pude mientras me sujetaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces pórtese bien y saldrá de esta. Es un posible "Alfa", nos lo llevamos al laboratorio.-dijo al capitán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquellos pocos segundos mi mente trabajaba muy rápido, tal vez me espoleaba el miedo, pero todo comenzó a cobrar sentido. Fuera lo que fuera lo que provocaba el contagio, yo era inmune. Y mi sangre podría contener los anticuerpos para fabricar la vacuna. Me necesitaban vivo, al menos de momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Le puede decir a sus gorilas que me suelten.- me atreví a murmurar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se giró sorprendido. Y se rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Soltadlo. Me cae bien este tipo. Tiene cojones.Traedle un uniforme de su talla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Mi mujer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tientes la suerte, hijo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se marchó y me dejó allí con aquellos hombres. Miré el cuerpo de la chica en el suelo. Me acerqué a la pila de sábanas viejas y cogí una para cubrirla. Aquel era un gesto que iba a repetir mucho en el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-3466577355414506168?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/3466577355414506168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/01/captulo-10.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/3466577355414506168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/3466577355414506168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/01/captulo-10.html' title='Capítulo 10'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-1799560913097589204</id><published>2009-01-14T21:00:00.002+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:29.529+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 9</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras cruzar varios controles de seguridad, el camión se detuvo dentro de un amplio recinto. Por todas partes se alzaban Carpas y tiendas de campaña militares y de Cruz Roja atestadas de gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Refugiados como nosotros", pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un soldado nos ordenó que bajásemos del camión tratando de hacerse entender por encima del griterío general y caos reinante en aquel lugar. Antes de descender, me permití una última mirada desde mi posición elevada en lo alto del camión. Había dos grupos de edificios antiguos que debieron ser un acuartelamiento en algún momento del siglo pasado. Partes del tejado se caían a pedazos y en general se veían abandonados hacía mucho tiempo. Contrastaba esa decadencia con las antenas de conexión por satélite instaladas en los edificios más elevados y los generadores adyacentes a lo que debía ser el cuartel general.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Docenas de soldados uniformados cargaban paquetes, montaban defensas, tiendas y barreras con sacos terreros frente a puertas y ventanas. Algunos de ellos llevaban máscaras y trajes de protección bacteriológicos. Verlos me hizo sentir una punzada de pánico en el corazón. En cuanto a los civiles, habría por lo menos unas tres mil personas, quizá más, hacinados en la explanada. Gente de todo tipo, de diferentes nacionalidades y origen cargando lo poco que habían podido salvar de sus anteriores vidas. Niños pequeños que lloraban, ancianos encorvados, solos y silenciosos, hombres y mujeres que desesperados gritaban y pedían ayuda...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿José?- La voz de Helena me devolvió a la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé de un salto y la ayudé a bajar como pude. Mi hombro ardía de dolor, pero apreté los dientes y me obligué a sonreír. Dnombele saltó ágilmente a mi lado. Le hice una seña y ayudamos a bajar al resto de los pasajeros. Descargamos las maletas y a los gatos, que aún lloriqueaban débilmente en sus cestas. Miré a mi gato y lo tranquilicé con palabras amables. No podía enfadarme con él por lo sucedido, a fin de cuentas, tan sólo había actuado como su instinto le marcaba, igual que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Por favor, un poco de silencio! - Gritó un oficial militar cerca de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo escoltaban dos soldados armados que pretendían mostrar aspecto fiero y disciplinado. Eran muy jóvenes, y se notaba que tenían más miedo incluso que el pobre gato que tenía delante. Miedo, caos, y muchas armas. Una peligrosa combinación. Traté de desechar mis temores y me coloqué cerca de Helena en un círculo alrededor de aquel hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando al fin consiguió que se guardase silencio, comenzó a preguntar uno por uno los nombres, apellidos y otros datos y a apuntarlos en un listado. Constantemente lo interrumpían para pedirle información sobre tal o cual familia, como si él pudiese acordarse de las casi 3000 personas que debían estar alojadas en aquel campamento. El oficial no paraba de repetir que él no respondía preguntas, que su cometido era hacer los listados de las personas que llegaban. Las cosas se pusieron tensas y un señor de unos 40 años comenzó una fuerte discusión con el oficial, protestando por la situación y exigiendo ver al responsable. Uno de los soldados tuvo que reducirlo, lo que provocó mas protestas que un disparo al aire aplacó. Tanto Helena como yo permanecíamos boquiabiertos. Aquello era un polvorín que podía estallar en cualquier momento... con nosotros dentro. Por un momento pensé que tal vez hubiéramos estado más seguros en nuestra casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que hubimos dado nuestros datos, el oficial nos condujo hasta una cola donde otros soldados habían instalado unas mesas. Se nos entregaron paquetes con raciones del ejército, un neceser, un par de toallas y una manta. Todo en medio de un absoluto caos de gritos, preguntas sin respuesta y malos modos. Hecho eso se nos condujo a otra cola donde se nos asignó una tienda común con otras 40 personas con literas de campaña como camas.  Una soldado nos entregó un pequeño mapa o esquema, indicando donde estaban las duchas comunes, los servicios, y el comedor, y los horarios entre los que podíamos hacer uso de los mismos. Y entonces pudimos descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé caer pesadamente nuestras bolsas. Por suerte habíamos preparado muy bien nuestras mochilas y teníamos ropas, una manta térmica de refuerzo y más artículos de aseo, a parte de las pilas, linternas y la comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Helena, esconde bien las raciones y las pilas, cuando las cosas comiencen a escasear tendrán mucho valor y la gente es posible que pierda el control.- Traté de hablar en voz baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es terrible, ya he visto gente pelearse por una manta...-sollozó. Pasé un brazo por encima suyo y la consolé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Al menos aquí estamos a salvo...-no soné todo lo convincente que quería y ella sonrió a pesar de todo. Siempre me sorprendía, su capacidad para sobreponerse a los problemas, aunque la situación fuera abrumadora.Traté de sonreír yo también, aunque tampoco quedé muy convincente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto un grupo de gente corrió en dirección al edificio principal. Por un momento nos temimos lo peor. La gente gritaba a punto de entrar en pánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? - preguntó una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las listas de los refugiados de este campamento... van a publicarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Helena, quédate aquí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me dejes sola, por favor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cielo, sólo iré más rápido y volveré enseguida, tú tienes que vigilar que no nos quiten nada. - Me acerqué mucho a ella y cubriéndonos de las miradas con mi cuerpo, le di la pistola. -El seguro está puesto... ten cuidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrí hacia allí con todas mis fuerzas, pero ya había una gran multitud delante de los improvisados tablones donde unos soldados ya colgaban las listas. Comenzaron los empujones y los gritos y al final un oficial mandó hacer una fila y guardar turno. Un par de personas intentaron saltarse la fila y fueron devueltos a ella a rastras. Yo guardé mi puesto pacientemente, tratando de reordenar mis ideas, y de recordar todos los nombre que quería buscar en esas listas. No recordaba los apellidos de todos mis amigos y eso me puso nervioso. En aquella situación era incapaz de pensar con claridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un momento volví a sentir miedo. ¿Sería aquel mordisco lo que me afectaba? ¿Estaba empezando a convertirme ya en una de aquellas cosas? Otro pensamiento aún mas terrible me asaltó de pronto ¿Y si había más personas como yo? Más personas mordidas, infectadas... ¿Cuantos habría? ¿Y cuando cambiarían? Todos estos temores me asaltaron de golpe. Yo había dejado a Helena sola...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traté de darme la vuelta en la fila pero era imposible. Así, hecho un manojo de nervios, caminé los últimos metros hasta las listas y comencé a buscar nombres de familiares y conocidos. Las letras parecían diminutas y bailaban delante mío, cada letra que terminaba sin resultados hacía más penoso consultar la siguiente. Constantemente tenía la sensación de no haber leído bien un nombre, de haberme saltado un apellido, y era terrible. Una tras otra pasé las páginas tratando de mantener viva la esperanza. Fue inútil y mi desesperación creció aún más. Si es que aquello era posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé cabizbajo a la tienda que teníamos asignada. Negué con la cabeza al llegar y no hizo falta ninguna palabra. Nos abrazamos en silencio. Como si no hubiera nada a nuestro alrededor, como si el resto del mundo hubiese dejado de existir. Permanecimos así bastante tiempo. En silencio. Hasta que de pronto, varios soldados con trajes de protección biológica aparecieron en la tienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por favor, hombres y mujeres que formen dos filas separadas, vamos a la tienda médica. Debemos realizar un control sanitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente protestó, pero los soldados comenzaron a ordenar violentamente a la gente en las filas. Helena me miró con desesperación, yo sabía leer esa mirada perfectamente, no quería que nos separásemos. Por instinto llevé mi mano a la herida del hombro. Estaba convencido que en cuanto la descubrieran estaría perdido. Una vez más, la vida pareció pasar delante de mis ojos como una película. Arrastrando los pies, me puse en movimiento con la fila de los hombres, mientras que trataba de no perder de vista a Helena en medio de la multitud. Intenté memorizar cada rasgo, cada detalle. Tal vez fuera la última vez que la veía antes del final.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-1799560913097589204?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/1799560913097589204/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/01/captulo-9.html#comment-form' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1799560913097589204'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1799560913097589204'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2009/01/captulo-9.html' title='Capítulo 9'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-4931781679264830986</id><published>2008-12-18T11:25:00.001+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:26.893+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 8</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El camión avanzaba con rapidez hacia el sur mientras el sol comenzaba a elevarse sobre el horizonte. Aunque su cálida luz nos reconfortaba, la imagen que iluminaba ante nosotros era la de la completa desolación. Nos sobrecogimos al ver el terrible paisaje, más propio de una guerra, que recorríamos en nuestro camino a quién sabía dónde. Los tanques iban abriendo paso en una autopista colapsada. Los coches estaban vacíos en su mayoría, pero en otros, cadáveres atados aún por el cinturón de seguridad alzaban sus manos hacia nosotros tratando de atraparnos. Varios de ellos caminaban distraídos entre los coches, arrastrando los pies por el asfalto caliente y lleno de sangre coagulada. Todo tipo de enseres y efectos personales estaban abandonados en el suelo, algunos teléfonos móviles seguían sonando sin sentido. ¿Hacia dónde habría huido aquella gente? ¿Estarían todos muertos o serían parte de aquellas cosas? Mis ojos se posaron en una gran furgoneta blanca con el logotipo de una empresa de transportes. Tenía las puertas abiertas de par en par y había mucha sangre en su interior. Un brazo colgaba lánguidamente por una ventana. Reconocí la furgoneta al instante, era la de mi vecino.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;-No se asomen demasiado ni saquen los brazos por fuera.- me increpó un soldado que estaba sentado en el fondo del camión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a sentarme. El dolor del hombro me había mareado un poco pero al menos no era tan intenso como antes. Miré las caras de la gente que iba en el camión con nosotros, buscando algún rostro familiar, alguna cara amiga. Pero no conocía a ninguno. Sus rostros estaban marcados por el miedo y la desesperación. Me pregunté si el mío se vería igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tienes mala cara. - Helena pareció leerme la mente. Siempre lo hacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy un poco cansado, ha sido una noche dura. - Busqué en la mochila pequeña una botella de agua, que aún se mantenía fría. Vi el rostro del hombre que me había salvado y le ofrecí un poco. Sonrió de nuevo y me hizo un gesto de agradecimiento llevando la mano al corazón. Fue a beber, pero paró y ofreció la botella antes a Helena. Ella le sonrió y le hizo una indicación para que bebiera. Bebió con avidez un buen trago y me devolvió la botella con el mismo gesto. Helena y yo bebimos también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dnombele. - Me dijo señalándose al pecho. Comprendí que ese era su nombre y le ofrecí la mano. La estrechó con mucha fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ella es Helena.- Dnombele asintió.- y yo soy José Manuel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú mucho valiente. Gente no corre tras gato. -no pude evitar reír. Mi risa sonó extraña y ronca, pero era una risa a fin de cuentas. Fue contagiosa y los tres nos relajamos un poco. Los gatos, más tranquilos, nos miraban con curiosidad desde sus cestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahí abajo... me has salvado la vida... - Su sonrisa se volvió extraña y miró al horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo mucho malo que corregir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quise preguntarle más, pero volví a estrechar su mano. Todos los hombres tenemos algún demonio y los suyos parecían seguir al acecho. Sus manos, su postura disciplinada, su ausencia de miedo, estaba claro que este hombre había visto guerra y muerte suficiente para inmunizarle de todo lo que estábamos viviendo. Me pregunté si alguna vez podría acostumbrarme a algo similar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los camiones siguieron rodando por la autovía unos kilómetros y de pronto salieron por un camino privado de tierra. Tras un buen rato distinguimos unas instalaciones que parecían un viejo cuartel medio abandonado. Tiendas de campaña  por todas partes, y un gran número de soldados afanados en construir defensas con sacos terreros y alambradas. Era obvio que aquel era nuestro destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí una punzada de dolor.  El hombro me seguía molestando mucho, y a veces me mareaba un poco. Helena me miró preocupada y me puso la mano en la frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cielo, tienes fiebre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces comencé a preocuparme. Sentado en aquel camión comencé a asociar la cadena de eventos desde la noche anterior. La señora del piso de enfrente, cuando llamó a mi puerta tenía sangre en las manos. El médico de urgencias, el policía... les habían mordido a todos. Saqué la cabeza y vomité lo poco que tenía que en el estómago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué le pasa? - quiso saber el soldado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me mareo en los coches. -mentí. No se por qué lo hice, tal vez mi instinto de conservación me decía que anunciar a bombo y platillo que posiblemente me iba a convertir en una de esas cosas no era una buena idea. Mi cerebro pareció colapsarse. Iba a morir. Todo iba a acabar. Miré el rostro de Helena y me mordí un labio para evitar llorar. No volvería a estar con ella, no tendríamos los hijos de los habíamos hablado, no nos haríamos viejos cuidando el uno del otro, todos esos momentos que aún no habían llegado serían tan sólo un espejismo, una ilusión, un castillo de humo en el horizonte. Todas las cosas que debían haber sido, ya nunca existirían. Volví a mirar su rostro, aún pálida y con aquellas horribles ojeras me parecía la mujer más hermosa del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ¿Qué sería de ella? Sola en medio de esta guerra, de esta invasión. Pensé en lo que me había dicho Dnombele. Yo no era valiente, tan sólo me había dejado llevar por los acontecimientos, había sido un mero espectador mientras el mundo se derrumbaba. No había sido valiente, pero pensaba serlo las horas que me faltaban. No tenía nada que perder. Mientras me quedara algo de aliento, mientras quedara una sola gota de vida en mí, iba a cuidar de Helena, iba a proteger a mi familia. Y aquella era una promesa que pensaba cumplir...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-4931781679264830986?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/4931781679264830986/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/12/captulo-8.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/4931781679264830986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/4931781679264830986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/12/captulo-8.html' title='Capítulo 8'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-4226844243055775580</id><published>2008-12-11T14:47:00.001+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:24.530+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 7.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando me quise dar cuenta de lo que estaba ocurriendo y del lío en que me había metido, ya había recorrido unos 300 metros. Sin ni siquiera pensarlo, había entrado en una calle perpendicular, una zona de chalets que ahora presentaba un paisaje desolado. Coches abandonados, algunos accidentados y con las puertas abiertas, maletas y ropa desperdigadas por el suelo, y sangre... mucha sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de esas cosas rondaban el lugar arrastrando los pies y se dirigían sin duda al punto seguro, que es donde yo debería haber estado. Sin embargo un par de ellos parecieron darse cuenta de mi presencia y cambiaron de dirección, cerrándome el paso y la vía de escape.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuché entonces los gritos angustiados de Helena y los disparos a lo lejos. Estaba tan concentrado en perseguir al gato que yo mismo había anulado mi percepción. Solté un gemido ahogado de rabia y confusión. Y para colmo había perdido el rastro del animal. Comencé a llamarlo por su nombre mientras buscaba a toda prisa bajo los coches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el rabillo del ojo trataba de controlar el movimiento a mi espalda del grupo que ya se había congregado en la bocacalle por la que yo había entrado. Se movían mas rápido de lo que parecía y los tenía ya muy cerca. Las sienes me latían con fuerza, y la sensación era como tener un tambor en la cabeza. Y el maldito gato seguía sin aparecer. Me di cuenta de que estaba gritando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Maldita sea Kyril, maldita sea.... -lloriquee sin control.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me percaté de movimiento bajo un Renault rojo y sin tomar ninguna precaución, fruto sin duda de la desesperación que ya me embargaba, me asomé. Ese fue sin duda el segundo error garrafal del día. Surgiendo de debajo del coche, una de aquellas cosas, un chico, me agarró del brazo y trató de arrastrarme con él. Grité histérico y tiré con todas mis fuerzas hacia atrás. Sonó un horrible crujido y caí al suelo boca arriba con algo grande y pesado encima. Aquel ser había caído encima de mí. No tenía piernas, sólo era un torso del que colgaban restos arrancados y vísceras a medio devorar. Me invadieron las náuseas y por un momento el peso me venció. Traté de liberarme, le golpee varias veces pero seguía sobre mi. Sus manos se cerraron sobre mis muñecas inmovilizándome como dos garras de hielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me mordió. Su mandíbula se cerró sobre mi hombro izquierdo. El dolor fue como un latigazo que me hizo reaccionar. Liberé la mano derecha y agarré a aquella cosa del pelo tiré con fuerza hasta liberarme de su mordisco. Grité de rabia y de triunfo al liberar mi otra mano. Conseguí cogerlo bajo el mentón. Hice palanca con ambas manos, sacando fuerzas de la desesperación. El crujido del cuello me heló la sangre en las venas. Lancé aquel torso lejos y me puse de pie justo a tiempo para esquivar la embestida de otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saque el arma y disparé sin pensar dos veces.  El retroceso del arma me sorprendió, pero por suerte, los dos disparos impactaron en su cuerpo. A esa distancia era imposible fallar. Pero no cayó. Siguió avanzando hacia donde yo estaba. Salté por encima del coche y lo puse como barrera entre los dos. Entonces noté algo agudo y afilado que se me clavaba en la pierna. Me giré dispuesto a disparar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gato trataba de trepar por mi pantalón hacia la seguridad de mis brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Kyril!- chillé. Guardé el arma en la parte de atrás del pantalón, bajo la camiseta y me sobresalté al sentir el calor del cañón en la espalda. Me costó desenganchar al gato de mi pantalón y cogerlo en brazos. El pobre animal maullaba de terror. Lo acuné como pude y me di cuenta de que el hombro me dolía muchísimo. Aunque la camiseta no tenía sangre apenas, eso me hizo albergar la esperanza de que fuera una herida leve. Aún no sabía lo que acarrearía mas adelante...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en aquel momento estaba concentrado en sobrevivir y en llevar al maldito gato al punto seguro. Miré a mi alrededor y por un momento me sentí como un jugador de rugby. Solo tenía que desmarcarme y marcar. Entonces la sangre me sacó de aquella ensoñación. Supongo que el cerebro trata por todos los medios de salvaguardar nuestra cordura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desesperado grité otra vez, como si eso fuera a espantarlos o algo. Por supuesto no lo hizo. Se acercaron más y más. Busqué el arma otra vez...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un crack, el cráneo del que estaba mas cerca se partió y cayó al suelo. Dos golpes más abrieron una vía de escape.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Corre amigo!- escuché una voz con un marcado acento africano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Entonces pude ver a mi rescatador. Se trataba de un hombre negro de unos 30 años, grande y fuerte, con una camiseta verde cubierta de sangre y unos vaqueros rotos. Iba descalzo y su arma, con la que había abatido a tres de aquellas cosas, era una pitón de una moto, una de esas cadenas reforzadas y protegidas de más de 3 centímetros de grosor. La blandía sobre su cabeza y descargó un poderoso golpe sobre otro de aquellos seres que también cayó al suelo con un sonido sordo y seco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrí hacia él y me volví para esperarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Por aquí!- le indiqué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juntos rodeamos la manzana de chalets y salimos al Bulevar mas abajo. Los soldados nos vieron y comenzaron a gritarnos indicaciones. Se estaban retirando, la mayoría de ellos estaba montada ya en los vehículos y los refugiados, unas 100 personas, estaban repartidas en 4 camiones militares cargados hasta arriba de equipaje y maletas de los civiles. Desde uno de ellos Helena agitaba los brazos y saltaba llorando de alegría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corrimos como diablos hacia la salvación. Casi saltando cruzamos los separadores de cemento mientras yo apretaba al pobre gato sobre mi hombro, tratando de que no lo separaran de mí. Encontré el camión de Helena y le di al gato que no paraba de llorar. Me paré y ayudé a mi anónimo salvador a subir al camión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú primero.- su mirada destiló agradecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sonrió con unos dientes blancos como perlas y subió con agilidad. Después me ayudó a subir y Helena se lanzó sobre mí llorando. El resto del mundo a mí alrededor se desvaneció. Me fundí en su abrazo y apenas me di cuenta de como los camiones se alejaban del punto seguro rodando en dirección sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dejé caer como pude en el suelo del camión junto a Helena y ella se percató de la herida de mi hombro. Miró con cara de preocupación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es superficial, no me duele ni nada – mentí. Y mentí porque el hombro comenzaba a dolerme horrores.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-4226844243055775580?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/4226844243055775580/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/12/captulo-7.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/4226844243055775580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/4226844243055775580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/12/captulo-7.html' title='Capítulo 7.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-7864665268359276031</id><published>2008-12-02T23:28:00.003+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:22.578+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 6.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde nuestra posición, ocultos tras las cortinas, pudimos ver los carros blindados entrando desde el sur por el Bulevar. Nos abrazamos junto a la ventana y yo noté como mi corazón saltaba en mi pecho, esta vez con algo de esperanza. Helena me señaló algunos balcones y pude observar mas personas,escondidas como nosotros que hacían gestos de júbilo. La expresión de Helena cambió de pronto, cuando miramos la calle iluminada con las primeras luces del alba. Parecía el escenario de una batalla. Cristales rotos, sangre, algún cadáver ensangrentado que yacía aún tendido en el suelo, zapatos, un manojo de llaves, teléfonos móviles sin dueño por todas partes. Y ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decenas de ellos, arrastrando los pies, con los brazos extendidos hacia adelante y una expresión perdida en el rostro. Tambaleándose, algunos con terribles heridas que habrían detenido a cualquier persona normal, ensangrentados. La mayoría llevaban las ropas hechas jirones, otros iban medio desnudos... Un ejército de cadáveres andantes que se dirigía implacable hacia los vehículos. La visión nos sobrecogió tanto como nos impactó. Había decenas, tal vez centenares de aquellas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los tanques no se detuvieron. Las cadenas que los impulsaban avanzaban rápidamente rompiendo el asfalto bajo ellas y aplastaron a alguna de las criaturas a su paso esparciendo sangre y un amasijo de huesos y vísceras retorcidas. Gritamos de horror, pero nuestros gritos fueron aplacados por el sonido del fuego de las ametralladoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos escondimos por acto reflejo, agachándonos bajo la ventana y nos cubrimos la cabeza con las manos. El tableteo atronador de las ametralladoras pareció durar una eternidad. De pronto, se detuvo en seco. Pasó algún tiempo hasta que nos atrevimos a levantar la cabeza. Se escucharon disparos aislados y fuertes golpes y al final la curiosidad venció al miedo y volvimos a asomarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un grupo de soldados fuertemente armados y con máscaras anti-gas cubrían un perímetro circular que otro grupo de soldados se afanaban en delimitar usando divisores de cemento parecidos a los de las carreteras y vallas metálicas. La oleada de muertos vivientes era ahora un amasijo de pulpa desparramado por el suelo alrededor aquella improvisada fortaleza. Remataron la faena con alambre de espino mientras llegaban varios camiones de los que salían soldados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vez en cuando alguno de ellos disparaba sobre una de aquellas cosas que no había sucumbido a la lluvia de balas de las ametralladoras o que salía de un callejón perdido. En apenas 15 minutos habían fortificado la salida sur de la ciudad y habían montado un pequeño puesto de mando usando el bar del Bulevar. En los balcones la gente seguía observando a los militares y sus maniobras. Uno de ellos, se quitó la máscara y cogió un megáfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Atención! ¡Este es un comunicado de emergencia! ¡Todos los civiles que aún estén en la zona deben acudir al punto seguro del Bulevar Sur para una evacuación de emergencia! ¡Traigan ropa de abrigo, medicinas, y sólo aquello indispensable! ¡Repito, estamos evacuando la ciudad! ¡Tienen una hora!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces empezó el movimiento. La gente en los balcones se apresuró al interior de las casas. Yo me quedé paralizado un momento. Miré el interior de la habitación. Sentí una extraña punzada en mi interior y comprendí que era debida a la cantidad de sacrificios que había hecho para tener todas y cada una de las cosas que había allí. Mis libros, mi televisión panorámica, mi colección de películas de samuráis... toda una vida que podía leerse en aquellas cosas y que ahora eran simplemente objetos inútiles que debía abandonar pero que me retenían de algún modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sorprendió que Helena ya estuviera recogiendo y se hubiese puesto manos a la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos Jose, por favor... no lo pienses o también me pondré yo a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me había dado cuenta de que una lágrima, solitaria, rodaba por mi mejilla. Traté de despejar mi mente y comencé a apilar en una mesa aquello que quería llevarme. Busqué mi vieja navaja de excursionista, un zippo de cuando fumaba y encontré en el fondo de un cajón el pequeño bote de combustible para recargarlo. Helena había cogido ropa y estaba preparando comida en una bolsa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Coge sopas de sobre y latas, nada que se pueda poner malo...-le dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo mientras busqué una vieja lona impermeable y envolví la ropa, la linterna, las pilas y todo lo demás y lo metí en una mochila grande que usábamos cuando nos íbamos de viaje. El gato se subió a la mesa y comenzó a jugar con los cordones de la mochila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces me percaté de la presencia de los animales. No uno, sino dos. El gato,  un bosques de noruega de pelo largo y color gris y una gata cruce también de noruego y pelaje carey que teníamos desde hacía años. Aquellos animales habían estado presentes en nuestras vidas mucho tiempo y habían compartido nuestros sacrificios, nuestras alegrías y nuestras penas. No podía, mas bien no podíamos, irnos sin ellos.  Kyril era el nombre del gato y Tomo el de la gata, que me miraba desde el pasillo con sus ojos redondos y amarillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los transportines... tenemos que llevarlos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nos dejarán los militares?-preguntó Helena preocupada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Más nos vale... porque yo no me voy sin ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi voz sonó más firme y decidida de lo que realmente estaba. Pero ¿Cómo decirle a ella que no tenía ni idea de lo que iba a pasar? Prefería no pensar en ello. Ya lo solucionaría llegado el momento. No quería ni imaginarme que podría ocurrir si nos decían que no. ¿Tendríamos que abandonarlos a su suerte en medio de aquellas criaturas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras un buen rato persiguiendo a los animales, conseguimos meterlos en los cestos de transporte. En total teníamos una gran mochila de viaje y dos cestos que contenían a dos gatos que no paraban de lloriquear imaginando sin duda que iban camino del veterinario. Me alegré de su ingenuidad aunque esperaba que sus llantos no atrajeran a esas criaturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los disparos aislados de los soldados eran cada vez mas frecuentes, lo que sólo podía significar que cada vez aparecían más de esas cosas. Me asomé a la ventana y maldije al comprobar que había decenas de ellos vagabundeando en dirección al punto seguro. Arrastrando los pies, pasando por encima de los cadáveres inertes. Una pareja trataba de correr entre ellos. Dos chicos jóvenes, que llevaban dos enormes maletas cada uno  y que medio arrastraban en su huída desesperada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No van a conseguirlo! -gritó Helena a mi lado. Y desgraciadamente tuvo razón. Los rodearon unos 50 metros antes de llegar. De nada sirvieron los disparos de los soldados. Helena hundió la cabeza en mi pecho para evitar ver el terrible final de aquellos desgraciados y yo le tapé los oídos con las manos para que no escuchara los gritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello era una locura. Desde nuestro portal había unos 200 metros hasta el punto seguro. Cargados con todo aquello tardaríamos unos 5 minutos. Era mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se si podemos hacerlo... -dudé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenemos la pistola... -murmuró ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré el arma sobre la mesa, preparada con todo lo demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si vamos a hacerlo, hagámoslo ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedamos en que yo llevaría la mayor parte de la carga, la mochila grande y uno de los gatos, mientras que ella llevaría una bolsa de viaje más pequeña y el otro animal. Nos apresuramos escaleras abajo cargados con todo aquello. Yo apenas podía con aquel peso. Pero tenía que hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portal seguía pareciendo el escenario de una matanza y la sucia sábana seguía cubriendo los cuerpos en un rincón. Aquellas muertes, aquel horror, me parecían muy lejanos y distantes ahora, como si hubieran ocurrido en otra vida, o tal vez a otra persona. Los disparos en la calle me hicieron volver a la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helena cogió el tirador de la puerta y contó hasta tres. Abrió de un tirón y encontramos la primera sorpresa, uno de ellos estaba allí, junto a la puerta. Sin pensar muy bien que hacía cargué contra él y lo derribé. Apunto estuve de caer al suelo yo también, pero tras trastabillar conseguí mantener el equilibrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Corre, corre!- grité como un poseso mientras corría hacia la salvación, hacia los soldados que comenzaron a disparar para darnos cobertura. - ¡No te pares!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pulmones me ardían y las piernas me temblaban tanto que creía que en cualquier momento iban a fallarme y me desplomaría. Helena corría a mi lado tratando de mantener el paso. Vimos un hueco y corrimos esquivando manos y dientes hacia el punto seguro. Desde dentro los soldados nos gritaban señalando una zona en la que habían retirado el alambre de espino para nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos metros fueron una agonía. Llegamos junto al muro improvisado, solté las bolsas en el suelo y ayudé a Helena a cruzar, sentí un gran alivio cuando la vi al otro lado. Le di la mochila. Y entonces ocurrió lo inesperado. Se me cayó la cesta del gato y la puerta se abrió. Ocurrió como a cámara lenta. La portezuela se abrió y el gato echó a correr en dirección contraria a la salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cometí la mayor estupidez de mi vida. Impulsado por no se que motivo, corrí detrás...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-7864665268359276031?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/7864665268359276031/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/12/captulo-6.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/7864665268359276031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/7864665268359276031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/12/captulo-6.html' title='Capítulo 6.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-1241994281256950325</id><published>2008-11-26T00:07:00.001+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:20.303+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 5.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me acerqué poco a poco a la puerta. Mi mano tembló cuando cogí el picaporte. Respiré profundamente y comprobé el seguro del arma. Me vi allí, apunto de abrir mi puerta con una pistola en la mano y la escena me pareció irreal. ¿Por qué pasaba todo esto? Aún no podía terminar de creerlo. Miré a Helena que se había colocado detrás de mí. Llevaba un cuchillo de cocina en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué haces?-pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esta vez voy contigo...no pienso dejarte solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe si reír o llorar. No quería decirle que preferiría ir solo, porque así sólo tenía que preocuparme de mi mismo y no tendría que estar pendiente de ella. Pero ella tenía en los ojos una mirada que yo conocía bien, una mirada de resolución que no admitía discusión alguna. A fin de cuentas ése fue uno de los rasgos que hicieron que me enamorase de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pégate a mi y ten cuidado con ese cuchillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí la puerta con cuidado. Nunca el chirrido de unos goznes me había parecido tan tétrico. No había nadie en el rellano. La puerta del tercero D estaba cerrada a cal y canto, tal y como yo la había dejado para evitarme futuros problemas. Las voces provenían del portal, eran varias personas que discutían sobre algo. Volví a asegurarme de que el seguro del arma estaba puesto y la guardé en la parte de atrás del pantalón, debajo de la camiseta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos las escaleras despacio. Tratando de escuchar el tema de la discusión antes de llegar al portal. Cuando llegamos al rellano del primer piso vimos algunas puertas abiertas y el interior de las casas estaba revuelto. Todo quedó claro en mi cabeza súbitamente, se estaban marchando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portal parecía el escenario de una carnicería, con sangre seca y negruzca por todas partes. En un rincón, sobre un charco pegajoso, yacían dos cuerpos cubiertos por sábanas sucias de sangre. Nadie debería tener un final así, pensé. La discusión cesó cuando me vieron llegar. Saludé torpemente y comprobé que todos los vecinos que quedaban estaban allí. Un total de 16 personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nos marchamos -me dijo mi vecino el ecuatoriano.- Vamos a ir a Toledo. Nos quedan un par de sitios en el coche, si nos apretamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero en la tele han dicho que no salgamos... -interrumpió Helena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no me pienso quedar aquí.-se hizo entender la chica del cuarto, la ucraniana mientras terminaba de empaquetar sus cosas. Su novio y ella se encararon y comenzaron a discutir, me pareció que por el tamaño de las maletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es seguro salir ahora.-contesté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sea como sea nos vamos. ¿Y vosotros?- me preguntó de nuevo mi vecino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a Helena y ella negó con la cabeza. No se si fue la decisión mas adecuada, pero la tomamos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nosotros no vamos. No es seguro. -cogí la mano de Helena y retrocedí hasta la escalera.-Tened cuidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde allí vimos como poco a poco abandonaban el portal y se adentraban en lo desconocido. Me embargó una sensación de soledad y de angustia y temí haberme equivocado. La cálida presencia de Helena a mi lado me sacó de aquellos pensamientos. Me aseguré de que la puerta del portal quedaba bien cerrada y volvimos a subir a nuestro piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué va a pasar ahora?- me inquirió ella cuando cerramos la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe que responder. Mi mente trataba de anticipar respuestas, pero estaba bloqueada por la sangre y el horror que habíamos vivido aquella noche. La atraje contra mi cuerpo y nos quedamos en abrazados en silencio junto a la puerta. Escuchamos el ruido de los vehículos a lo lejos, las sirenas seguían sonando y a veces se escuchaba algún grito. Y de pronto se hizo la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helena gritó y yo di un respingo sobresaltado. Aún estábamos en la entrada, junto al cajetín eléctrico. Comprobé los plomos y probé a subir y bajar los fusibles sin resultado. Era un apagón, lo cual complicaba aún más nuestra situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanteando la pared y procurando no tropezar con los gatos, que ajenos a todo seguían jugando como si nada, llegamos al salón. Encendí una vela tras un par de intentos. La habitación quedó iluminada con un resplandor anaranjado y cálido. Las sombras se alargaban y encogían al ritmo que marcaba la llama. Nos encogimos en el sofá y comprobé nuestra provisión de velas y cerillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pon la radio del mp3, tiene batería de sobra.-me pidió Helena. Asentí y lo cogí de la estantería. Puse el volumen todo lo bajo que pude para tratar de que la batería durase todo lo posible. La voz de un periodista rompió nuestro silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-...continúan los ataques. Nos acaba de llegar otro informe de emergencias. El hospital de campaña instalado en Plaza de España ha sido atacado, aún no hay datos oficiales, pero parece que ha caído. Repetimos, no vayan al hospital de Plaza de España. Pueden dirigirse al hospital de campaña de Príncipe Pío... esperen... me acaba de llegar un fax. Oh, Dios mío... No se dirijan a Príncipe Pío, aquello es... están todos... oh Dios...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cambié de emisora, como si el hecho de cambiarla significara borrar de mi mente lo que acababa de escuchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-... y Amsterdam ya han sido evacuadas. El gobierno italiano de Berlusconi ha declarado la ley marcial y el cierre de fronteras. Un informe de última hora desde nuestra corresponsal en Londres indica que el gobierno británico ha decidido cerrar su espacio aéreo en un intento de aislarse de la epidemia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el caos, en todas las emisoras los informes hablaban de centenares, de miles de muertos y cada hora que pasaba eran más las ciudades que iniciaban evacuaciones de emergencia y los gobiernos que declaraban la ley marcial. La radio confirmó lo que era ya una realidad cierta para nosotros. Los muertos estaban regresando para atacar a los vivos y cada persona que abatían se levantaba como uno de ellos. Era una marea imparable, un enemigo implacable contra el que nadie estaba preparado. Ningún gobierno tenía planes de contingencia para una situación como esta porque no cabía en la cabeza de nadie que pudiese ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos varias horas junto a la radio, a oscuras para ahorrar velas. Barcelona, A Coruña, Sevilla, Valencia y por último Madrid, las grandes ciudades fueron cayendo. Impotentes, junto a la radio comenzamos a dudar de nuestra decisión de quedarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A eso de las 4 de la madrugada Helena se quedó dormida de puro agotamiento en el sofá. A pesar de ser verano estaba tiritando. La arropé con una manta ligera y me senté a su lado. Poco a poco el cansancio me venció y las voces de la radio, con los informes de las ciudades que iban cayendo y los censos de víctimas se fueron apagando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté sobresaltado con la imagen de unos ojos dementes y extraviados aún en la retina. La radio sólo emitía estática. Probé varios canales pero ninguno de ellos emitía nada. Estaba amaneciendo y la luz de la mañana se filtraba entre los huecos de la persiana. Un súbito ronroneo comenzó en la distancia y fue creciendo, hasta convertirse en un estruendo. La casa tembló y Helena se despertó con los ojos llenos de legañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué pasa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Son tanques Helena, estamos salvados.-Exclamé. Aquello fue una afirmación demasiado optimista...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-1241994281256950325?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/1241994281256950325/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-5.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1241994281256950325'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1241994281256950325'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-5.html' title='Capítulo 5.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-6725106479782215976</id><published>2008-11-20T20:54:00.002+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:18.040+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 4</title><content type='html'>&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Iluminado por un coro de flashes provenientes de las cámaras de los fotógrafos, el ministro se colocó en la tribuna de prensa con rostro preocupado. El primer plano no dejaba duda alguna, su rostro estaba cetrino y apretaba los labios en un esfuerzo porque el resto de las emociones, que sin duda lo embargaban, no asomaran a la superficie. Pero todos sabíamos que su frialdad era fingida y que algo serio estaba ocurriendo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-A lo largo de la tarde de hoy, se han venido produciendo en numerosas ciudades altercados e incidentes violentos de gravedad que estamos aún investigando. -hizo una pausa para coger impulso.- Dichos incidentes no se limitan a la geografía española, sino que se están produciendo a escala global, en todas partes del mundo y con muchísima intensidad. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Contuve el aliento. No era algo local, ni siquiera era algo nacional, realmente el mundo, el planeta entero, se estaba volviendo loco. Miré el teléfono que seguía sin línea y deseé poder llamar a mis padres. Imaginé que Helena se sentía igual que yo, preocupada por su familia. La abracé con fuerza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Estarán bien... seguro. – dije, intentando calmarla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Ella asintió con desgana. En la televisión el ministro del interior seguía con su intervención.  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Los informes que maneja el ministerio de interior, proporcionados por los servicios de inteligencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, indican que parte de la población se está viendo afectada por algún tipo de violencia demente que les impulsa a atacar a sus semejantes. Por el momento desconocemos el origen de esta patología histérica y las causas de la misma se están investigando. Actualmente, la cifras que manejamos son de unos 3400 fallecidos y más de 20000 heridos, pero no disponemos de datos completamente actualizados.-la sala enmudeció. Helena se tapó la boca con las manos y yo maldije en voz alta. - Podrían ser muchas más. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;El ministro hizo un gesto con la mano para abrir el turno de preguntas. Los flashes barrieron de nuevo la escena, inmortalizando el principio del fin, o al menos su versión oficial. Yo trataba de imaginar la cifra en mi cabeza, la magnitud de esto ya superaba con mucho a la de los atentados del 11 de Marzo, incluso a los del 11 de Septiembre...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Y los casos de canibalismo? - Preguntó a bocajarro un reportero. La sala quedó nuevamente en silencio para captar la respuesta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-En algunas de las informaciones que barajamos se recogen testimonios en los que se mencionan hechos... de esa naturaleza. Pero no podemos confirmar ni descartar ese punto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Se baraja la hipótesis de un acto terrorista? -arremetió un reportero de El Mundo.  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Quién es ese idiota? - pregunté en voz alta.- ¿Terroristas? No tienen ni puta idea. Lo de ahí abajo no son terroristas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Pero José, cielo, podría ser un gas o algo en el agua...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿A escala global?-interrumpí.- No, cariño, esto es más grande de lo que nadie puede abarcar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Volvimos a mirar la televisión, intentando sacar algo en claro.  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-En la prensa y en diversas fuentes de la red se habla de que personas fallecidas han sido avistadas en estos disturbios atacando a la población. ¿Puede desmentir esto?- el reportero de La Sexta había lanzado la bomba. Normalmente me hubiera reído a carcajadas de aquello. Pero no aquella noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Se hizo el silencio en la sala de prensa. El ministro se giró, consultó con dos asesores militares, uno de ellos un general de división del ejército de tierra y carraspeando se dirigió a nosotros con la voz entrecortada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No puedo desmentirlo.- Aquello hizo que abriéramos os ojos de par en par.  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;A partir de este momento no se diría nunca mas aquello de “¿Dónde estabas durante la final de la Eurocopa?” o el “¿Dónde estabas durante el 11-S?”. A partir de este momento, todo el mundo haría referencia al día en que los muertos se alzaron para devorar a los vivos. Era como una mala película de serie B. Era como aquellas citas apocalíptica: Los muertos alzándose y el fin del mundo. Me dieron arcadas, se me secó la boca y comprobé que Helena negaba con la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;En la televisión el ministro del interior se retiraba y dejaba paso a la ministra de defensa.  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Debido a los graves incidentes que se han desarrollado y que se están desarrollando y en previsión de que continúen en un plazo de tiempo indeterminado, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado se están movilizando para tratar de atajar la violencia y re-instaurar el orden lo antes posible. Para ello, y tras una reunión urgente del gabinete de crisis, el gobierno ha decidido declarar el estado de emergencia en todas las autonomías y movilizar a todos los militares en la reserva, que deberán presentarse lo antes posible en las delegaciones de defensa de su ciudad o en el cuartel militar mas próximo. Las autoridades competentes, así como los responsables de protección civil han elaborado un documento con los principales puntos que deben seguir para su propia seguridad. Los siguientes consejos son para su protección, les ruego tomen nota de todo.- yo corrí a por un bolígrafo y un cuaderno.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-No viajen ni salgan de casa si no es estrictamente necesario. Si están heridos o necesitan asistencia médica no acudan a los hospitales principales de sus localidades, acudan a los centros de salud o a los hospitales de campaña de protección civil que se están instalando en estos momentos. No viajen solos si pueden evitarlo. Si observan alguna persona con comportamiento errático o violento, aléjense lo más posible. No traten bajo ninguna circunstancia de detenerlos o hacerles frente. Busquen un sitio seguro y quédense allí hasta que llegue ayuda. Llenen algunos recipientes con agua y tengan a mano linternas y pilas de recambio, pueden producirse cortes de suministro. Si alguno de sus familiares presenta estos síntomas: fiebre alta, desorientación, sequedad de boca, dilatación de las pupilas, o ha entrado en contacto con alguna persona que presente en estos síntomas, deben aislarlo y mantenerlo en cuarentena...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Yo copiaba a toda velocidad mientras mi mente daba vueltas. Las medidas que se estaban dando eran muy similares a las que se daban en una situación de guerra. No podía terminar de creerlo, pensaba a toda velocidad mientras trataba de copiar todo lo que la ministra decía. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;La rueda de prensa acabó de pronto, con un montón de policías y de guardaespaldas sacando de la sala a los altos cargos. Hubo gritos empujones y se cortó la emisión. Durante unos segundos vimos un plató donde algunos reporteros miraban tan inquietados como nosotros sus monitores. Después entraron en antena disculpándose y prometiendo mas noticias en cuanto las tuvieran. A partir de ahí la televisión se convirtió en un circo en el que diversas fuentes informaban y desinformaban por igual. Todas las cadenas llevaron supuestos expertos de todo tipo, virólogos, ufólogos, hasta sacerdotes expertos en exorcismos... tratando arrojar alguna luz sobre lo que estaba pasando. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Pero nadie tenía la más remota idea.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Por qué no coges el portátil y tratas de conectar con tu hermano, con Belén o Marina?- propuse. Helena asintió y trató varias veces de conectar, pero siempre recibía errores de conexión. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Nos sentíamos cada vez más solos y asustados. Yo intentaba mantenerme ocupado y prepararme para una larga noche. Reuní velas, cerillas, linternas, pilas, y llené un par de cubos con agua. Los gatos miraban aquella colección de objetos extrañados y juguetones. Por último revisé la pistola. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-¿Crees que necesitaremos eso? -me preguntó Helena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;-Espero que no, cielo... -contesté.  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;Mi voz pareció quedar suspendida en el aire unos segundos, cuando se escucharon nuevamente voces y golpes en la escalera...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-6725106479782215976?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/6725106479782215976/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-4.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/6725106479782215976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/6725106479782215976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-4.html' title='Capítulo 4'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-1972719176902138698</id><published>2008-11-14T08:56:00.005+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:15.780+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 3.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El portal resonaba con el eco de una acalorada discusión en alguno de los pisos de arriba. Grité varias veces pidiendo ayuda, pero con aquel escándalo era difícil que nadie me oyera. Mientras yo trataba de poner lo mas cómodo posible al policía herido, Helena subió apresuradamente las escaleras. Al poco tiempo las voces cesaron y fueron reemplazadas por el estruendo de muchas personas bajando a trompicones las escaleras. El primero en aparecer fue el otro agente de policía. Corrió hacia nosotros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;-¡¿Qué coño le ha pasado?!- gritó mientras se inclinaba sobre él. -¡Jorge!¡Vamos Jorge háblame!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Jorge, que así se llamaba el herido, no contestó. Estaba pálido, sudoroso y ardía de fiebre. Empeoraba por momentos y  supe que si no conseguíamos evacuarle lo antes posible, moriría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Le han mordido... -mascullé entre dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué le han qué?-me increpó como si no se lo creyese. Me costó escucharle, porque en el portal y en la escalera se había reunido un enorme corrillo de vecinos curiosos. Aquello no dejaba de ser ridículamente pintoresco. Con vecinos de ocho nacionalidades diferentes a voz en grito, en medio de todo aquello. Me hubiera reído si no fuera porque aún guardaba en mi retina la mirada del sanitario al que sin duda acababa de matar, aquellos ojos inyectados de odio. Si, lo había matado. Había sido defensa propia, pero eso no cambiaba como me sentía. El grito del policía sano me hizo volver a la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Se quieren callar, cojones! - pero la gente no se calló. Todos querían saber qué pasaba, por qué no funcionaba el teléfono y algunas cadenas de televisión mostraban la carta de ajuste. Querían saber qué eran los disparos, las explosiones y los gritos. Y no comprendían que aquel pobre agente posiblemente no supiera más de lo que sabíamos nosotros mismos. Al final, el policía se incorporó y avanzó hacia ellos desafiante, echando mano a su arma.- Al que no se calle juro por Dios que le pego dos tiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nivel de ruido bajó y por primera vez pude escuchar los estertores en la respiración de Jorge. Traté de encontrar el pulso pero era muy débil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Agente, su compañero se muere, tenemos que llevarlo a urgencias ya...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Usted se calla también! - me gritó. -Apártese de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alejé un par de pasos y busqué a Helena. Ella estaba en la escalera, sin poder moverse debido a la aglomeración de vecinos curiosos. El agente sano echó un ojo a las heridas de su compañero y trató de hablarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos Jorge, tío, arriba. - Pero Jorge seguía inconsciente. Revisó el torniquete y miró la hora que yo había apuntado en el brazo. Desenganchó el transmisor de su cinturón y llamó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Zeta-Cinco a central, cambio. -Por el altavoz se escuchaba estática y gritos provenientes de otras llamadas.- Aquí Zeta-Cinco, tengo un agente herido en el 21 de Fuentebella, es muy urgente. Necesito un 10-38 ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron unos instantes angustiosos sin que ocurriera nada, cuando el agente se disponía a repetir la llamada, la radio pareció cobrar vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Zeta-Cinco, aquí central - la voz de la radio sonaba entrecortada y con mucho ruido de fondo.- Esto es un 10-45. Repito, esto es un 10-45, llamada general a todos los agentes, vuelvan inmediatamente a la central. Corto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Me cago en todo! -exclamó airado- ¡Acabo de decirle que tengo un compañero herido! ¡Yo no voy a ninguna parte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no consiguió una nueva comunicación. Uno de los vecinos, un hombre de unos treinta y pocos que vivía en el primero se encaró con el policía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué es eso del 10-45? ¿Y de que todos vuelvan? ¿Piensan dejarnos aquí tirados? - un coro de voces se unió a aquellas preguntas y de nuevo todos comenzaron a gritar. La poca paciencia del agente se agotó de golpe y agarró por la pechera a mi vecino. Se montó una trifulca en la escalera y yo temí que alguien golpeara o derribara a Helena, pero ella se había conseguido apartar hasta el descansillo. Ninguno de ellos, ninguno menos yo, se dio cuenta de que Jorge, el policía herido, agonizaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su respiración se aceleró cada vez más y comenzó a convulsionarse. Lo sujeté como pude y trate de abrirle la boca para darle algo que morder. Pero en ese momento se incorporó con un grito que me hizo caer hacia atrás. Se hizo el silencio en el portal y todas las miradas se posaron sobre él. Se levantó torpemente, con la mirada perdida y arrastrando los pies, caminó despacio hacia su compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Jorge? -preguntó el otro policía. Yo retrocedí instintivamente, alejándome de él todo lo posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se acerque, no se acerque... -susurré tratando de no llamar su atención. Aquello se estaba repitiendo otra vez. Yo no podía quedarme quieto, viendo como todo ocurría de nuevo. Así que traté de levantarme. Mientras tanto el policía sano, sin hacerme el menor caso, se había acercado lo suficiente para auxiliar al herido. Pero algo lo retuvo. La expresión de su rostro cambió en una fracción de segundo e intentó zafarse en el último momento dando un salto atrás. Eso tal vez le salvó la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel cadáver andante trató de agarrarle mientras abría y cerraba la mandíbula, mordiendo como un animal salvaje. Los dos policías forcejearon y cayeron al suelo mientras que los vecinos chillaban de terror, yo traté de sujetar al que antes era Jorge pero la pelea era tan feroz que no sabía por donde cogerlo. Los tres luchamos en el suelo durante unos instantes. Todo acabó en un momento. Cuando el policía sano consiguió ponerse encima y sujetar con su peso al herido, que seguía abriendo y cerrando la boca intentando mordernos desesperadamente. Sacó la pistola y usando la culata como un martillo, golpeó varias veces la cabeza de su compañero caído, hasta convertirla en una pulpa sanguinolenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo trataba de contener las arcadas y una señora mayor del segundo se desmayó. El resto de vecinos, por una vez, estaban en completo silencio con los ojos muy fijos en la horrible escena que se acababa de desarrollar frente a ellos. Cubierto de sangre de pies a cabeza, el policía se incorporó y miró los restos en el suelo. Se puso el cañón de su propia pistola bajo la barbilla y disparó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Media hora mas tarde, bajo el agua caliente de la ducha, me permití llorar. No sabía si por rabia, miedo o simple agotamiento. Me froté bien para quitarme toda la sangre del cuerpo, me froté hasta que mi piel enrojeció. Cuando salí de la ducha el hombre que me miraba desde el otro lado del espejo tenía la mirada perdida y unos diez años más que yo. Pero en realidad, éramos la misma persona. Traté de asimilar todo lo que estaba ocurriendo y de mantenerme sereno. Ahora, más que nunca debía tener la cabeza fría. Volví a vestirme y me dirigí al salón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helena se había duchado primero y me esperaba en el sofá. La televisión estaba encendida y los gatos correteaban nerviosos de un lado para otro. El arma del policía que se había suicidado se encontraba sobre la mesa, apartada de todo lo demás. Si no fuera por ella, hubiera parecido una noche normal y corriente. Yo hubiera preguntado acerca de la cena y luego nos habríamos sentado a ver una película de DVD o a leer un rato. Pero aquella no era una noche normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos bajado las persianas para evitar escuchar los gritos, los cristales rotos y los ocasionales disparos, pero aún se escuchaban, amortiguados en la lejanía. Las sirenas hacía tiempo que habían dejado de sonar. En la televisión, el ministro del interior comparecía en una rueda de prensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está en todas las cadenas.-dijo Helena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué está pasando?-pregunté mas para mí que para ella. No respondió, me cogió la mano y juntos nos sentamos a ver el parte.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-1972719176902138698?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/1972719176902138698/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-3.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1972719176902138698'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1972719176902138698'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-3.html' title='Capítulo 3.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-1985381434460906191</id><published>2008-11-10T23:20:00.003+01:00</published><updated>2010-10-21T09:17:10.921+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 2.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco a poco, mientras el tiempo y todos los presentes quedábamos estupefactos, la mujer bajó de la camilla y echó a andar hacia nosotros, con la vía aún enganchada en el brazo y arrastrando el gotero por el suelo. Uno de los sanitaros reaccionó de golpe avalanzándose sobre ella para volver a tumbarla en la camilla. El otro se había quedado literalmente congelado junto a la puerta de ambulancia con los ojos abiertos de par en par.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Por Dios señora, no se levante!- dijo el sanitario mientras se acercaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras todos jurábamos y perjurábamos que hace unos segundos la habíamos visto morir, la pobre mujer agarró al médico de los hombros y lo atrajo hacia sí en un abrazo mortal. Cuando ella le mordió en la cara, arrancando parte del labio superior y dejando la dentadura a la vista, fue cuando se rompió el hechizo que nos mantenía allí, atónitos, sin poder hacer otra cosa mas que permanecer paralizados, con los ojos abiertos. La gente, todos aquellos mirones morbosos, comenzaron a gritar y correr horrorizados en todas direcciones. Se desató el horror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiré con fuerza de la mano de Helena y traté de llevarla conmigo, buscando la seguridad del portal. Pero ella estaba en shock, repitiendo una y otra vez:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Le ha arrancado la cara! ¡Por Dios, José, le ha arrancado la cara!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La zarandeé con violencia tratando de hacer que volviera en si. Los disparos del agente que nos había llevado hasta allí parecieron despertarla. Dos, tres y hasta cuatro detonaciones resonaron en nuestros oídos amplificadas por el eco de la plaza donde estábamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡He dicho alto, joder!- el policía empuñaba el arma con fuerza, como un naúfrago que se aferra a un salvavidas. Había disparado varias veces al aire, pero en su mirada se veía que ahora iba en serio. Apuntó a la señora y volvió a gritar. - ¡Que se pare, hostias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la mujer hizo caso omiso y siguió avanzando hacia él con los brazos extendidos y la mirada perdida, mientras la sangre fresca del sanitario, que yacía desparramado junto a la camilla, le resbalaba aún por la barbilla. El policía volvió a disparar y la mujer se tambaleó cuando el proyectil la alcanzó en el hombro, pero no se detuvo. Aulló de manera lastimera y siguió avanzando, casi imperturbable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres disparos más la alcanzaron y cayó sentada al suelo. Miró hacia el agente que seguía gritando como un poseso y sin inmutarse lo mas mínimo, se volvió a levantar. Un último disparo impactó bajo la cuenca del ojo izquierdo de la mujer, reventando la parte de atrás de su cráneo y esparciendo una nube de sesos y pedazos de hueso tras ella. Y por fin, cayó inerte como un muñeco de trapo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El policía, se acercó hacia donde estábamos Helena y yo. Yo estaba en una especie de trance, tratando de asimiliar lo que estaba ocurriendo. El agente llegó hasta nosotros con la pistola humeante aún en la mano, sus ojos me dieron miedo y por un momento temí que nos fuese a disparar también a nosotros, pero no lo hizo. Me cogió de los hombros y comenzó a gritar. Su saliva caliente me salpicó la cara y me llegó el olor a cordita y pólvora del cañón del arma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡He tenido que hacerlo! ¡Usted lo ha visto! ¡He tenido que hacerlo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asentí como pude e intenté zafarme de él, mas asustado que otra cosa, pero me tenía agarrado con mucha fuerza. Y súbitamente aulló de dolor y cayó de rodillas. Al caer me arrastró con él y quedamos enmarañados en el suelo. Entoncé lo ví, aunque no podía creerlo. El sanitario herido, de alguna manera, había reptado hasta él, y le estaba mordiendo con fuerza en la pierna derecha, a la altura del gemelo. En su rostro, en sus ojos, pude ver la misma expresión que en los de la mujer. El policía pateó con fuerza y aquella cosa le soltó un momento, llevando en su boca un buen trozo de pierna. La sangre me salpicó, pero no fuí capaz de moverme, no podía reaccionar, ni apartar la mirada de aquella cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El policía se incorporó como pudo y trató de correr, pero la pierna herida le falló y cayó al suelo unos metros más adelante gritando de dolor. Yo seguía hipnotizado por aquellos ojos vacíos que tenían su mirada fija en mi. De pronto intentó cogerme las piernas. Un grito de Helena me hizo reaccionar y pataleé con fuerza mientras trataba de darme la vuelta para correr. Helena tiraba de mis manos para levantarme mientras lloraba y gritaba de terror. Yo seguí pateando en  un esfuerzo por liberarme de aquella cosa. Una de mis patadas alcanzó en su cara y sonó un crujido. El tipo quedó tendido en el suelo, inmóvil y con la cabeza en un ángulo antinatural, convulsionado por extraños espasmos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi corazón parecía querer salirse del pecho y me costaba respirar. Me incorporé con ayuda de Helena y juntos llegamos hasta el portal. Busqué las llaves en mi bolsillo pero las manos me temblaban tanto que no era capaz de sacarlas. Por el rabillo del ojo ví como el otro sanitario, que había permanecido paralizado junto a la ambulancia todo este tiempo, montaba en ella y salía disparado hacia la Calle Real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No llegó muy lejos. Con un ruido terrible de cristales y aluminio retorciéndose, se estrelló de frente contra un Renault rojo que circulaba en sentido contrario. El sonido de aquel accidente se unió al estruendo de alarmas de coche en la distancia, gritos y cristales rotos que parecían surgir de todas partes. La gente corría por la calle y creí escuchar en la lejanía más disparos e incluso el sonido de una explosión. Era como si el mundo se hubiera vuelto loco en los últimos 5 minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lancé un grito de impotencia y de un tirón saqué las llaves de mi bolsillo esparciendo toda la calderilla que llevaba por la entrada del portal. Intenté meter la llave en la cerradura pero fuí incapaz. Golpeé la puerta y volví a intentarlo sin éxito. Helena a mi lado lloraba en silencio. Al ver el temblor de mis manos reaccioné un poco y supe que me estaba comportando de un modo irracional. Traté de relajar mi respiración, e inspiré profundamente. Abrí la puerta e hice entar a Helena en el portal casi arrastrándola. Me disponía a entrar yo también cuando escuché los gritos del policía herido en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué haces? - me preguntó Helena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenemos que ayudarlo.- contesté. Me costó reconocer mi propia voz. -Sujeta la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué hasta donde estaba y traté de ver la herida. El policía no dejaba de gritar y de moverse. Hasta que lo zarandeé con fuerza y le grite que estuviera quieto. Eso lo hizo calmarse y pareció caer en un estado catatónico. La sangre brotaba a borbotones con mucha fuerza y pensé que aquella herida había seccionado una arteria. Le faltaba literalmente un trozo de pierna bajo la rodilla y se veía el hueso, astillado por el mordisco. Venciendo a las náuseas me quité el cinturón y le hice un torniquete en la pierna. Apretándolo todo lo que pude. Busqué un bolígrafo entre sus cosas y le apunté en el brazo la hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de un megáfono se impuso a todo lo demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Les habla la policía! Esto es una situación de emergencia, vuelvan a sus casas. No se queden en la calle. Repetimos. Esto es una situación de emergencia, no salgan de sus casas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ví el coche patrulla cruzar por el bulevar, a lo lejos y me incorporé para hacerles señas, pero pasaron de largo repitiendo otra vez el mensaje. Estaba seguro de que me habían visto. Lancé varias maldiciones y blasfemias y traté de levantar al policía para llevarlo hasta el portal. Pero pesaba demasiado. Helena apareció a mi lado. Había conseguido trabar la puerta y había venido a ayudarme. Cogí al herido bajo las axilas y ella le sujetó las piernas y como pudimos lo llevamos hasta el portal. Allí lo soltamos y pude respirar de alivio. Miré a Helena y traté de sonreirle, pero no fuí capaz. Ella me rozó la cara con ternura y yo la abracé con fuerza. Al menos cuando todo se derrumbaba, ella seguía estando a mi lado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-1985381434460906191?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/1985381434460906191/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-2.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1985381434460906191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/1985381434460906191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-2.html' title='Capítulo 2.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4899447273739440353.post-5552568476344413355</id><published>2008-11-07T21:44:00.006+01:00</published><updated>2010-10-21T09:16:38.102+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='capitulos'/><title type='text'>Capítulo 1.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Serían las 11 de la noche mas o menos cuando sonó el timbre. Sonó como con prisa, con urgencia, si es que los timbres pueden sonar de esa manera. Helena y yo nos miramos desconcertados y ella mostró una expresión preocupada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté con cuidado y quité el volumen de la televisión. Se escuchaban gritos de angustia en el descansillo de la escalera. Aunque no entendí  con exactitud lo que decían, procedían sin duda de una mujer, y parecía asustada. Era un verano especialmente caluroso y no llevaba camiseta. Me levanté y me enfundé una con prisa mientras Helena se levantaba del sofá preguntándome qué pasaba. Le hice un gesto con la mano para que guardase silencio y me acerqué a la puerta despacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El timbre volvió a sonar de repente. Pegué un respingo del susto y me apoyé contra la pared. Helena se acercó a mí y le pedí que esperara donde estaba. Los gatos corrían inquietos entre mis piernas. Miré por la mirilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El descansillo, un pequeño rellano con 4 puertas, estaba mal iluminado por una bombilla que parpadeaba de manera errática, dándo a toda la escena un aspecto decadente y macabro que consiguió que se me erizara el cabello. La puerta de enfrente (la que corresponde a la letra D) estaba abierta, y una mujer cincuentona, ataviada con uno de esos vestidos de verano y zapatillas de felpa corría de una puerta a otra aporreando los timbres mientras balbuceaba algo en un idioma que llegué a identificar como de Europa del este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta de al lado, la correspondiente a la letra A se abrió de golpe y apareció otro vecino, un ecuatoriano al que conocía de vista de alguna reunión de vecinos para tratar temas de la comunidad. Suspiré  mientras Helena me preguntaba de manera insistente que pasaba. Irritado, le pedí que guardara silencio un momento y abrí la puerta con cautela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vecino intentaba calmar a la señora mientras esta gesticulaba tratando de indicarle algo. Saludé torpemente. Entonces fué cuando reparé en que la señora estaba manchada de sangre por todas partes, las manos, la ropa, el pelo... y comencé a asustarme de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No la entiendo bien, dice algo de su esposo.- me comentó el hombre con aspecto preocupado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me asomé un segundo dentro de casa y le dije a Helena que había algún problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tranquila, cierra la puerta  para que no salgan los gatos, ahora vengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Helena no se quedó tranquila. Noté su presencia tras la puerta, mirando por la mirilla mientras yo me acercaba a la señora para calmarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que dice algo de su marido.-repitió él.- ¿Está dentro su marido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo subió la voz hasta casi gritar, como si la señora fuera a comprender mejor nuestro idioma si él hablaba mas alto. La mujer comenzaba a estar histérica. Señalé dentro de la casa y me encogí de hombros. Ella asintió y comenzó a gritar de manera incoherente y repetitiva.&lt;br /&gt;Me acerqué a la puerta y la mujer señaló dentro llorando y gritando mientras mi vecino trataba de calmarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mirar detenidamente pude ver restos de sangre en el suelo. Tragué saliva y por mi mente cruzaron todo tipo de ideas macabras y truculentas. Me quedé un momento paralizado y tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para cruzar aquel umbral. Arrastrando un poco los pies entré en aquella casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas había mobiliario y la mayoría del que podía ver procedía del catálogo del Ikea. La casa era igual que la mía, pero invertida, como en un espejo, así que me sentí un poco desorientado al principio. Mis pasos me condujeron rápidamente hacia el dormitorio principal. En el salón, una televisión de plasma retransmitía por satélite algún noticiario desde muy lejos. No entendí nada de lo que decían, pero me quedé eclipsado durante unos instantes. Sacudí la cabeza para espabilarme y me olvidé de aquella televisión de plasma. Paso a paso me acerqué hasta el dormitorio. No estaba preparado para lo que vi allí. No así, tan de golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la cama yacía tendido boca arriba y con los brazos en cruz un hombre de unos cincuenta y pocos años, medio calvo y algo grueso. Su cabeza mostraba un terrible golpe que parecía reciente, y que había deformado los huesos del cráneo como una abolladura en el capó de un coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre llevaba una camiseta de tirantes que debió ser blanca en algún momento y un pantalón de chandal que debió ser azul. Digo que debió serlo en algún momento, porque la sangre que había por todas partes había teñido los colores a una especie de negro o violeta oscuro. Y aquel olor... si tan sólo pudiera olvidar aquel olor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El charco que había bajo él, de cintura para abajo, parecía indicar que se estaba desangrando (si es que no lo había hecho ya) por el ano. El tipo tenía una mano vendada, que goteaba el sangre roja y viscosa sobre la alfombra. Una lámpara de noche, en el suelo y manchada de sangre como todo lo demás iluminaba en un extraño ángulo la escena, dándole un toque fantasmagórico a todo. Parecía el escenario de una lucha macabra y encarnizada. Y la lámpara, me decía el instinto, había causado ese golpe en la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquél hombre estaba muerto. No respiraba, de eso no cabía ninguna duda. No me atreví a tocarlo para comprobar el pulso, no sé si por vergüenza, miedo o asco. Las náuseas se apoderaron de mi súbitamente. Salí al cuarto de baño, justo frente al dormitorio y me enjuagué la boca con agua fresca, bebiendo directamente del grifo.  Traté de mantenerme sereno, salí de aquel lugar maldito y busqué un teléfono procurando no tocar nada. Marqué el 112, de emergencias y esperé un par de tonos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez minutos más tarde la policía había llegado al portal con una patrulla del SUMA. Un pequeño grupo de vecinos se había congregado en el descansillo y parloteaban de manera incesante. Parecían cuervos, atraídos por el morbo de la muerte, que graznaban incoherencias sin tener ni la mas remota idea de lo que de verdad habia dentro de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helena había salido fuera a echar un vistazo y me abrazaba, sabía que lo que había visto dentro me estaba afectando, pero no dijo nada. Se quedó allí en silencio, junto a mi, de esa manera que saben hacer las mujeres. Yo trataba de impedir que nadie más entrase en el piso de la vecina y moviera o tocara la escena. Estaba seguro de que dentro se había cometido un crimen. Se me escapaba la razón, el móvil de todo, pero estaba claro de que aquella habitación era el escenario de un terrible crimen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sanitarios del SUMA cogieron a la mujer que parecía venirse abajo por momentos y la bajaron con cuidado a la ambulancia. Uno de ellos comentó que estaba siendo una noche de locos, que aquella era su décima salida. No supe si aquello era mucho o poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos policías, dos chicos de mi edad, con cara de aburridos trataron de poner orden al guirigay y cacofónico sonido de varias personas hablando en varios idiomas a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El marido de la señora -dije a uno de ellos acercándome.- está dentro, creo que lo han asesinado, hay mucha sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Usted lo ha visto?.- me preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, sólo he entrado yo, no he tocado nada.-el tipo me miraba con escepticismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y quién es usted? - me preguntó con cierto aire acusador que hizo que pusiera a la defensiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vivo enfrente, la señora llamó a mi puerta gritando, y señalaba dentro del piso.- el policía aún parecía escéptico con mi testimonio, pero mi vecino, el ecuatoriano, confirmó lo que yo decía. Uno de los policías se puso unos guantes de látex y entró en el piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El cuerpo está en el dormitorio al fondo.- le grite para hacerme escuchar por encima de todas aquellas voces. El otro policía me empujo un poco para atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Usted espere aquí.- me dijo. Como si yo fuera a ir a alguna parte. - ¿Y por qué dice usted que es un asesinato? ¿Cómo lo sabe?.-Aquella pregunta destilaba un tufo acusador que me irritó y asustó por igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque estudio criminología en la Universidad de Salamanca.-Balbucí como respuesta.&lt;br /&gt;-¿Ah sí? ¿Tiene alguna documentación? - Aquello ya fue demasiado para mi y comencé a enfadarme ante las descaradas insinuaciones de aquel tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, no la llevo encima, tengo dentro el carnet de estudiante y...- hice amago de entrar y el policía me detuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, no.- me sujetó.- ¿Es ésta su esposa?- dijo refiriéndose a Helena. Yo asentí.- Que vaya ella. Usted quédese a la vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helena estaba cada vez estaba más asustada. Traté de tranquilizarla y le indiqué dónde estaba mi cartera con el carnet y el DNI.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El policía que había entrado en el piso, salió algo mas pálido hablando por radio. Helena llegó poco después y me dio mi cartera. Le enseñé el DNI y el carnet de la universidad al agente, que los inspeccionó detenidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El hombre de dentro está muerto, le dijo el policía que acababa de salir a su compañero. Voy a precintar esto y a esperar al juez. Hay un lío de cojones en la comisaría, parece que la gente no para de llamar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por?- inquirió el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Peleas y gritos en su mayoría. Será el calor del verano, que da mucha sed... ya me entiendes...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro policía asintió y me devolvió mis documentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tendrá que venir conmigo a declarar.-me dijo sin apenas mirarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Puedo vestirme un poco?- pregunté, ya que estaba en ropa de andar por casa. Asintió otra vez con desgana y yo entré con Helena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Voy contigo.- dijo ella, y comenzó vestirse de forma apresurada. Traté de convencerla de que se quedase, le comenté que era normal que me llamasen a declarar, porque yo había encontrado el cuerpo. No sirvió de nada. Se vistió y juntos salimos al descansillo otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos las escaleras mientras el grupito de vecinos me miraba con curiosidad. Cuando llegamos al portal, iluminado a ráfagas por las luces amarillas de la ambulancia escuchamos los gritos. El agente se aceleró y salimos a la carrera del portal. No se porqué seguimos al agente, pero lo hicimos. Fuera estaba sucediendo una escena caótica. Mientras un sanitario trataba de apartar a una multitud de curiosos que se apiñaban en torno a la ambulancia, el otro se afanaba en tratar de reanimar a la señora, presionando rítmicamente sobre su pecho, tumbada en una camilla y con un gotero puesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡¿Qué coño ha pasado?!-preguntó el policía mientras se acercaba a la carrera para tratar de espantar a los curiosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está en parada.-respondió el otro volviendo junto a la camilla.- Ha empezado a marearse, creíamos que era una crisis de ansiedad, pero ha empezado a escupir sangre y a tener convulsiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Joder!-Exclamó el policía.- ¡Apártense, coño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El policía, algo histérico, trataba sin éxito de mantener orden y apartar a los curiosos, en su mayoría niños, cuando la mujer lanzó un grito, un estertor que nos heló la sangre en las venas y que hizo que el equipo médico diera un salto atrás. Y se paró definitivamente. Quedó desmadejada en la camilla con el brazo del gotero colgando lánguidamente por un lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los sanitarios se acercó y trató de encontrarle el pulso. Hizo un gesto negativo y la gente comenzó a murmurar, de manera morbosa. Una niña lloraba en una esquina preguntando por su madre. Pero la madre, con un bebé en brazos, estaba absorta, hipnotizada, ante la escena que ocurría en la ambulancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los médicos se quitó los guantes, los arrojó al interior de la ambulancia y en un gesto de impotencia propinó un sonoro golpe a la puerta del vehículo. El otro sacó una manta térmica, de esas que parecen de papel de aluminio, y cubrió el cuerpo. Se acercó al policía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién mas ha estado en contacto con la señora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es contagioso o algo? -preguntó el policía asustado. Pero no era el agente el único que parecía asustado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un gesto reflejo aparté un poco a Helena de mi. Ella me miró extrañada. Yo había tocado a la señora y había entrado en el piso. Fuera lo que fuese, si era contagioso, yo había estado expuesto. Aunque tal vez ya diera todo igual, todos los que habíamos estado en el descansillo habíamos estado expuestos. Sentí un sudor frío que me recorría la espalda y busqué la mano de Helena. Ella la apretó con fuerza, sabiendo que algo muy malo pasaba. A pesar del ruido y de la gente, me sumergí en un remolino de soledad y miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de un disparo en la lejanía me sobresaltó. Los policías se pusieron en alerta y trataron de comunicarse por radio, pero de sus transmisores solo brotaba estática y gritos ininteligibles. La gente murmuraba, congregados aún alrededor de la ambulancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces ocurrió. Fue el principio del fin, como el pistoletazo de salida de todo lo que vino después. Súbitamente como impulsada por un extraño resorte, la mujer tumbada en la camilla se incorporó. La manta térmica cayó al suelo junto a la camilla y todos pudimos comprobar horrorizados su mirada perdida y su rostro contraído en una mueca tan terrible como patética.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;ZSurvivor es (c)José Manuel Palacios. 
Todos los derechos reservados.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4899447273739440353-5552568476344413355?l=zsurvivor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zsurvivor.blogspot.com/feeds/5552568476344413355/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-1.html#comment-form' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5552568476344413355'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4899447273739440353/posts/default/5552568476344413355'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zsurvivor.blogspot.com/2008/11/captulo-1.html' title='Capítulo 1.'/><author><name>José Manuel Palacios</name><uri>https://profiles.google.com/109789756674778504129</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh4.googleusercontent.com/-M1Z0s7XWdCs/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAC90/cGaiefBxDbk/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry></feed>
